Reportajes

La música contemporánea en España durante los años 60 (1)

Xoán M. Carreira
miércoles, 30 de junio de 2004
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A lo largo del quinquenio 1951-56, el dictador Francisco Franco obtuvo una serie de éxitos diplomáticos dirigidos a la cimentación internacional de su Régimen y a poner fin a una política de "limpia y legítimamente altanera soledad", en palabras de Sopeña. En política interior, sin embargo, el mínimo despegue económico que había permitido suprimir las cartillas de racionamiento en 1952 no fue suficiente para frenar un brutal proceso inflacionario; que provocó gravísimos conflictos políticos y sociales. A partir de 1957 se inició una transición del modelo fascista-autárquico al modelo autoritario-tecnocrático con la creciente presencia en el Gobierno de ministros pertenecientes al Opus Dei1

La emigración, el turismo y las inversiones del capital extranjero se consolidarán a partir de entonces como los tres principales instrumentos de un importante desarrollo económico cuyos resultados se harán patentes en las mejoras de la calidad de vida de los españoles ocurridas desde el quinquenio 1962-67. Con todo, el referendum de 1966 para la aprobación de la continuista Ley Orgánica del Estado vendría a desmentir la ilusión de una relativa apertura del Régimen que todo ello había provocado. A partir del año siguiente, el imparable aumento de los conflictos sociales produjo una crisis de los aparatos de hegemonía que el Régimen intentó paliar mediante la represión más brutal.

Nicolás Marín2 explica el espectacular crecimiento español en esa década de 1960 por un contexto internacional especialmente favorable al flujo de capital hacia un país cuyo crecimiento demográfico y alta tasa de emigración garantizaba un equilibrado mercado de trabajo: "El flujo de la población joven desde el campo hacia las ciudades generó una fuerte demanda de bienes duraderos, productos de consumo corriente y servicios cuya satisfacción exige un fuerte esfuerzo económico". Pero la fuerte asimetría del crecimiento entre regiones y sectores económicos generó desigualdades sociales que darían lugar a más conflictos.

Por otro lado, la mejora del nivel de vida produjo una honda transformación de las costumbres y la vida cotidiana3. La expansión urbana y el enorme aumento del parque automovilístico corrieron parejos a la importantísima reducción de la tasa de analfabetismo. La radio, la televisión, los viajes y la expansión cultural, así como la influencia del turismo "crearon pautas de conducta cada vez más liberales y tolerantes en contraste con el autoritarismo del régimen político." A pesar de la vigencia de la represión, la rebeldía juvenil de los sesenta se hizo notar en España en la manera de vestir, en la modificación de los valores morales y en los gustos musicales. La espectacular acogida a The Beatles en 1964 fue su aspecto más vistoso. La calidad del pop español de los 60 lo convierte en el fenómeno más significativo de la vida musical española de la década, al margen del enorme interés sociológico que algunas de sus expresiones en la aparición de una nueva concepción de la discrepancia política.

La enorme cantidad de leyes publicadas durante esta década es un índice de la potencia de las transformaciones de la sociedad española. Pero también fueron la expresión de una concepción tecnocrática del ejercicio de un poder que aspiraba al control de todos los aspectos de la vida cotidiana no mediante normas genéricas que remiten a un sistema de creencias sino mediante una regulación detallada. Las transformaciones citadas dotaron de dinamismo económico y social a sectores productivos que hasta entonces resultaban marginales, como son los del ocio y la cultura. Este es el motivo por el que el Régimen se preocupó en los 60, por vez primera, de regular la vida musical y de hacer cumplir las reglas.

Las principales medidas legislativas fueron la regulación de los estudios musicales, la reforma de la estructura y funcionamiento de la Orquesta Nacional de España, la creación del Festival de Ópera de Madrid, la creación de la Junta Consultiva de Música y el Sindicato de Músicos, la incorporación de los músicos a la Seguridad Social, la creación de la Orquesta de la Radio Televisión y la regulación laboral de la profesión musical. Esta última medida, que duplicaba los salarios de los músicos, fue tomada sin calcular previamente la repercusión sobre la economía de los Ayuntamientos y originó la desaparición de la mayor parte de las Orquestas de provincias.

