Ópera y Teatro musical

La zarzuela en Cuba (4): Ernesto Lecuona

Alberto Joya
miércoles, 18 de agosto de 1999
0,0002375 Ernesto Lecuona es sin duda, el compositor cubano más difundido en el mundo. Junto a Gonzalo Roig y Rodrigo Prats, forma la trilogía más importante de compositores del teatro lírico cubano y en especial la zarzuela.Ernesto Lecuona (l895-l963), es un compositor que ha hecho importantes aportes a la música del continente americano. Su amplio catálogo nos da muestra de ello. Compuso en diferentes latitudes, hacia diferentes direcciones y con un solo sentido: la sinceridad como creador. Despojado de todo prejuicio de corrientes composicionales, su música siempre respondió a la autenticidad de su sentimiento e inspiración. Posee una importante obra para piano que se destaca muy especialmente dentro del pianismo del continente americano.Su obra vocal es muy amplia, sus canciones más populares llevan casi un siglo viajando por el mundo musical internacional y en numerosas ocasiones han sido grabadas por excelentes intérpretes cubanos y extranjeros, desde sus contemporáneos Rita Montaner, Esther Borja, Iris Burguet, Miguel de Grandy, Martha Pérez, Zoraida Marrero, Hortensia Coalla hasta los más actuales como Ramón Calzadilla, Emelina López, Linda Mirabal, Alina Sánchez, por sólo citar algunos. Entre los cantantes extranjeros que han dedicado un lugar en sus grabaciones a la canción de Ernesto Lecuona cabe destacar al mexicano José Mojica, y los españoles Alfredo Kraus y Plácido Domingo. Las obras teatrales de Ernesto Lecuona recorrieron dirigidas por su autor los más importantes escenarios de Latinoamérica y España. Como antológicas pueden considerarse las grabaciones realizadas por la firma Montilla, en 1956, de las zarzuelas María la O, El Cafetal y Rosa la China, orquestadas y dirigidas por el maestro Félix Guerrero, con coros y la Orquesta de Cámara de Madrid y la participación protagónica de Dolores Pérez, Luis Sagi-Vela, Luisa de Córdoba, Natalia Lombay y Maño López. Estas grabaciones conservan su vigencia artística de tal modo, que se continuaron reproduciendo hasta nuestros días en formato de cassette y disco compacto.Lecuona poseyó siempre una capacidad especial para la realización escénica. Sus dotes de organizador sentaron huella en la silueta del espectáculo cubano. Supo explotar al máximo todos los medios que tuvo al alcance, buscando siempre la aceptación masiva. Aprovechó toda coyuntura artística para que las representaciones fueran siempre un éxito.La mayor parte de las obras teatrales de Ernesto Lecuona fueron escritas pensando en estrenos inmediatos, de acuerdo con las posibilidades de representación y con los recursos materiales disponibles. En sus dos etapas de teatro escribió obras de diferente magnitud, es decir unas de gran espectacularidad y mayores pretensiones, y otras que exigieron producciones modestas. De su primera etapa, a pesar de la aceptación popular, ninguna de las obras llegó a convertirse en un clásico. Pocas de ellas volvieron a tener puestas en escena, lo cual no estuvo determinado por su valor artístico sino por las condiciones económicas requeridas para llevar a cabo las representaciones. Sin embargo se han escuchado siempre fuera de dichas obras diferentes romanzas, dúos, canciones y obras instrumentales que pertenecían a las mismas .Todas las obras del segundo período teatral de Lecuona fueron dadas a conocer por compañías cubanas, siempre bajo su dirección artística. Hubo elencos que incluyeron en sus estrenos a figuras extranjeras como los españoles Concha Bañuls y Augusto Ordóñez o la mexicana Elisa Altamirano.Aunque son varios los autóres dramáticos que dejaron obras valiosas conmúsica de Lecuona, los más importantes fueron el cubano Agustín Sánchez Galarraga (1892-1934) y el español Agustín Rodríguez (1893-1957).La música que Lecuona impuso en el teatro lírico cubano es representativa, ambiciosa, tan importante como el libreto y muy a menudo mucho más importante que el libreto mismo. Después del estreno de Niña Rita y La tierra de Venus, el compositor escribió La revista femenina, La liga de las naciones, El Cafetal (su mejor partitura de teatro de aquellos tiempos), El Batey, Alma de Raza y La Flor del Sitio, hasta llegar al año de 1930 en que produjo una obra maestra: María la O, con libreto de Gustavo Sánchez Galarraga.Después siguieron las obras El Maizal, El Calesero, El amor del guarachero, La Guaracha Musulmana, Rosa la China, Lola Cruz, El Torrente, La de Jesús María, Sor Inés, Cuando La Habana era inglesa y La Plaza de la Catedral.En España Lecuona estrenó Radiomanía, Levántate y anda, Al caer la nieve, La revista sin trajes, Rosalima y Tropicana.En 1944 Lecuona compuso la comedia lírica Rosa, obra que permanece aún sin libreto, al igual que su ópera El Sombrero de Yarey, ya que ambas obras debía hacerlas Guillermo Fernández Shaw, quien falleció sin haber realizado su trabajo.En lo que a la técnica se refiere, el aporte más importante de Lecuona al género teatral es la fórmula definitiva de la romanza cubana, que, según él la concibió, consta generalmente de dos partes. La primera, por lo regular, hace las veces de introducción, con un cierto sentido de gran recitativo. La segunda parte es la romanza propiamente dicha, sobre un ritmo marcado y constante. Podríamos decir además, que con sus zarzuelas más inportantes, Ernesto Lecuona dio forma clásicamente definida a la zarzuela cubana en cuanto a género y estilo se refiere.Sobre Ernesto Lecuona, opinó Adolfo Salazar, en El Sol de Madrid, el 23 de junio de 1932: "...En Ernesto Lecuona, en efecto, se une un intenso amor a la canción criolla, a la música de rico pasado nacional, con un palpitante interés por los ritmos netamente cubanos, o mejor dicho afrocubanos, según gustan denominarlos los intelectuales del país. Su técnica, en seguida, es una oportuna combinación de lo tradicional (pues no podría armonizarse de otro modo lo criollo), con lo más netamente moderno (y no podría tratarse lo afrocubano sin este concepto avanzado), mientras que el resultado final de su arte, lo que Lecuona consigue, es un tipo de obra que participa de lo popular y del arte de concierto en hábil proporción"."Una música que no es estrictamente folklorista, pero que se basa en lo popular para confeccionarlo en una forma de general alcance, no limitada al estrecho círculo de las modernidades a otro trance, sino que busca un ancho círculo de auditores, es decir, una música que parte de lo popular, busca la popularidad y sabe guardarse de caer en lo populachero. No difícil; sin embargo distinguida. No popularista; sin embargo fácilmente accesible".Bibliografía:SGAE. 1995. El Arte Musical de Ernesto Lecuona, Martínez, OrlandoEdiciones Unión, La Habana, 1991 Ernesto Lecuona
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