Chile

Ya en tierra derecha

ClasicayOpera.cl
viernes, 20 de agosto de 2004
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Santiago de Chile, viernes, 30 de julio de 2004. Teatro Universidad de Chile. Wolfgang Amadé Mozart, Obertura de 'Las Bodas de Fígaro' y Concierto nº20 para piano y orquesta. Ludwig van Beethoven, Sinfonía nº 4 op. 60. Muriel Chemin, piano. Orquesta Sinfónica de Chile. David del Pino, director. Temporada Internacional. Programa IV
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Pasó ya el cuarto programa de la Temporada Internacional de conciertos de la Orquesta Sinfónica de Chile y la carrera entró en tierra derecha. Sucede que luego de ausentarse del escenario de la Plaza Baquedano por algunas semanas antes que comience esta temporada (que es la más importante de cada año), la Sinfónica venía con una ventaja de bastantes días, dedicados seguramente a una preparación esmerada de los primeros programas, lo que quedó más que claro en las correspondientes fechas. Lo interesante es que la orquesta ha mantenido su nivel de ejecución (y esperemos que esto se prolongue) a pesar de ya haber entrado en la rutina de un programa semanal, donde no hay más que cinco días para preparar las obras, lo que podría resultar extenuante para músicos sin el necesario training en este aspecto.

Los conciertos que cerraron julio estuvieron completamente dedicados a la ejecución de obras de Beethoven y Mozart, contándose con la presencia de la pianista francesa Muriel Chemin. Con esta solista al teclado, la agrupación encaró el Concierto nº20 para piano y orquesta de W. A. Mozart, seguramente la más difundida y querida obra concertante para este instrumento del compositor austriaco.

Inició el concierto con la Obertura de 'Las Bodas de Fígaro', fragmento orquestal de gran belleza con el que Mozart abre una de sus más grandes creaciones líricas y que, según cuenta la leyenda, habría sido compuesto a horas de su primera ejecución (así como sucedió, se supone, también, con la Obertura de 'Don Giovanni'). La interpretación en este caso fue correcta y bien dirigida por el maestro David del Pino, aunque se incurrió en varias imprecisiones a nivel individual y de sección también, escuchándose pequeños pero repetidos desfasajes.

Muriel Chemin demostró por qué se la considera una de las grandes ejecutantes del repertorio romántico y, sobre todo, de Beethoven. El problema es que la obra ejecutada pertenece a la pluma de Mozart y, aunque todos los musicólogos coinciden que el nº20 es el más “romántico” de los conciertos de ese compositor, el que demuestra más ímpetu, espíritu, drama, no debe descontextualizarse la obra y ejecutarla como si se tratara de una página de Beethoven. A pesar de eso, la actuación de Chemin fue muy buena, mostrando mucho virtuosismo como ejecutante, musicalidad y, sobre todo, ímpetu, que la llevó a cometer algunas pequeñas imprecisiones en ciertos pasajes. La Sinfónica subió su nivel para este momento, haciéndose más precisa y olvidando los errores anteriores.

Pero el momento álgido de la Orquesta sobrevino en la segunda parte del concierto, cuando se ejecutó la Cuarta Sinfonía Op. 60 de L. van Beethoven, de la que se escuchó una excelente versión. La Cuarta es una obra algo olvidada en el repertorio sinfónico del maestro de Bonn, sin embargo, es una partitura muy significativa, pues se instituye en una pequeña vuelta al clásico luego de la Heroica, enorme hito de la historia de la música, y en el impulso para finalizar la Quinta, que había comenzado a escribir antes que la Op. 60.

El completo arrebato de pasiones que exhala desde el primer acorde la obra fue comprendido muy bien por el director y trasmitido excelentemente por la agrupación. Esta vez, Beethoven fue tomado con delicadeza por la Orquesta que, en su formación habitual (hago la referencia por la cantidad de músicos), destacó especialmente las indicaciones de intensidad de la partitura dejando oír los detalles de orquestación y las participaciones solistas. Dignas de destacar fueron la ejecución del 'Menuetto, Allegro vivace y Trío' y del 'Allegro ma non troppo' final.

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