La mayoría de las iniciativas musicales no partieron del Ministerio de Educación, del que dependía la Comisaría General de la Música, sino del Ministerio de Información y Turismo a cargo del político aperturista Manuel Fraga Iribarne (1962-69), que tenía jurisdicción sobre la censura, la propaganda política y la promoción turística. De él dependían los dos sectores clave de la vida musical española: la Radio y Televisión, y los Festivales de España, una serie de programas de música, danza y teatro difundidos por toda la geografía española durante los meses estivales. En 1963 Fraga afirmaba que sus intenciones eran atraer al turismo y satisfacer a los españoles cristalizando la cultura popular en un estilo universal4.

Adolfo Salazar y la historiografía musical del período franquista


En contraste con la amplia bibliografía sobre la Guerra Civil Española y sobre la dictadura franquista, la historiografía musical sobre estos cuarenta años5 es muy escasa tanto en la cantidad de títulos como en la variedad de temas estudiados. En la práctica, se limita a un inventario de compositores y a la relación cronológica de las nuevas composiciones6. El modelo literario de todas ellas ha sido, evidentemente, La música contemporánea española (1930) de Adolfo Salazar7, el más influyente crítico musical del período republicano, exiliado a raíz de la Guerra Civil. El libro de Salazar tuvo su origen en un concurso parisino de ensayo sobre L’Essor de la Musique espagnole au XX siècle celebrado en 1927; la redacción definitiva conservó la orientación apologética del trabajo original, muy influido por las contribuciones de Rafael Mitjana y Henri Collet a la Encyclopédie de la Musique (1920) de Albert Lavignac8.

El libro constituye una narración esencialista dividida en varias fases: comienza con la decadencia de la música española en el siglo XIX, y la esperanza nacida de unos ’precursores‘ que redescubrieron la tradición musical española. Sigue después la labor de una tríada mesiánica  -Granados, Albéniz y Falla-  cuya misión sería devolver a la ‘auténtica’ música española un papel protagonista en la cultura occidental. Finalmente, presenta el espléndido florecer de una nueva generación de compositores. El corpus narrativo de Salazar, ligeramente teñido de darwinismo, se completa con capítulo panorámico sobre la vida musical española del momento, en el que se mezclan datos sobre otros compositores, intérpretes, agrupaciones y organismos.

La influencia de La Música Contemporánea Española de Salazar es patente en las estrategias narrativas de las historias de la música española que luego se publicarían bajo la dictadura franquista: incluso sus títulos son réplicas del título de la monografía de Salazar. En realidad, ésta fué asimilada por el franquismo sin grandes dificultades debido a sus características literarias (narración) y a algunos elementos míticos subyacentes en su exposición (esencialismo). Por un lado, la narración de los ciclos de decadencia, actividad de los profetas-precursores, advenimiento de los mesías, y labor de los apóstoles, tuvo que parecer idónea en un ambiente intelectual en el que Franco era denominado "la espada más limpia de Occidente". Por otro, hay que decir que el esencialismo es una característica del pensamiento reaccionario español decimonónico; fue asumido por el franquismo como una constante histórica del carácter español. Salazar, al igual que otros intelectuales progresistas de su generación, lo tomó en préstamo como aval de su patriotismo, sin caer en la cuenta de la incompatibilidad entre el pensamiento esencialista y el pensamiento científico.

