Estados Unidos

Romeo y Julieta, luna de miel en Miami

Mar Sancho

miércoles, 18 de febrero de 2004
Miami, FL, miércoles, 11 de febrero de 2004. Miami-Dade County Auditorium. Charles Gounod: Romeo et Juliette (1867). Libreto de Jules Barbier y Michael Carré basado en la obra homónima de William Shakespeare. Bernard Uzan, dirección escénica. Claude Girard, escenografía y vestuario. Fernando de la Mora (Romeo), Elizabeth Vidal (Juliette), John Marcus Bindel (Frère Laurent), Aarón St. Clair Nicholson (Mercutio), André Cognet (Count Capulet), Kate Mangiameli (Stéphano), Brian Anderson (Tybalt), Susan Shafer (Gertrude), Timothy Kuhn (Grégorio), Christian Van Horn (Duque de Verona), David Giuliano (Count Pâris), Chad A. Johnson (Benvolio). Florida Grand Opera Chorus. Douglas Kinney-Frost, director del coro. Florida Grand Opera Orchestra. Steward Robertson, director musical
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La eterna historia de Romeo y Julieta volvió a acontecer una vez más. La Florida Gran Opera ofreció dentro de su temporada 2003-2004 la obra de Gounod y me empeño en pensar que su programación se produjo de una manera ajena a la proliferación de representaciones de amores y sucedáneos en torno a la azucarada festividad de San Valentín tan celebrada por el gusto americano. Sea como fuere, la puesta en escena de esta Romeo et Juliette, no en exceso popular dentro del repertorio operístico, estuvo colmada de caricias y besos entre los shakespearianos amantes que semejaron pasar, de este modo, una acalorada luna de miel en Miami. Más allá de tal abundancia de romance –a fin de cuentas la obra se presta a ello como la que más-, la versión ofrecida por la Florida Grand Opera resultó coherente salvando algunos aspectos.El principal de ellos fue la escenografía realizada por Bernard Uzan que, además de sufrir las limitaciones del espacio escénico y caer en un planteamiento profusamente clásico, resultó un tanto gris y estática, otorgando la misma apariencia de la cripta final a todos los cuadros con excepción de la frondosa segunda escena del acto primero que se desenvuelve en el jardín de ‘Juliette’. También resulto carente de movimiento la coreografía, que resultó desacertada en la exhibición circense durante el baile inicial y, más aún, en el primer encuentro amoroso de ‘Romeo’ y ‘Juliette’ durante en el que, lejos de acatar el libreto tomados de las manos, danzaron con ellas arriba un burlesco minué. Inexplicable asimismo fue la amputación de algunas escenas y personajes menores que, en el caso de no haberse tratado de una historia sobradamente conocida, hubiera impedido la comprensión del argumento.En cuanto a las voces, el tenor mexicano Fernando de la Mora, favorito en este escenario de Miami donde ya había representado a ‘Fausto’, ofreció un ‘Romeo’ consistente. El timbre de su voz y su perfil de lírico puro lo hacen oportuno para este personaje, típico en su repertorio, que afrontó con seguridad técnica apoyado en sus mejores habilidades con los graves que con los agudos. Si bien tuvo momentos algo débiles en la profundidad del escenario, su aportación general fue positiva y ciertas intervenciones sobresalientes lo llevaron a obtener el beneplácito del público. La ‘Juliette’ de Elizabeth Vidal comenzó floja pero fue mostrando un interesante progreso a lo largo de la obra que la llevó, sin llegar a deslumbrar, a destacar en varios momentos de los cuales el mejor fue sin duda el “Je vaux vivre dans le reve”. Tras los protagonistas, los trabajos más reseñables fueron los de Aaron St. Clair Nicholson como ‘Mercutio’ y Brian Anderson como ‘Tybalt’. El primero brilló en la “Balada de la reina Mab”, pieza que traza excepcionalmente la figura del barítono y que evoca el aria de ‘Valentín’ ante el duelo inevitable en el Fausto del propio Gounod. A fin de cuentas, esta identificación de personajes y pasajes musicales entre ambas óperas se produce repetidamente, y el aria de ‘Romeo’ en la escena del balcón evoca aquella otra de ‘Fausto’ en el jardín mientras que el prodigioso vals de ‘Juliette’ sugiere la “Canción de la Joya” de ‘Marguerite’. El `Count Capulet’ encarnado por André Cognet tuvo una aportación reseñable, impecable en el fraseo, y también contribuyeron de manera positiva Susan Schafer como ‘Gertrude’ y Kate Mangiameli en su breve papel como ‘Stéphano’. Más desapercibido, adecuado en la voz pero un tanto insípido en la dramatización, pasó John Marcus Bindel en el rol de ‘Frère Laurent’. La orquesta sonó oportuna a lo largo del conjunto la obra, desde los comienzos hasta el delicado fragmento que abre la última escena, compacta y precisa en todo tiempo, detenida en las descripciones y con una dirección brillante en aquellos momentos en que la partitura así lo requiere. Tan sólo estuvo fuera de lugar el artificioso sonido del órgano en la supuesta muerte de ‘Juliette’. El coro no hizo un buen papel en sus intervenciones iniciales, considerablemente desligado sobre todo en las voces femeninas, si bien se mostró más congruente tras la muerte de ‘Tybalt’ e incluso sonó solemne en su última aparición del acto segundo. En conclusión, dejó el Romeo et Juliette de Miami cosas para recordar y otras para olvidar. La más olvidable, con mucho, el telón de boca que mostraba una infiel reproducción de La Creación de la Capilla Sixtina cuya relación con la obra representada he sido incapaz de intuir aún y que espero la Florida Gran Opera olvide también para ocasiones venideras.

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