España - Madrid

Solfa de altos vuelos en la sierra

Xosé Crisanto Gándara

miércoles, 21 de julio de 2004
Sierra de Madrid, domingo, 18 de julio de 2004. Valdemanco. La Pellegrina: Raquel Andueza, soprano, Jesús Fernández, tiorba, D’amore e tormenti: Música italiana del s. XVII, Obras de Frescobaldi, Strozzi, Kapsberger, Marini, Monteverdi y Merula. Aforo: 100, entrada: 95%
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En el incomparable marco de uno de los pueblos que jalonan la sierra madrileña, tuvimos la oportunidad de asistir a un recital de música italiana del s. XVII, concierto inscrito dentro de ciclo Clásicos verano, organizado por la Consejería de Cultura y Deportes de la Comunidad de Madrid. A pesar de que tanto la fatídica “1ª operación retorno” de las vacaciones en la Villa y Corte, como lo intrincado del escenario elegido, hacían presagiar una asistencia de poco más que “en familia”, el caso es que los allí presentes tuvimos la oportunidad de disfrutar de un bonito recital.

A estas alturas, es ya conocida la versatilidad, el buen hacer y la capacidad interpretativa de Raquel Andueza, sin duda, una cantante que está ahora mismo en los lugares más altos de nuestro país en lo que a interpretación históricamente documentada se refiere. En efecto, su dicción, su técnica, su afinación que roza la perfección -algo que no siempre resulta fácil de encontrar-, así como su capacidad para elaborar e introducir los ornamentos necesarios en el lugar adecuado, auguran un futuro mucho más que prometedor, si se nos permite la expresión, para esta joven soprano. Su interpretación del Folle è ben che si crede de T. Merula, resultó de lo más subyugante, lo que mereció el bis solicitado insistentemente por el público.

Y qué decir de Jesús Fernández, a cargo del continuo -que no del acompañamiento- en el repetorio elegido. Su maestría y sutileza con el instrumento, estuvieron fuera de toda duda, a pesar de algún insignificante percance con la scordatura que no emborronó en absoluto su interpretación. Resultó deliciosa la Toccata arpeggiata de J. H. Kapsberger, resuelta de modo admirable, y que confirmó con su elaboración del style brisée, un anticipo del propio Bach en algunos de sus preludios para el Das Wohltemperierte Klavier.

Si se ha de reprochar algo, sería la elección de algunas de las piezas del repertorio, pues el muy manido Lamento de Arianna del mantovano exige interpretaciones muy personales que nos hagan olvidar otras ya habituales en el canon. Por otro lado, el programa reseñaba la utilización de chitarrone y laúd, que no se correspondió con lo que luego observamos -y escuchamos- sobre el escenario, y que manifiesta una vez más la poca importancia dada a la organalia en las interpretaciones y grabaciones históricamente informadas de nuestro país.

No obstante, la tiorba de Jesús Fernández sonó con autoridad y precisión en la sierra madrileña, a poca distancia del lugar en el que un ilustre precedente, el boloñés Filippo Piccinini, recreó con su tiorba los oídos de Felipe IV, acompañando una música no muy diferente de la que escuchamos en Valdemanco el Domingo 18 de Julio, y amenizando el aire de la sierra con una solfa de altos vuelos.

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