España - Madrid

La elegancia de lo bien hecho

Raúl Martínez

viernes, 14 de mayo de 2004
Madrid, miércoles, 5 de mayo de 2004. Sala Sinfónica del Auditorio Nacional. Concerto Italiano. Rinaldo Alessandrini, Director. Claudio Monteverdi: Vespro della Beata Vergine (Nueva transcripción de Rinaldo Alessandrini sobre la partitura de 1610). 8º Ciclo Complutense de conciertos. Ocupación: 95% del aforo
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Ya con los últimos vientos del Invierno azotando Madrid, aunque demasiado atronadores para la época, y ya finalizando el Ciclo Complutense, el escenario del Auditorio Nacional se ha llenado por una vez más de retazos barrocos y ambiente religioso, casi un acto puntual en la programación de la universidad. Lo que sí es claro es que un breve receso en el arduo camino sinfónico es de agradecer y si la dicha es buena, doble gozo y bien recibido sea.Al color de Concerto Italiano, Alessandrini ha vuelto a dejar un buen sabor de boca en la capital española; y es que ya con el Julio Cesar de Haëndel en el Real tuvimos una digna lectura de la partitura por parte del maestro, y no es para menos la que el director ha introducido de nuevo para otro público, el “universitario” digo, y por supuesto denotando que se trata de un genio también de los complejos: Monteverdi.De este último, las Vísperas de la Beata Virgen, en una versión del propio Alessandrini, y dejando atrás estas vanidades y adentrándonos en el territorio eclesiástico, un buen título para el mes de Mayo. No se equivoque el público cuando se programa una obra de estas magnitudes en una sola sesión, podía resultar una huida de la sala en pos de sinfonismo, no sea que una hora y media de este barroco religioso acople nuestros cuerpos a la butaca y por tanto, nunca mejor somnífero...No es el caso sino todo lo contrario, una bombonera del primer barroco, una a la Seconda practica -como escribió el moderno autor en su tiempo- que bien describe el mundo de la palabra religiosa y define con la sinuosidad de las tiorbas o la extraña técnica canora, un bello mundo de Salmos, Himnos y bellos motetes dedicados todos ellos a la devoción Mariana; ruptura espectacular de las formas antiguas u sonido delicioso que dejó al público más que satisfecho.Alessandrini y Concerto Italiano no se quedan atrás de la míticas versiones de Gardiner y la de Savall; simplemente simplifica las partes de Canto llano y crea un sonido austero muy intimista y poco dado a los fastos instrumentales; tomando los instrumento de cuerda punteada como base para el canto y sumando una pequeña parte de su orquesta, la atmósfera por la que optó nos llevó a una radiante interpretación de Monteverdi. En el campo visual y auditivo, juegos de movimiento en el escenario sirvieron para salvar los dobles coros y ecos de la composición, así los solistas jugaron con el sonido del espectador dando la vuelta en el escenario o colocándose al lado del mísero órgano de la sala.Sin duda, el sonido del grupo instrumental se puede situar entre los grandes de los historicistas, no así las voces que se forzaron muchas de ellas para mostrar los retazos adornísticos de la partitura. Algunos tempi, para olvidar en sus inicios. A parte, quede para la posteridad el espectacular “Dúo seraphin” y el motete a una sola voz “Nigra sum”, maravilla de elegancia canora y estilo justo.No cabe más que esperar la versión grabada que dentro de poco se realizará para Opus 111, referencia sin duda para el diletante y reliquia mariana para los tiempos venideros.

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