España - Euskadi

Labèque alla Saramago

Mikel Chamizo
viernes, 27 de agosto de 2004
Katia y Marielle Labèque © Ibermúsica Katia y Marielle Labèque © Ibermúsica
San Sebastián, miércoles, 25 de agosto de 2004. Auditorio Kursaal. Debussy: En blanc et noir. Stravinsky: Concierto para dos pianos. Bernstein: West Side Story. Marque Gilmore, batería. Colin Currie, percusión. Katia & Marielle Labèque, pianos.
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En el descanso del recital se me ocurrió preguntar a algunos pianistas, especimen del que estaba plagado el Kursaal aquel día, a ver cual de las dos hermanas les gustaba más o pensaba que tocaba mejor, y cual no fue mi sorpresa al cerciorarme de que nadie sabía realmente quien era Katia y quien Marielle, algo que solo después habría de descubrir gracias a las informaciones de la bella Montserrat quien me explicó, entre suculentos cotilleos que no reproduzco aquí por eso de que somos una revista seria y tal, que Katia es la más baja y la mayor y Marielle la más alta y la menor y que tienen 54 y 52 años, ¡Toma!, pues quien lo diría, si de lejos parecen niñas, Ya ves, yo firmaría ahora mismo para estar así con esa edad, me dice la bella (y joven) Montserrat, y es que en verdad las Labèque son muy atractivas o, si se prefiere, están buenorras, nada que ver con esas radiografías sociales de las que habla Tom Wolfe en la Hoguera, las Labèque tienen curvas y un estilo juvenil la mar de refrescante. Pero volvamos a nuestra encuesta, en cuyas arriesgadas vicisitudes hemos dejado a nuestro valiente reportero, o sea yo mismo, Esto nunca lo diría Saramago, seguro que está pensando el marido de la bella Montserrat, que es literato y parece un vasco del siglo XVIII, recuerdo que un chico me dijo que la de blanco (Marielle) Tiene un toque precioso, mientras que otra mujer que rondaba por allí con el apéndice auditivo bien orientado opinó que Es verdad, pero no tiene la salsa de la de negro (Katia), fíjate que patadas da y con que garra frasea, aunque la mayoría de los interrogados realmente no se atrevían a decantarse por una en detrimento de la otra y pensaban que las hermanas forman, como decía un garrulo en nosequal edición de Gran Hermano, una perfecta simbiosis, Imagínate, llevan medio siglo tocando juntas, jaja juju y más risas maliciosas de pianistas envidiosos pero sí, en el fondo el de la lengua viperina tenía razón ya que semejante compenetración tocando el piano solo puede ser el fruto de toda una vida de trabajo contínuo y de trabajar mucho los programas porque a otro crítico que había por el foyer pululando le había dado mucha rabia la tormenta que había caído por la tarde, Estaban echando por Radio 2 el concierto que dieron éstas el año pasado en Lucerna con el mismo programa y se me ha fastidiado la emisión y..., Bueno ya sabes como es esta ciudad, te vas a la playa porque sale un sol abrasador y viene una nube traicionera y te fastidia toda la tarde, Me vas a decir a mí, que vivo aquí desde siempre, en clara alusión a que yo pertenezco a la guipúzcoa profunda y nunca llegaré a poseer el estatus del donostiarra de pura cepa. La cuestión es que las Labèque ya llevan sus muchos meses a cuestas con este programa y la obra de Debussy, aunque no estoy completamente seguro, creo habérsela oído a ellas mismas en otro recital que dieron hace un par de años, lo que ya es un tiempo más que suficiente para madurarla adecuadamente y tocarla tan bien como lo hicieron, aunque la verdadera sorpresa del concierto para mucha gente fue la obra de Stravinsky, absolutamente fantástica y del mismo estilo neoclásico-homejeante-sardónico de la sonata para piano que es mucho más conocida aunque esta para dos pianos sea un pedazo de obrón, Pues a mi no me ha gustado nada, me salta uno, Es que tu eres un hortera, si tu compositor favorito es Donizetti, y el crítico de antes salta con un ¡Será cierto eso!, a lo que el hortera se defiende con un Vosotros no sabeis lo que es bueno, y a puntito estuvo de llamarnos snob y todo porque nos gusta Stravinsky, hay que ver como está el patio. Lo que sí nos gustó a todos, snobs, horteras, señoronas en conserva y hasta a la fila de autoridades, que es la dieciocho, fue el invento este del West Side Story con pianos y percusión, Una verdadera delicia, ¡Qué bonito Piluchi, mancantao!, en un arreglo notable, quizá un poco toston con la célula temática del tritono del María demasiado omnipresente pero como bien sentenció mi amigo Omar, que sabe lo que se dice, Con un control de los volúmenes entre la percusión y los pianos alucinante, Sí, es verdad, eso estaba pensando yo también, pero esas cosas al final dan igual porque la cuestión es que las Labèque se meten al público en el bolsillo, un público que lleva ya mucho rato rendido a sus pies, y tras una considerable cantidad de decibelios en forma de aplausos y bravos va Katia y nos dice que de bis van a tocar un tango que ha compuesto para ellas Nicola Piovani, que es el que ganó el oscar por la música de La vida es bella, y hay un señor del público que grita ¡Muchas gracias!, y Katia sonríe con primor y tocan el tango que es bastante feo pero da igual, porque lo han tocado las Labèque y las queremos tanto que, por mí, como si tocan Donizetti...

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