España - Madrid

El conjunto de cámara de St. Martín in The Fields

Juan Krakenberger
miércoles, 5 de mayo de 2004
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Madrid, viernes, 30 de abril de 2004. Auditorio Nacional / Sala Sinfónica. The Academy of St. Martin in The Fields Chamber Ensemble: Kenneth Sillito, Harvey de Souza, Mark Butler y Jan Schmolck, violines, Robert Smissen y Duncan Ferguson, violas, y Stephen Orton y John Heley, violonchelos. Dimitri Shostacovich: Dos piezas para Octeto de Cuerdas op 11. Antonin Dvorak: Sexteto para cuerda en la mayor, op 48. Felix Mendelssohn: Octeto para cuerda en mi bemol mayor op 20. Ibermusica. Ciclo ‘Orquestas del Mundo’. Asistencia: 90%
0,000188 En sustitución del concierto del Cuarteto Brentano, que debió tener lugar el 11 de marzo, y que fue suspendido por los trágicos acontecimientos de aquel día, Ibermusica nos trajo este célebre y excelente conjunto de cámara, especializado en todo lo que excede tríos o cuartetos. Lo suyo son quintetos, sextetos, septiminos, octetos, etc, ya sea de cuerdas o con vientos. Todos estos músicos -excepto su líder y concertino - ya estaban en España con la orquesta sinfónica que tocó pocos días antes dirigidos por Neville Marriner. Las grabaciones hechas por este conjunto le han hecho famoso y fue un privilegio poder verlo tocar en vivo. No defraudaron. La sonoridad que producen -tan solo mitigada por la acústica opaca de la sala grande- es preciosa, y el primer violín y director del conjunto, Kenneth Sillito, nunca abusa de su liderazgo. Al contrario, en algunos pasajes hubiéramos querido escucharlo con mayor presencia.El concierto se inició con las Dos piezas para octeto de cuerdas op 11, de Dmitri Shostakovich. Compuestas cuando aún estudiaba composición en el conservatorio, a los 17 años de edad -recordemos que su Sinfonía nº 1 es de la misma época, y lleva el op nº 10- demuestra el enorme talento del ruso. La primera pieza es más bien tranquila, y quería ser una elegía para su amigo el poeta Volodya Kurchavov: poesía hecha música. En cuanto al ‘Scherzo: Allegro molto’, la segunda pieza, fue considerado por su profesor de composición como excesivamente barullento. Para nuestros oídos más trajinados, ya no nos sorprende este lenguaje musical, pero para la época (1923) ciertamente deben haber sido revolucionarias las disonancias con las cuales Shostakovich quería expresar su independencia artística. Hay dos cosas a señalar: a) Shostakovich debe de haber conocido el Octeto de otro joven compositor, Felix Mendelssohn, del cual adopta la idea de darle un solo al cuarto violín, pero de mayor extensión aquí, muy expresivo por cierto y tocado con unción por Jan Schmolck; b) en este revolucionario ‘Allegro’ se advierte hacia el final, y dentro de la confusión general, que suena algo que se parece a una estrofa de un himno de cuño típicamente estalinista, como diciendo: “No me cuesta nada curarme en salud”. No hay duda: quien a los 17 años ya era atrevido, iba a llegar lejos. Recién tres lustros más tarde, Shostakovich iba a volver a la música de cámara con su Primer cuarteto, bien consciente que para esa forma haría falta más oficio y madurez. La versión que nos fue brindada, impecable en calidad y espíritu.Sonó luego el precioso Sexteto para cuerda en la mayor op 48 de Antonin Dvorak, de quien se rememoran estos días los cien años de su fallecimiento, el 1º de Mayo de 1904. Compuesto en 1878, es de la misma época que sus célebres Danzas eslavas. Música nacionalista, en el mejor de los sentidos, aprovechando la enorme riqueza del folclore eslavo, con sus cantos nostálgicos, y sus danzas populares con ritmos de lo más atractivos. En efecto, el