Discos

El nuevo Albéniz

Raúl Martínez

viernes, 5 de marzo de 2004
Merlín, parte primera de la trilogía ‘King Arthur’, de Isaac Albéniz sobre libreto de Francis Burdett Money-Coutts. José de Eusebio, edición crítica. Reparto: Carlos Álvarez (Merlín), Plácido Domingo (Arturo), Jane Henschel (Morgan le Fay), Ana María Martínez (Nivian), Carlos Chausson (Arzobispo de Canterbury), Christopher Maltman (Moldred), Javier Franco (Sir Pellinore), Felipe Bou (Sir Hector de Marais), Jesús López Ferrero (Kay), Javier Roldán (Rey Lot), Ángel Rodríguez (Gawain). Orquesta Sinfónica de Madrid. Coro Nacional de España. Coro de la Comunidad de Madrid. Grupo Alfonso X el Sabio. José de Eusebio, director musical. Michael Hass, productor de grabación. Wolf-Dieter Karwatky y Reinhard Lagemann, ingenieros de sonido. Dos compactos de 136 minutos de duración grabados en el Auditorio Nacional (Madrid) entre el 22 y el 29 de Julio de 1999. Producción de Decca Music-Universal, 2000. Decca 467 096-2
Gracias a las nuevas restauraciones, búsquedas e investigaciones de la musicología española, la figura de los autores emparedados en creaciones cerradas por géneros comunes, han sido rescatados para mostrarnos colores nunca vistos antes. Este es el caso de nuestro Albéniz, encorsetado en el salonier y para algunos un mediocre sinfonismo, que ha visto rescatada su vena dramática y con el paso del tiempo completa en sumo grado. No son pocos los que, sin afán ninguno, aventuraron comentar sobre la vaga experiencia en el género operístico de nuestro insigne y hoy han visto sus tesis perdidas en el cajón del olvido; se han aportado, por tanto, nuevos documentos, datos y proyectos sobre el gracejo y la experiencia creadora en el género, y los resultados han clarificado un más que sobresaliente gusto por el buen quehacer aun cuando los medios no precisamente fueron los adecuados para el compositor.José de Eusebio se ató la manta a la cabeza, aun así reconozcamos estimables las ayudas recibidas, en un proyecto que tenía mucho viento en contra tras comentarios de la musicología conservadora sobre el bajo rango de la escena albeniciana. Conseguido, un proyecto que ya pasó por lo de novato; Decca, Grammy, versión en concierto y escenificada en el Real, y próximamente lanzamiento de la producción en DVD. Ahora, ¿acierto? No, sí un justo tributo a nuestro patrimonio que nos hacía más que falta.Unos han creído encontrar la ‘cutre-ópera’, un seudowagneriano, una copia en trozos a Strauss (¿y las fechas?), la panacea de la cantata española... Sin discusión, brillante, con fuerza romántica, una incomparable obra y un nuevo lenguaje que no había sido descubierto hasta su reedición. Bebiendo de las fuentes alemanas, Albéniz crea una fusión entre el leitmotiv wagneriano y un diatonismo anterior, una tímbrica centroeuropea pero con claros guiños al gracejo melódico español.Sin embargo, es casi de titanes el trabajo musical creado con una base dramática tan detestable. El verdadero problema no reside en el problema de Albéniz por crear ‘drama’, sino a lo que tuvo que acogerse para mostrar su mejor arte, y no es otra cosa que un libreto que roza verdaderamente el absurdo escénico; Money Coutts no pasará a la historia por su aportación literaria sino simple y llanamente por patrocinar la labor del músico bajo sus caprichos y aires monetarios. Aun así, el decoro en forma de notas, arpegios y artificios orquestales adorna todo lo que pudo haber sido y que nunca será la panacea de la lengua inglesa.Con una Sinfónica de Madrid, grandes coros -entre los cuales no existía el coro hermano de la orquesta- y la dirección del propio investigador, el trabajo ha sido una empresa que ha dejado huella para la discografía española. Sin embargo, y pese a todo esto, las voces solistas no dejaron proyectado en el documento su mejor expresión, pasan por el equipo de música del oyente en la planicie sonora más absoluta sin un atisbo de entusiasmo. Albéniz crea el no-lucimiento de voz por medio de un lenguaje incómodo casi virtuoso de comienzo a fin de la partitura, y aun así no llega el equipo de solistas a engatusar con su mejor repertorio: todo es tensión y falta de dinámicas. Aún así, aparece el Álvarez de temporada y una lucha constante entre Henschel y Martínez un tanto demasiado timbradas; la orquesta, el papel fundamental.¿Aciertos? No, sólo una deuda que por lo menos queda más o menos resuelta.

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