España - Asturias

Empezando con buen pie

Ignacio Deleyto Alcalá
jueves, 30 de septiembre de 2004
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Oviedo, sábado, 25 de septiembre de 2004. Teatro Campoamor. Richard Strauss: Elektra. Ópera en un acto. Libreto de Hugo von Hofmannsthal. Dirección de escena: Santiago Palés. Diseño de iluminación: José Luis Rodríguez. Diseño de escenografía: Carmen Castañón. Diseño de vestuario: Gabriela Salaverri. Reparto: ‘Klytämnestra’, Mette Ejsing. ‘Elektra’, Elizabeth Connell. ‘Chrysothemis’, Inga Nielsen. ‘Aegisth’, Josep Ruiz. ‘Orest’, Claudio Otelli. ‘Preceptor/viejo criado’, Celestino Varela. ‘Celadora/confidente’, Yolanda Montoussé. ‘Joven criado’, Guzmán Hernando. ‘1ª doncella’, Marina Pardo. ‘2ª doncella’, Claudia Schneider. ‘3ª doncella’, Mª José Suárez. ‘4ª doncella’, Mireia Casas. ‘5ª doncella’, Mª José Martos. Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias (O.S.P.A.). Coro de la Asociación de Amigos de la Ópera de Oviedo (A.A.A.O.). Directora del coro: Elena Herrera. Director musical: Maximiano Valdés. Nueva producción de la Ópera de Oviedo. LVII Temporada de Ópera de Oviedo. Aforo: 1440 localidades. Asistencia: 100%
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Oviedo estrena temporada con un título de Richard Strauss como ocurriera hace exactamente tres años. Si en aquella ocasión pudimos disfrutar de una Salomé de mucho interés, esta vez le ha llegado el turno a Elektra, obra en un solo acto, basada en la tragedia de Sófocles y estrenada en Dresde en 1909, que como la anterior nunca había subido al escenario del Teatro Campoamor.

La gran decepción vino con la mítica Anja Silja que tras varios berrinches y desencuentros en los primeros ensayos abandonó la producción teniendo que ser sustituida en el último momento por Mette Ejsing. Caprichosa o no -poco nos importa ahora- el caso es que nos quedamos sin ver a esta soprano que debutara en Bayreuth en 1960 y que durante años estuviera ligada profesional y emocionalmente a Wieland Wagner. Eso sí, siempre nos quedará un recuerdo de lo que pudo ser y no fue: la foto central en color, a doble página, que ilustra los renovados programas de mano con Anja Silja y Max Valdés durante uno de los primeros ensayos. Peor hubiera sido nada.

Para esta ocasión la dirección escénica recayó en el joven Santiago Palés que de la mano de Carmen Castañón, responsable del diseño escenográfico, presentaron una Elektra muy digna basada en la sencillez y desnudez escénicas. Se podía haber pedido un ambiente más sofocante y opresivo en consonancia con la obra pero se prefirió un soporte visual más concentrado como si la música y el texto lo dijeran casi todo y sólo hubiera que marcar una línea escénica de apoyo. Una plataforma inclinada de gran sentido espacial y claro simbolismo, una pared vertical que representa el palacio y otra que rodea la parte posterior y lateral del escenario son los elementos sobre los que tiene lugar el desarrollo de la acción. Esta última pared hace también las veces de gigante pantalla donde se proyectan algunas imágenes de video (sangre, caras, etc) que buscan ilustrar momentos dramáticos impactantes pero que, para quien esto firma, aportan bien poco.

Un aspecto interesante fue el juego de sombras, de marcado efecto teatral, que servía, por ejemplo, para anunciar la aparición de un personaje antes de que entrara en escena (incluso tenía similar efecto en los personajes pues ‘Elektra’ ve la sombra de su hermano y así se percata de que hay alguien en el patio) o para magnificar su presencia en escena como en el caso de ‘Orest’. Sin embargo, algunos elementos escénicos aunque originales fueron innecesarios como el gotero con una bolsita de sangre que cargaba ‘Klytämnestra’o el neumático que portaba un criado. Tampoco pareció muy ingenioso el “pedazo hacha” que llevaba ‘Elektra’ durante casi toda la representación. En cualquier caso, la puesta en escena poseía concepto y sentido teatral y más importante dotó al discurso escénico de fluidez narrativa. Sensacional la iluminación a cargo de José Luis Rodríguez.

El reparto vocal fue, por lo general, sólido y equilibrado. Elizabeth Connell fue una ‘Elektra’ de altura. Vocalmente capaz y con un evidente dominio del personaje encarnó un personaje creíble, interiorizado y sin fisuras mostrando a través de su precisa gesticulación la kinésica del texto dramático. Su visión del papel está suavizada, lejos del histrionismo y radicalismo de otras propuestas y siempre apoyada por un instrumento que aúna potencia vocal, intensidad y matización. Hay que destacar toda la escena con ‘Orest’, de gran lirismo a partir del reconocimiento de su hermano y que en la personal versión de la Connell ayuda a resaltar el lado más humano del personaje. Sólo hay que oír con qué dulzura y mimo sale de sus labios el nombre de ‘Orest’, todo un acto de amor fraternal desencadenado por el inesperado reencuentro.

El papel de la hermana de ‘Elektra’ fue defendido por Inga Nielsen, una cantante de gran potencia y personalidad aunque con un instrumento algo metálico. No parece ser la encarnación perfecta de la joven ‘Chrysotemis’ pues le falta algo de delicadeza pero su entrega escénica y su firmeza vocal son dignas de elogio. Mette Ejsing cumplió con su cometido con una línea de canto muy depurada y una voz en perfecto estado aunque algo plana en cuanto a expresión se refiere. Claudio Otelli encarnó un ‘Orest’ de imponente presencia escénica, clarísima dicción y rotundidad vocal. Desgraciadamente su instrumento sonó algo áspero y ronco. Sensacional estuvo el ‘Aegisth’ de Joseph Ruiz de voz ideal para el esperpéntico papel que le tocaba defender. El resto de personajes se movió a buen nivel redondeando así un equilibrado elenco vocal. Y como no, elogios para las doncellas, todas extraordinarias, en su importantísima escena inicial que a modo de coro griego (coro que en Sófocles se convierte en comentarista de la acción) debe preparar al espectador para la sofocante acción de la tragedia.

En el foso, la O.S.P.A. con su titular Max Valdés. Lo primero que debemos advertir es que aproximadamente setenta músicos no son suficientes para abordar una partitura lujosamente orquestada que pide 111 músicos (sólo entre violines y violas R. Strauss reclama 42 instrumentistas divididos en tres secciones). Evidentemente, se echó en falta una cuerda de mayor riqueza y expresividad y unos metales más rotundos e imponentes. Así todo, la orquesta -dentro de sus posibilidades- estuvo a gran nivel y desarrolló un trabajo de gran conjunción. Los momentos más líricos e intimistas resultaron extraordinarios y hay que felicitar a muchos de los primeros atriles (violín, viola, clarinete, etc), sobresalientes en sus partes solistas, sin olvidar la magnífica contribución de los cuatro contrabajos. Max Valdés dirigió la partitura con detalle y fluidez haciendo que apenas nos enteráramos de las casi dos horas que duró la representación. Apoyó en todo momento a los músicos, cuidando las entradas y el volumen sonoro que salía del foso sin abrumar demasiado al respetable y firmó una buena versión acorde con lo que vimos en escena. De éxito, por tanto, calificaremos a esta Elektra ovetense preludio de una intensa y prometedora temporada de ópera.

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