Argentina

Pía Sebastiani tardó doce años en volver

José Mario Carrer

martes, 5 de octubre de 2004
Salta, jueves, 30 de septiembre de 2004. Casa de la Cultura. Orquesta Sinfónica de Salta. Pía Sebastiani, piano. Director invitado, Maestro Eduardo Alonso Crespo. Eduardo Alonso Crespo (1956), Preludio de la ópera 'Yubarta' op.6. Edvard Grieg, Concierto para piano y orquesta en La menor op. 16. Antonin Dvorak, Sinfonía nº 8 en Sol mayor op. 88
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Se considera de mal gusto mencionar la edad de las señoras. Sin embargo hay ocasiones en las que los años transcurridos son motivo de orgullo para quien los exhibe de la manera que lo hace la multifacética y notable pianista y compositora argentina Pía Sebastiani, quien estuvo por última vez en Salta a principios de la década de los noventa. Desde su altivo y elegante ingreso al escenario hasta la pasmosa seguridad con la que se sentó frente al piano, reveló que estábamos a punto de vivir un momento especial. Y así fue.

Hay un redoble de los timbales que se inicia muy piano y al llegar en crescendo al expresivo forte comienza Pia Sebastiani una sucesión de octavas y acordes que abren una de las páginas pianísticas más expresivas, líricas y altamente románticas, plena de fuertes pinceladas del particular folclore noruego. Los tres movimientos del Concierto tienen rigor académico, no obstante haber sido compuesto cuando Grieg solo tenía 25 años, y pasan por infinidad de matices que en el fondo cumplen con el significado de sus títulos: Allegro molto moderato, Adagio, Allegro moderato-quasi presto-andante maestoso. La obra ofrece ritmos audaces, test de habilidad por parte de solista, orquesta y director que de a poco van creando la enorme tensión disuelta con vigor al final. Que Sebastiani ya no ofrezca la frescura técnica de otras épocas, puede ser, pero queda el señorío, la maravillosa madurez de su toque sabio y profundo que supo mantener la línea a despecho de un estentóreo e inesperado aplauso al final del primer movimiento capaz de quitar la concentración al más pintado.

Cerca de la solista y pensando en ella seguramente, Alonso Crespo descubría los detalles internos de la obra que por lo general se dejan de lado, por obviedad tal vez, por el conocimiento del público o porque simplemente a otros directores pueden no interesarles. Pero fue feliz la decisión directriz de mostrar estos aspectos que pueden parecer pequeños pero que no lo son y que sirvieron, además, para evitar entradas a destiempo o faltas de ajuste. Magnífica pues, esta nueva visita de Sebastiani.

Antes de Grieg, una breve obertura de Alonso Crespo que despierta la inquietud de conocer la ópera a la que pertenece, basada, como cuenta el autor en el programa de mano, en los premonitorios y trágicos sueños de una adolescente que recibe los mensajes de la protagonista 'Yubarta', una ballena que observa un mundo cada vez mas confuso y hostil. Lucido el pasaje a cargo de la violista Ana Bivol.

Para el final, Alonso Crespo condujo de manera amplia y fervorosa la Octava sinfonía del checo Dvorak, continuando con el ciclo destinado a conmemorar los cien años de su muerte. De carácter pastoral, tiene claras diferencias con similares produccciones de Beethoven (Tercera), Brahms (Segunda), Mahler (Cuarta), Procofiev (Séptima), Bruckner ('Romántica'), Mendelssohn ('Escocesa') o Schumann ('Primavera'). La obra, de aparente sencillez, tiene un alto grado de exigencia interpretativa bien resuelto por el maestro Alonso Crespo que usó, como en Grieg, el mejor tempo posible con un brioso allegro, un adagio de confiado carácter, un allegretto expresado por un típico vals de su tierra para finalizar de manera monotemática desarrollada en un buen número de variaciones. El maestro Crespo fue un conductor apreciado por su detallista preparación.

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