tema inicial del 1º movimiento, ‘Allegro moderato’, es de una belleza extraordinaria y Sillito le dio un sello intimista, caluroso, muy impresionante. Este movimiento cambia de estado de ánimo con frecuencia, para volver siempre con añoranza a esa idea genial del principio. Los dos movimientos centrales se basan en sendas danzas, el ‘Dumka’ y el ‘Furiant’, respectivamente. Tienen ambos aires inconfundiblemente bohemios, de un gran atractivo. Y el ‘Finale’ es un tema con variaciones, cuya exposición se halla a cargo del cuarteto bajo -dos violas y dos violonchelos- muy bien liderado por el primer viola, Robert Smissen. Las cinco variaciones que siguen, de diferente carácter, y una extensa coda dejan al oyente satisfecho. Es esta una música llena de optimismo y jovialidad, con aires entrañables. El sexteto liderado por Sillito demostró un íntimo conocimiento de la obra, y saboreó todas las bellezas que la misma ofrece.Después del intermedio, la última obra de la tarde: El Octeto para cuerda en mi bemol mayor op 20 de Felix Mendelssohn, compuesto por este precoz músico a los 16 años de edad, proeza hasta hoy no superada. En efecto, la maestría con la cual está compuesto no tiene parangón en la historia de la música, con la única posible excepción de Mozart. Que Mendelssohn estaba muy consciente de lo que escribía lo confirmaron sus instrucciones para la ejecución: “Este octeto debe ser tocado por todos los instrumentos en estilo sinfónico orquestal. Pianos y fuertes deben ser observados con rigor, con mayor énfasis de lo normal...”. Y en efecto, el 1º movimiento, ‘Allegro moderato, ma con fuoco’ tiene la forma amplia, con temas contrastados, de una sinfonía, y el 2º, ‘Andante’ se destaca por la sutil evolución de estado de ánimo, hecho con material sencillo. Destaca un breve sólo para el cuarto violín, de apenas dos compases, en registro grave, ¡precioso!Llegamos al extraordinario ‘Scherzo: Allegro leggierissimo’. Es en realidad en esta obra que Mendelssohn descubre el lenguaje mágico que emplearía más adelante en su música para El sueño de una noche de verano: Puck haciendo de las suyas y elfos jugueteando en un bosque encantado. ¡Describir musicalmente escenas de estas características mejor ¡imposible! Tal vez valga la pena traducir el breve verso del Fausto de Goethe que le inspiró:Nubes volando y nieblas brumosas/Reluciendo nos van cubriendo;/El aire las para, con prisas las sacude,/Y toda su pompa se desvanece.Al final del movimiento, todo el encantamiento se esfuma en la nada....¡Magia pura!Y para demostrar que también sabía algo de contrapunto, el último movimiento, ‘Presto’, donde no solamente hace uso de un extenso fugato sino también utiliza el tema del ‘Scherzo’ como elemento compositivo. Así se redondea esta obra excepcional que sin lugar a dudas constituye una de las composiciones más frecuentemente ejecutadas por este conjunto de cámara de St. Martín in the Fields, aparte de haberlo grabado hace ya bastantes años. Y ello se nota en la perfecta coordinación de las voces -nada fácil, por cierto, particularmente en frases breves del Scherzo- que sonaron con una frescura y primor envidiables.Ovaciones y bravos, aplausos prolongados, obligaron al grupo a tocar una propina, y eligieron una versión para cuerdas de una de estas canciones nostálgicas de Edvard Grieg , tan propias del autor. Creo recordar que se llama Last Spring (Última primavera) y que fue originalmente una canción que el propio Grieg transcribió para cuerdas. Por supuesto, sonó a gloria. ¡Qué bien suenan ocho instrumentos de cuerda cuando se hallan en manos de músicos de calidad! ¡Un auténtico lujo!
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