En realidad, el medio intelectual franquista ya proporcionaba por sí mismo modelos cotidianos de historias de héroes, fantasías esencialistas y reivindicaciones nacionalistas sin necesidad de acudir a la obra de un intelectual comprometido con la República hasta el último momento. Para entender la utilización de la obra de Salazar por parte de los historiadores franquistas de la música hay que entender el interés del franquismo por negar la existencia de la Guerra Civil, a la que denominaba "Cruzada". El franquismo afirmaba que la República fue una época de anarquía social en la que peligró la propia existencia de España, y que Franco fue el salvador que devolvió a la sociedad española su naturaleza. 


Para los intereses del franquismo, la manipulación de la figura y la obra de Salazar tenía que parecer más útil que la negación de la misma. Existe además una razón para la identificación entre Salazar y sus reivindicadores franquistas, y es que Salazar era un activista que concebía la crítica y la historiografía como instrumentos ideológicos. Lo mismo puede decirse de los dos críticos más influyentes del fascismo español: el Padre Federico Sopeña9 y Enrique Franco10, ambos muy destacados militantes falangistas, y críticos musicales en diversos diarios y revistas fascistas.

Uno de los aspectos más llamativos de Salazar fue la utilización de su sección periodística en El Sol en un instrumento de promoción del grupo de compositores conocido como Generación de la República. En su proceso de identificación con Salazar, Enrique Franco se convirtió también en el padrino de un grupo de compositores conocido como Generación del 5111, que se reunían en su casa. Son los mismos que en 1958 fundarían el Grupo Nueva Música, unidos por el común interés en la incorporación a la música española de los procedimientos de las vanguardias centroeuropeas. La lógica dispersión de intereses provocó la disolución del Grupo, algunos de cuyos músicos se reorganizaron en el seno de Juventudes Musicales de España y del Aula de Música del Ateneo de Madrid (donde Ramón Barce promovió un homenaje a Enrique Franco que obtuvo una importante repercusión).

En el proceso de autoidentificación con Salazar de Enrique Franco y Federico Sopeña se produce un desdoblamiento de papeles, pues Sopeña se considera el continuador de la labor historiográfica de Salazar y Enrique Franco es considerado a menudo el continuador de su labor de publicista12.  Esta equiparación entre Salazar y SopeñaFranco es corriente en la bibliografía musical sobre la época13.
 

Notas

Manuel TUÑÓN DE LARA y José Antonio BIESCAS: España bajo la dictadura franquista, Vol. 10 de Historia de España de M. TUÑÓN DE LARA (ed.,). Barcelona: Ed. Labor, 1980.

María Encarna NICOLÁS MARÍN: “El franquismo” en Antonio DOMÍNGUEZ-ORTIZ (ed.): Historia de España, Barcelona: Ed. Planeta, 1991, Vol. 12, 183-188.

Mª E. NICOLÁS MARÍN: “El franquismo”, 202-204.

Manuel FRAGA IRIBARNE: "Con los Festivales de España seremos fieles al latido esencial de nuestra tierra. Realizaremos unos Festivales de recreación española y trataremos de cristalizar lo popular en un estilo universal. El vigor, la atracción para el turismo y la satisfacción para los españoles deberán producirse por el contenido y el programa que hagan nuestros artistas y los buenos conjuntos internacionales que vengan a colaborar con nosotros.": Entrevista en "Ritmo" CCCXXXIII (03.1963).

Federico SOPEÑA: Historia de la música española contemporánea, Madrid: Ed. Rialp, 1958, 2ª ed. 1976. Manuel VALLS: La música catalana contemporania, Barcelona: Ed. Selecta, 1960. M. VALLS: La música española después de Falla, Barcelona, 1962- Tomás MARCO: La música de la España contemporánea, Madrid: Ed. Nacional, 1970. T. MARCO: Música española de vanguardia, Madrid: Ed. Guadarrama, 1970. Antonio FERNÁNDEZ-CID: La música española en el siglo XX, Madrid: Fundación Juan March, 1973. Llorenç BARBER: “Música y autarquía” en Ritmo CDLXXXIV (09.1978) 33-40. T. MARCO: Historia de la música española. 6. Siglo XX en Pablo LÓPEZ DE OSABA (ed.): Historia de la Música Española, 7 vol. Madrid: Alianza Ed., 1983, 2ª ed. 1990. T. MARCO: “Los años cuarenta” y Ángel MEDINA: “Primeras oleadas vanguardistas en el área de Madrid” en Emilio CASARES, Ismael FERNÁNDEZ DE LA CUESTA y José LÓPEZ-CALO (ed.): Actas del Congreso Internacional “España en la Música de Occidente”, Madrid: Ministerio de Cultura, 1987, 369-432.

