Finlandia

Entre Tagore y Auschwitz

Xoán M. Carreira

martes, 2 de noviembre de 2004
Helsinki, domingo, 29 de agosto de 2004. Finlandia Hall. Soile Isokoski, soprano. Bo Skovhus, barítono. Radion sinfoniaorkesteri (Orquesta Sinfónica de la Radio Finlandesa). James Conlon, director. Victor Ullmann: Sinfonía nº 2 en re mayor. Alexander von Zemlinsky: Lyrische Symphonie. Festival de Helsinki. Aforo: 1700 localidades. Asistencia: lleno
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Al igual que las orquestas del Concertgebouw o de Chicago, la Orquesta Sinfónica de la Radio Finlandesa ha configurado su sonido para adaptarse a su caja acústica, de una calidad extraordinaria. Cuando Alvar Aalto diseñó el Finlandia Hall (1971) no sólo estaba diseñando un edificio de usos múltiples para conciertos, congresos y exposiciones, sino todo un proyecto urbanístico: la creación en los amplios espacios sitos a la derecha de la Mannerheimintie en un paseo de la cultura y el ocio a orillas del lago, que modificaría profundamente el modus vivendi de Helsinki y los hábitos de consumo cultural de los finlandeses, residan o no en la capital.

Tres décadas más tarde, Finlandia Hall me sigue pareciendo el más espléndido de los edificios del paseo (con permiso de la muy hermosa sede de la Ópera de Finlandia) y es el punto de referencia del impresionante conjunto urbanístico. La gran sala de conciertos, también denominada Finlandia Hall, fue diseñada para ser la sede de la Radion sinfoniaorkesteri y sus condiciones acústicas para la música instrumental son excepcionales en todos sus parámetros. El sonido 'corre' de una manera perfecta, mientras que la sala genera poquísimos armónicos. Además Aalto consiguió que los espectadores tuviesen una sensación de amplitud y confort sin parangón en su época (a pesar de que no es una sala muy grande, 1700 localidades) y una distribución del espacio que potencia la relación visual con el escenario. Incluso la luciérnaga trasera del escenario -que ha dado lugar a tantas imitaciones disparatadas- está tan bien resuelta que cumple su función cuando hace falta y desaparece cuando estorba, siempre sin alterar la acústica de la sala y sin dispersar la atención del público.

La Radion sinfoniaorkesteri es un instrumento de extraordinaria precisión y maleabilidad, puestas en evidencia por James Conlon en un programa muy inteligentemente elegido con obras de dos compositores perseguidos por motivos raciales. Alexander von Zemlinsky (1871-1942), cuñado de Schönberg, fue expulsado en 1933 de su cátedra en la Hochschule für Musik de Berlín, mudó su domicilio a Viena y en 1938 huyó a EEUU vía Praga. La Lyrische Symphonie (1922-23) para soprano, barítono y orquesta, sobre poemas de Rabindranath Tagore (1861-1941) es la obra más popular de Zemlinsky. A pesar de haber sido escrita cinco años después de terminada la I Guerra Mundial, es en gran parte deudora de la sensibilidad de la Belle Époque y su indisimulado parentesco con Das Lied von der Erde (1907-9) de Mahler es habitualmente potenciado por los directores.

Viktor Ullmann (1898-1944), tuvo menos suerte: en 1933 se instaló en Praga -donde había sido asistente de Zemlinsky cuando este era director de la Nueva Ópera Alemana (1920-27). En Praga fue detenido y deportado el 8 de septiembre de 1942 al campo de concentración de Theresienstadt -donde compuso su ópera Der Kaiser von Atlantis (1943) que llegó a los ensayos con trajes, antes de que los guardias percibiesen que se trata de una sátira política de Hitler. De allí fue trasladado el 16 de octubre de 1944 a Auschwitz donde fue asesinado dos días más tarde. La Segunda sinfonía en re mayor no es una obra original de Ullmann, sino una orquestación realizada por Bernhard  en 1989 de la Séptima sonata para piano (1944) de Ullmann, su última obra de gran formato, terminada poco antes de su gaseamiento. La Sonata/Sinfonía en cinco movimientos es una extraordinaria muestra de la capacidad de la retórica neoclásica para enmarcar situaciones dentro de construcciones formales preconocidas por el oyente. Las variaciones finales sobre una canción judía, por ejemplo, muestran un virtuosismo retórico digno de Hindemith o Schönberg.

La orquestación de Wulff está más próxima a los procedimientos de Stravinsky que a los de los maestros vieneses. No conozco lo suficiente la obra orquestal de Ullmann como para opinar al respecto, pero tras esta primera audición tengo que declarar que me encantó como suena la obra de Ullmann-Wulff. Y casi más todavía me encantó la dirección de James Conlon, quien evidentemente está enamorado de la partitura y transmitió su pasión a la Radion sinfoniaorkesteri, que respondió con la misma precisión que respondería un piano a un buen intérprete de la sonata original. Semejante interpretación en semejante caja acústica se convirtió en una experiencia para recordar.

Tal intensidad de matices expresivos, rítmicos, dinámicos, de ataque, de textura ... perjudicó la recepción de la Lyrische Symphonie, cuya interpretación fue simplemente sobresaliente. Ni Soile Isokoski ni  Bo Skovhus fueron capaces de alcanzar el estado anímico que Conlon había logrado en la obra de Ullmann/Wulff. Quizá influyera mi propio estado anímico, tras la intensa experiencia de la primera parte no me encontraba en la mejor disposición para escuchar otra obra que requiere una audición activa. Sí disfruté, y mucho, del enorme refinamiento sonoro obtenido por Conlon y percibí que la altísima calidad de la Radion sinfoniaorkesteri no es tanto una consecuencia de la calidad individual de los instrumentistas -de una calidad media soberbia- cuanto del trabajo en común y la convergencia en torno a un proyecto. ¡Cuánta envidia me da!

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