Alemania

Domingo, el héroe inagotable

Jesús Orte

miércoles, 18 de marzo de 2009
Berlín, lunes, 9 de marzo de 2009. Staatsoper unter den Linden. Wagner: Parsifal. Producción de la Staatsoper unter den Linden. Dirección escénica: Bernd Eichinger. Plácido Domingo (Parsifal), W. Meier (Kundry), R. Holl (Gurnemanz), H. Müller-Brachmann (Amfortas), Christof Fischesser (Klingsor). Staatskapelle y Staatsopernchor Berlin. Director musical: Daniel Barenboim.
Lo de Plácido Domingo empieza a parecer ciencia-ficción. Cantar Parsifal en escena con 68 años, en un escenario como la Staatsoper unter den Linden, junto a una inmensa Waltraud Meier en el rol de Kundry, con Daniel Barenboim exprimiendo la Staatskapelle a tope… Atreverse y no estrellarse en el intento ya sería mucho. Pero derrochar carisma y tono vocal como para triunfar sin paliativos, hace superfluos los comentarios. Casi parece ofensivo matizar que la voz ya no tiene, evidentemente, el brillo ni el volumen de antaño, que a veces el fiato anda justo, o que algunos agudos parecen más lanzados (y acertados) que verdaderamente colocados. Pequeñeces frente al enorme tamaño artístico del Parsifal de Domingo. Ojalá no haya sido el último, porque la velada sonaba a despedida del papel.

Sobre Waltraud Meier y su Kundry, poco nuevo que decir también. Únicamente que el tercio grave del registro parece haberse guturalizado un poco, y que como de costumbre algún agudo puntual sonó al límite. Por lo demás, los cuarenta minutos de cara a cara con Domingo en el segundo acto marcaron el punto álgido del espectáculo vocal y expresivamente, con momentos de tensión casi insoportable. Grave y convincente, aunque con más oficio que talento, el Gurnemanz de Robert Holl -a saber lo que hubiera sido la velada con el inicialmente previsto Rene Pape-; contundente aunque algo metálico el Amfortas de Hanno Müller-Brachmann, y plenamente cumplidor el Klingsor de Christof Fischesser.




La puesta en escena de Bernd Eichinger plantea una revisión del drama wagneriano en clave histórica. El primer acto transcurre así en un momento indeterminado de la antigüedad, el segundo entre arquitecturas árabes y el tercero en una Nueva York invernal con la decadente comunidad del grial transformada en una banda de pandilleros. Una aproximación interesante, con momentos visualmente muy hermosos -la iluminación matinal del bosque del primer acto- y detalles para la polémica: ahí queda la impactante visión de Amfortas sacándose literalmente el corazón, para que los caballeros corten y coman sus pedazos en lo que viene a ser una reinterpretación un tanto ‘gore’ del ritual eucarístico del grial.

El otro gran protagonista de la velada fue por supuesto Daniel Barenboim, firmante de una versión de trazo lento, reconcentrado e intenso hasta la asfixia, de esas que sólo se tienen en pie si se cuenta con una agrupación del calibre de la Staatskapelle. Excelente, igualmente, el Coro de la Staatsoper tanto en su versión masculina (los caballeros del grial) como femenina (las muchachas flor del segundo acto). Y el público, pues naturalmente entusiasmado. Media horita de ovaciones. Como en las grandes noches.

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