Finlandia

¡Qué bonita y qué triste!

Maruxa Baliñas
lunes, 27 de septiembre de 2004
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Helsinki, viernes, 27 de agosto de 2004. Alexander Theatre. Rusalka, ópera en 3 actos de Antonin Dvorák sobre libreto de J. Kvapil. Kristiina Helin, dirección de escena y coreografía. Lotta Esko, escenografía. Emilia Eriksson y Eeva Nurminen, vestuario. Jarkko Lievonen, iluminación. Elenco: Senia Korhonen (Rusalka), Mati Turi (Príncipe), Angelika Klas (Princesa), Tuula Paavola (Bruja), Mika Kares (Gnomo de las aguas), Hanna Kohi (Dríada 1), Petra Schauman (Dríada 2), Merja Mäkelä, (Dríada 3), Niklas Vepsä, (Cazador), Kajsa Dahlbäck (Ninfa 1), Kirsi Martinkauppi (Ninfa 2), Triin Sôber (Ninfa 3). Kati Airola, Kaisa Hölttä, Kirsi Kolho, Minerva Pajunen, Pekka Svedjeholm, Mikaela Reinikainen, Helena Romppainen, Kristiina Vähäsarja y Outi Yliviikari, bailarinas. Kirkkonummi Sinfonietta. Nils Schweckendiek, director musical. Festival de Helsinki
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¡Qué bonita y qué triste es esta ópera de Dvorák! (y qué difícil de escuchar en España). Esto es lo primero que me viene a la memoria cuando pienso en esta producción de Rusalka, y éste es uno de los mejores elogios que se puede hacer de una ópera, que es teatro, y como toda obra teatral debe contar una historia y hacerlo conviencentemente. Y no quiero decir con ello que este montaje de Rusalka haya sido inmejorable -ni por cantantes ni por escenografía- sino simplemente que ha cumplido con dignidad y cariño sus objetivos.

En buena medida este éxito se debe a la propia figura de 'Rusalka', interpretada por Senia Korhonen, una cantante capaz, con una bonita voz y una técnica que en un primer momento me desconcertó por su diferencia con la concepción habitual en las sopranos latinas. Korhonen -y como ella, en mayor o menor medida, todo el resto de los solistas- no canta por encima de la orquesta, sino empastando su voz con ella, algo que normalmente se ve en cantantes de coro, pero no en solistas. Sin embargo, esta 'timidez' cantando se acabó convirtiendo en uno de los elementos definitorios del personaje, que actoralmente funcionó muy bien. Creo que nunca veré otra 'Rusalka' donde se marque tan claramente la timidez e inseguridad del personaje, claramente una adolescente metida en un mundo de adultos, cuyos comportamientos no entiende y le producen gran sufrimiento. Un detalle tan mínimo como esos zapatos de tacón que usa para intentar competir con la 'Princesa' -en vano, porque no consigue moverse con gracia sobre ellos- se acaban conviertiendo en un conmovedor símbolo de su incapacidad para ser 'normal', para superar su etapa de 'patito feo'.

El resto de los cantantes cumplieron también correctamente. Mati Turi fue quizá el más decepcionante, ya que en él recaía buena parte de la responsabilidad del segundo y tercer acto, más débiles que el primero, musicalmente hablando. Su técnica es buena, pero no tiene un gran instrumento y actoralmente resultó excesivamente estático y poco convincente en sus cambiantes sentimientos. La 'Princesa' funcionó mejor como personaje que como cantante: su imaginativo vestuario -en su primera aparición su enorme falda estaba compuesta por varias figurantes inclinadas a su alrededor, que además se movían muy convincentemente- la convertía en centro del escenario, pero como cantante perdía parte de esa atención. Mika Kares, el padre de 'Rusalka' y 'Rey de las aguas', fue el más interesante de los papeles masculinos (en esta versión son sólo dos): tiene una voz bonita aunque no muy potente, que utiliza con buen gusto, aunque el director escénico no acabó de definir bien su papel, de tal forma que su comportamiento en el tercer acto no resultaba convincente. Tuula Paavola tuvo momentos logrados frente a otras intervenciones que, sin llegar al calificativo de negativas, resultaron decepcionantes.  Las dríadas y ninfas cumplieron su papel con el buen nivel medio que predominó en la representación.

El montaje, realizado por la Opera Association HOO, que cada año presenta una ópera, era muy sencillo y de bajo coste, pero realizado con gusto y cuidado. Se echaban en falta algunos elementos materiales que contribuyeran a situar mejor la acción -era un escenario prácticamente vacío- pero un vestuario imaginativo y muy bien realizado, el trabajo actoral y algunos elementos sueltos, permitieron seguir sin problemas el transcurso de la acción. El principal problema estuvo en la supresión de los personajes del guardabosques y su sobrino, lo que transformó bastante el comienzo del segundo acto, y convirtió en poco lógica la posterior intervención de la bruja, que en teoría debía haber sido requerida por estos dos personajes.

La sala ayudó en buena medida a este éxito. Se trata de un teatro, de verso, no de ópera (aunque siempre sirvió a ambos cometidos), construido por el gobernador ruso a finales del XIX. Las butacas son amplias, la visibilidad es buena y la sonoridad excelente, incluso para la orquesta que está en el foso. De hecho, el Teatro Alexander fue el teatro de ópera de Helsinki hasta 1993, que se inauguró el nuevo teatro de ópera.

La orquesta sonó impresionante, a pesar de no ser muy numerosa. Fue mi primera experiencia con el alto nivel medio de los músicos fineses y debo confesar que cuando empezó a sonar la orquesta y dado que el teatro se veía algo 'cutre', por un instante pensé que era música pregrabada lo que estaba escuchando. Nils Schweckendiek dirigió con seguridad y buen gusto a la Kirkkonummi Sinfonietta (dos días después, el 29 de agosto, escuché nuevamente esta Rusalka dirigida por Jani Telaranta y me gustó menos, a pesar de ser el director principal), una orquesta de la que no he encontrado -a pesar de buscarlas- más referencias, lo que me hace suponer que tiene un curriculum escaso. Ciertamente hubo errores, sobre todo en la sección de vientos, pero la musicalidad predominó en todo momento, haciendo que estos fallos se quedaran en anecdóticos.

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