España - Cataluña

Coro y voces marcan la calidad en un 'Mesías'

Cherubino

martes, 13 de abril de 2004
Barcelona, jueves, 8 de abril de 2004. L'Auditori. Georg Friedrich Händel, The Messiah. Anna Hlavenkova, soprano. Edita Adlerova, mezzosoprano. Richard Samek, tenor. Ivo Hrachovec, barítono. Coro de Cámara de Praga. Orquesta Música Bohemia de Praga. Jaroslav Kreck, director
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El concierto del pasado 8 de abril confirmó el justo reconocimiento de la crítica a la labor de Jaroslav Kreck, uno de los más importantes especialistas de su país en el repertorio barroco y clásico, y responsable de una elogiada grabación de 1995 del oratorio Judas Iscariote, del compositor checo F.X. Brixi (1732-1771).Pero es necesario decir que, a pesar del alto nivel de ejecución de la Orquesta Música Bohemia (testigos de él fueron el brío y la precisión con los que ejecutaron ya la introducción instrumental), fue el coro quien tuvo la actuación más brillante de la noche, reconocida y agradecida por los aplausos del público, que fueron los más calurosos. El conjunto vocal trabaja bajo la dirección de Jiri Kolar (su fundador en 1987) y muestra una altísima calidad técnica y disciplina de conjunto, cosa poco frecuente cuando una formación de cámara reúne a cantantes con una carrera consolidada como solistas. La parte femenina del coro fue impecable en articulación del texto y en la homogeneidad del resultado tímbrico, e hilando quizás excesivamente fino diré que escuché especialmente satisfecho todas las intervenciones de la cuerda de contraltos. La ejecución tendió al virtuosismo en los pasajes de agilidad del coro ‘For unto us a Child is born’. Me dejó sorprendido, por otra parte, la capacidad para transmitir en la interpretación coral la ironía y el tono desafiante del pueblo que refleja el texto de ‘He trusted in God that He would deliver Him’.La interpretación de los números de soprano hicieron resaltar la preciosa transparencia de la voz de Hlavenkova, que cantó con claridad, gracia y gran seguridad ‘Rejoice greatly, O daughter of Zion’, distinguiéndose claramente el contraste con el lirismo de la segunda parte del aria. La calidad tímbrica de su voz pudo afrontar el exceso de volumen de las cuerdas que se produjo en general en el acompañamiento de todos los números de los solistas, y que deslució quizás de forma especial la delicada modulación expresiva de la interpretación de Alderova en ‘He was despised’, cuya timbre cálido y aterciopelado y tono reflexivo proporcionaban el contrapunto ideal a la serenidad, naturalidad y transparencia angelical de Hlavenkova. Por su parte, el tenor Richard Sameck cantó con corrección y buen estilo y, aunque le faltó audacia y brillantez en ‘Ev’ry valley shall be exalted’, se animó algo en el aria del final de la segunda sección (‘Thou shalt break them with a rod of iron’). El barítono Ivo Hrachovec, por el contrario, actuó corriendo más riesgos, y sacrificó detalles de afinación y de limpieza en las agilidades (‘Thus saith the Lord, the Lord of Hosts’) en aras de un mayor dramatismo en su interpretación. Estos pequeños defectos se notaron en especial en uno de los números más bellos, ‘The trumpet shall sound, and the dead shall be rais’d’, en los momentos en los que la línea del canto era doblada por los cellos. El trompeta solista, magnífico (no entiendo por qué su nombre no aparece en el programa de mano).Por último, les señalo mi momento favorito del concierto: el aria de soprano ‘I know that the Redeemer liveth’ de la tercera sección, cantada con una gran dulzura que contagió a las cuerdas en las imitaciones y juegos de paralelismos. Fabuloso el da capo, en el que Hlavenkova supo encontrar matices de mayor delicadeza si cabe e hizo estremecer al público con unos preciosos pianissimi finales.

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