Chile

Festival Alemán, lo mejor de la Filarmónica

ClasicayOpera.cl
martes, 5 de octubre de 2004
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Santiago de Chile, viernes, 5 de marzo de 2004. Teatro Municipal. Orquesta Filarmónica de Santiago. Jan Latham-Koening, director. Richard Wagner, Preludio al Acto III de ‘Lohengrin’ y Preludio y muerte de amor de Tristán e Isolda. Ludwig van Beethoven, 7ª Sinfonía. Benjamin Britten, Four Sea Interludes from ‘Peter Grimes’
0,0001476 Con muy buenas interpretaciones empezó este año su temporada la Orquesta Filarmónica de Santiago, que dirige el maestro chileno Maximiano Valdés. Este buen nivel en el que se encuentra la Orquesta no había tenido, hasta el momento, mayores desafíos en el repertorio interpretado, más que, creo yo, una compleja Décima sinfonía de Shostakovich, que la agrupación pudo superar sin mayores sobresaltos. En lo que queda de la temporada, que a mi entender (lo he dicho en numerosas ocasiones), no es especialmente atractiva, y menos temible para los músicos, asoman tímidamente un Bartok y un Respighi que podrían dar mínimos problemas; lo demás es territorio conocido, donde el desafío es proponer, y ejecutar sin equivocaciones, versiones atractivas al público.Este quinto concierto de la temporada se planteaba, a pesar de todo lo anterior, como uno de los más complejos de ejecutar, tanto por la presencia de una obra bastante complicada de tocar, los Four Sea Interludes, de Benjamin Britten, como por la heterogeneidad planteada en el programa, que requería presurosos y diametralmente opuestos cambios rítmicos, armónicos y, sobre todo a los efectos del público, estéticos. Es especialmente destacable el hecho que la Filarmónica haya salido tan bien parada de todas esas complejidades logrando el que es, a mi entender, el mejor concierto de lo que va de su Temporada 2004.Buena parte de la culpa de aquello recae en los hombros de un gran director inglés, Jan Latham-Koening, un músico que ha visitado algunas veces nuestro país, siempre para intervenir en la temporada lírica del Teatro Municipal, comandando la Orquesta Filarmónica, presentando Jenufa en 1999, Norma en 2000 y Turandot en 2003. En este caso el tenor de su visita no es distinto, ya que tendrá, como en 1999, el gran honor de dirigir el absoluto estreno en Chile de una de las grandes obras de la lírica de todos los tiempos. Entonces fue Jenufa, del checo Leos Janacek; ahora es Peter Grimes, obra de bandera del inglés Benjamin Britten (1913-1976), sin lugar a dudas el más grande compositor de esa nacionalidad desde Henry Purcell (1659-1695).La pulcritud de la línea musical del director afloró en las cuatro obras o fragmentos ejecutados en el concierto, así como su buen manejo de las intensidades, algo que personalmente me preocupa mucho, no utilizando el tutti de la orquesta sino solamente cuando está indicado y reservando el buen sonido de la agrupación para llevar las obras a muy buen puerto. Esto se notó especialmente en la interpretación de la 7ª Sinfonía de Beethoven, cuando la Filarmónica se instituyó realmente en orquesta decimonónica (más cercana a una agrupación de cuerdas únicamente, muy cuidadosa en las indicaciones de intensidad, etc.) y logró una de las mejores versiones que he escuchado en Chile de una de las celebérrimas sinfonías de este compositor.El punto alto de la noche fue, sin dudas, los Four Sea Interludes from ‘Peter Grimes’, a decir de muchos, la mejor descripción jamás lograda del mar y su carácter cambiante. Instituidos en suite, este conjunto de cuatro fragmentos sinfónicos forman parte de la ópera Peter Grimes, utilizados (y magistralmente escritos) por el compositor para denotar los estados de ánimo del viejo pescador Grimes, cuyo alter ego es el mar y sus vaivenes. Estas páginas orquestales, como decía antes, son bastante difíciles de interpretar, sobre todo porque tienen muchos cambios de rítmica y porque Britten utiliza mucho el recurso de tener muchas líneas melódicas y rítmicas muy disímiles sonando al mismo tiempo, algo que genera complicaciones extra. A pesar de eso, Britten es un músico que se particulariza por tener conceptos bastante minimalistas de la composición y la orquestación, tratando de utilizar el mínimo indispensable de elementos para decir lo que quiere trasmitir, lo que demuestra su maestría (difícil de igualar durante el siglo XX) y logra un efecto mucho más hondo en la audiencia.No destacaría especialmente las interpretaciones del ‘Preludio’ al Acto III de Lohengrin y el Preludio y muerte de amor de Tristán e Isolda, de Wagner, que abrieron la velada, no porque no hayan sido muy bien ejecutadas, sino porque no se obtuvieron buenas versiones de aquello.Como dije antes, Jan Latham-Koening se queda con el que por ahora es, en mi opinión, el mejor concierto de la Temporada 2004 de la Filarmónica, hecho que eleva grandemente el precio de las acciones de Peter Grimes pues, además del enorme evento musical que implica su estreno en el país, anticipa una gran versión de la magistral obra de Benjamin Britten.
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