España - Madrid

Genio y figura

Raúl Martínez

miércoles, 3 de marzo de 2004
Madrid, sábado, 21 de febrero de 2004. Auditorio Nacional, Sala Sinfónica. Georg Friederich Händel, Acis y Galatea HWV 49 B (versión de 1718). Mascarada en dos actos con libreto de John Gay. Gillian Webster (Galatea), Benjamin Butterfield (Acis), Tom Allen (Damon), Alan Ewing (Polifemo), Andrew Tortise (Coridon). Les Musiciens du Louvre. Mark Minkowski, Director. 8º Ciclo Complutense de Conciertos. Ocupación 95%
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Con un cambio de programa ya anunciado unos programas anteriormente, de nuevo les Musiciens du Louvre hicieron su aparición en las sesiones complutenses. Hace dos años sembraron éxito con su Orfeo, hoy recogen frutos maduros de verdadero lujo. No ha sido extraño la elección de este nuevo título para la visita ya que, como el querido director pronuncio en un siseante inglés, la que iban a interpretar en un principio, Semele también de Händel, tiene una duración más que larga y a estas horas de la noche y en sábado, pues que no. Por otro lado, y viendo la temporada de este ciclo, ya Semele se había programado, la de Líteres, y raro hubiera sido volver a escuchar ese argumento de celos en el escenario del Auditorio Nacional. No hay excusa, solo trabajo bien realizado, y así fue como la nueva propuesta de Acis y Galatea de Händel fue la estrella de la noche.El éxito en muchas ocasiones precisamente no viene de la mano de programas conocidos, más posibilidades hay de hacerlo con los del baúl de los recuerdos o con algún rescate que otro. Aun cuando Marc Minkowski en su faceta de director es de los que hacen una especie de mix con los repertorios olvidados y los mil veces revisados, es la excepción que confirma la regla. Lo mismo da uno que otro, por ahora es garantía de un producto conforme a las leyes de calidad que el público reclama.Esta vez, el francés ha resuelto pisar el escenario con una de las más conocidas del repertorio Händeliano, la primera obra dramática que el compositor labró en inglés, y más que una ópera como una especie de forma musical inglesa muy de moda para principios del XVIII inglés, una Masque o serenata, y todo ello a pesar de encontrarse en este momento en su reciente etapa inglesa, concretamente en Cannois. Para armarse de valor historicista, Minkowski ha resuelto el estadio escénico dejando la obra en semi-stage y así encabalgada por tanto a los gustos de un posible pensamiento de Händel puesto que la obra no se sabe si se pudo representar el día de su estreno o no allá en 1718, queda atrás el antecedente en forma de cantata de 1708.Y esta es además la versión que han querido Les Musiciens semi-representar dándole un a magia especial a lo visual y dejando más vistoso el drama y por tanto mas asequible para gusto de tan noble público madrileño.Hablar de Musiciens- Minkowski en cuanto a técnica no es moco de pavo precisamente; siguen manteniendo una política de extremo cuidado en las dinámicas y ciertas características técnicas en la formación que hoy en día la hacen única. La sensación que le produce al que tiene la suerte de ver a estos en el escenario es de `profunda relajación ante la obra, una pequeña reunión entre amigos que se han unido para tocar y disfrutar de la esencia de la partitura. Esto trae consigo un acierto asombroso en un directo apabullante digno de grabación, con unas asombrosas dinámicas -filigranas de contrastes- y un juego en los planos sonoros muy adecuado al gusto musical.Jugando con el escenario, moviendose un músico u otro se lograba resaltar tanto acústicamente como visualmente al instrumentista y por tanto meter en la acción uno u otro elemento. Así Minkowski propuso a los solistas a modo de coro tras la orquesta para luego, y según fueran sus entradas dramáticas aparecer poco a poco rodeando el escenario por los dos lados, y con ellos si hiciera falta el instrumento característico que les acompañara en su escenificación; para este caso, y fruto del drama pastoril que se presentaba, la flauta de pico en dos ocasiones acompañó a los personajes resaltando su escaso volumen desde el centro del escenario.La orquesta, sirvió por tanto de nexo de unión entre todos los planos, y el director quedó un tanto en segundo plano como gusta hacer.Alejándose y acercándose, los elementos canoros iban haciendo su aparición. El tiro principal, Webster- Butterfield- Ewing tuvieron momentos más longevos en el escenario. Sin embargo, la figura de Ewing como Polifemo logró arrancar al público de sus asientos por una penetrante voz de bajo y una dicción espectacular, no dejando de lado a Acis reencarnado por Gillian Webster que fue la más técnica de la noche y con el papel mas endiablado vocalmente. De los secundarios, cabe destacar la timbrada voz de un joven Tortise, al cual se le vaticina un futuro más que espectacular.Desde el Amadigi di Gaula de 1988 con el que se abrió camino Minkowski y Les Musiciens, ha caído del cielo de todo. Pero con el envidiable genio y la figura de estas características en el panorama musical, no hay duda que la garantía de encontrar puro teatro y flexibilidad está asegurada.

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