Esto ha tenido como consecuencia la ausencia de las referencias a la vida musical en las historias del franquismo.

Adolfo SALAZAR: La música contemporánea española, Madrid: Ed. La Nave, 1930. Edición facsímil en Oviedo: Universidad de Oviedo, 1982.

Albert LAVIGNAC and Lionel de la LAURENCIE (ed.): Encyclopédie de la Musique and Dictionaire du Conservatoire. Paris: Librairie Delagrave, 1920. Rafael Mitjana and Henri Collet: “Espagne”, Vol. 4.

El Padre Federico Sopeña (1917-1991), capellán de la Universidad de Madrid, fue Secretario (1940-43) y Comisario (1951-56 y 1971) de la Comisaría General de la Música, Inspector General de Conservatorios y director del Conservatorio de Madrid, entre otros cargos políticos

Enrique Franco Manera (1920) fue profesor de Música en la Escuela de Mandos de Falange y desarrolló su labor en la Radio del franquista SEU (Sindicato de Estudiantes Universitarios) entre 1941-46, al mismo tiempo que era Delegado del SEU en el Conservatorio de Madrid; luego lo sería en Radio Madrid (1946-52) y finalmente actuaría como director musical de Radio Nacional de España a partir de 1952

La historia oficial de la Generación del 51 ha sido escrita por Tomás Marco, un joven abogado protegido de Enrique Franco, que a partir de 1962 entró como crítico en la revista falangista SP y mantuvo sus colaboraciones periodísticas en la prensa ultraderechista hasta varios años después de la muerte de Franco. En 1966 empezó a colaborar en Radio Nacional de España, ascendiendo a Jefe de Programas Sinfónicos en 1970. Desde entonces ha desempeñado diversos cargos de confianza política, al mismo tiempo que ejercía de historiador de unos hechos que él mismo había protagonizado en sus múltiples condiciones de gestor, compositor y crítico, en ocasiones simultaneando todas ellas. En la actualidad [1996] es Director General del INAEM (Instituto Nacional de las Artes Escénicas y la Música).

A Sopeña debemos un excelente retrato de Enrique Franco en su época de profesor de la Escuela de Mandos de Falange, como un militante "a quien los mayores quisieron mucho cuando hacía discursos y pentagramas de escuadrista". En la Escuela de Mandos, Enrique Franco compuso el conocido himno fascista Montañas Nevadas y otras "canciones para ellos, concursos para los compositores y escribía ya con un lenguaje neto de escritor ".F. SOPEÑA: “La nueva generación” en Música VII (I trimestre, 1954).

"La salida de España de un Adolfo Salazar no encontró una figura que lo continuase. Y no me refiero sólo a la crítica musical […] sino a la historiografía reciente y a la especulación sobre los fenómenos musicales, así como al nivel de información general. Un continuador de Salazar y su labor, puede serlo, en sus libros, Federico Sopeña, pudiendo mencionarse también los de Antonio Fernández-Cid y los de Manuel Valls. Y un personaje que no ha tenido incidencia en el libro pero que sí ha recogido periodísticamente la labor de Salazar durante todo el período es Enrique Franco, que, aparte su labor radiofónica, ha tenido una amplia inquietud informativa y de atención a la creación española muy importante” T. MARCO: Historia de la música española, 166.

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