Ópera y Teatro musical

El Teatro de la Maestranza debe seguir con su director

J. Rafael Cabrera Ruíz

lunes, 21 de junio de 2004
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Parece que algo se mueve en el desidioso ambiente que los poderes públicos han tenido sumido al coliseo sevillano, que soplan nuevos aires cargados de esperanzas, y tal vez de dignidad para el que nunca debió haber sido menos que los otros grandes centros de la lírica española.

Ojalá que esta tendencia liderada por la flamante ministra Carmen Calvo, desde allá, pueda conseguir lo que desde aquí, como consejera de Cultura, no pudo o no quiso. Que el unánime coro de ideas políticas que ahora se da cristalice en engrandecer al que siempre debió ser otro noble bastión de la lírica del país y orgullo para Sevilla y toda Andalucía, no la cenicienta que ha venido siendo, desestimado por las instituciones responsables, para menosprecio de nuestro pueblo.

La señora Calvo, así como los otros estamentos oficiales de aquí —Junta, Diputación y Ayuntamiento—, saben muy bien, como sabemos los aficionados, que la dignidad que nuestro Teatro ostenta hoy , y de la que nos sentimos orgullosos sus seguidores, es obra del entusiasmo, dedicación y buen hacer de su director, José Luis Castro, que, junto con su profesional y eficiente equipo de colaboradores supo resucitar y poner en activo —¡y de qué manera!— aquel cadáver de la última exposición universal que era el Teatro de la Maestranza, ilusionando a un público que dormitaba en el letargo de los tiempos de inanición lírico-musical. Él ha sabido elevar a las más altas cotas de calidad artística cada una de las temporadas de nuestro primer coliseo. No se puede rentabilizar mejor esos exiguos recursos económicos que se le vienen asignando.

El señor Castro ha hecho mucho más por el Teatro que los propios titulares del mismo. Y esto lo sabemos apreciar y agradecer muy bien todos los aficionados y no lo podemos olvidar nunca, ni lo deben olvidar tampoco las administraciones implicadas.

Lo que el Teatro de la Maestranza necesita es un buen espacio dotado técnicamente con los mejores avances, y dinero, mucho más dinero en cada ejercicio, para seguir haciendo (e incrementar ahora) las maravillas que José Luis Castro ya lograba sin ellos, merced a su extraordinaria capacidad gestora y creativa.

A ver si con las innovaciones que se vislumbran, en lugar de poner los medios y los remedios, van a llevarse por delante al único valor que el Maestranza posee actualmente, al buen gestor, al alma misma de la institución; a quien sabe poner calor y color a cada una de las diez temporadas que lo lleva dirigiendo. 

Porque ¿de qué servirían, de haberlos ahora, unos buenos recursos (incluso orquesta propia), si no existiera esa mano mágica y capaz de hacerlos fructificar y brillar, como lo ha demostrado el señor Castro en todo este tiempo?

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