Chile

El holandés baja a tierra. Cuando la régie no se lleva con el argumento

ClasicayOpera.cl
jueves, 14 de octubre de 2004
Richard Wagner © Dominio público Richard Wagner © Dominio público
Santiago de Chile, lunes, 4 de octubre de 2004. Teatro Municipal de Santiago. El holandés errante, ópera en tres actos de Richard Wagner. Juan Culo, régie y escenografía. Richard Paul Fink, Holandés. Janice Baird, Senta. Stanislav Shvets, padre. Luis Olivares, timonel. Claudia Godoy, Mary. Coro y Orquesta Filarmónica de Santiago. Frank Beermann, director musical.
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Trazada ya la recta final del año lírico 2004, el Teatro Municipal de Santiago presentó una versión con altibajos de El Holandés Errante, ópera fundamental del repertorio wagneriano, piedra fundacional de sus relevantes aportes a la historia de la música y al desarrollo de la estética musical romántica y contemporánea. A pesar de todo lo anterior, El Holandés no es una de las óperas más interpretadas del músico y dramaturgo alemán, reponiéndose en Santiago después de más de diez años.

Dirigió la Orquesta Filarmónica de Santiago el maestro estadounidense Frank Beermann, que logró dispares actuaciones de parte de la agrupación y propuso versiones distintas en diferentes funciones, generando algo de desconcierto entre quienes asistimos a más de una presentación. Así, cuando la versión de la obertura en el estreno internacional fue pesante y excesivamente lenta y muy seria, la versión del estreno de 'Encuentro con la ópera' fue brillante, logrando generar el ambiente turbulento que enmarca todo el desarrollo del drama. El rendimiento de la Orquesta fue similar, mostrando gran cantidad de equivocaciones durante la primera función, sobre todo en los bronces, que tienen un rol fundamental en esta partitura (atribuibles posiblemente a la falta de ensayo con el director). Dos funciones después, la Orquesta funcionó mucho mejor, mostrando el buen nivel alcanzado en las últimas interpretaciones. Las intervenciones del Coro fueron mucho más estables y muy destacables, sobre todo en el caso de los fragmentos de coro masculino.

La régie y la escenografía son los elementos del montaje que más discusiones han generado. Y hay muchos aspectos qué destacar en este caso, algunos muy discutibles y otros, al menos en mi opinión, muy positivos. Entre estos últimos, el juego de planos sucesivos que interactúan entre sí en momentos cúlmines de la ópera, como la tormenta al iniciar el primer acto o el canto de los marinos espectrales al promediar el tercero, generan un efecto muy atractivo. Asimismo, los movimientos del elenco sobre el escenario (los coros de hombres sobre todo) resultan, en general, positivos para el desarrollo de una obra ágil pero que con gran facilidad podría caer en un letargo hastiante.

Por cierto los aspectos negativos a destacar son aquellos donde se afecta el argumento de la ópera, que a pesar de muchos es tanto o más importante que su aspecto musical. Por cierto, el hecho que los protagonistas no mueran al final sino que se abracen a modo de happy ending holywoodense, no tiene sentido alguno ya que contradice el argumento (que finaliza con el sacrificio de Senta, que permite la redención del Holandés) y pisotea el ideal wagneriano (pilar de su filosofía), por el cual el amor debe consumarse en la muerte, momento de purificación del alma.

Dejaré de lado lo más discutido, aquello de poner a un joven Wagner sobre el escenario, configurando la propuesta una patente referencia a los conflictos de amor entre Richard, Cossima (su mujer) y von Bülow (un influyente director musical de la época). No me interesa emitir opinión sobre este tema, sobre todo porque es parte de la propuesta en sí y, aunque se pudiera opinar positiva o negativamente de la visión del regie y escenógrafo, Juan Culo, no llegaría a más que admitir que tenemos opiniones distintas y que, más allá de todo, no puede asegurarse que una sea la correcta; si así no fuera no existirían los régies.

El Holandés del primer elenco fue Richard Paul Fink, en mi opinión, de muy buena actuación, tanto en lo musical como en lo escénico, donde convence bastante con su interpretación. Su voz es potente y grande y tiene mucha expresividad; Fink es capaz de mostrar numerosos colores vocales y representar así de gran forma los distintos estados de ánimo que asaltan al protagonista de la ópera durante el desarrollo del argumento.

No le caben tantos halagos a la Senta de Janice Baird, poseedora, sin duda, de una voz grande y muy potente en los agudos. Sin embargo, su timbre no resulta agradable y se la ve forzada en muchos pasajes, hecho que se exterioriza a través de sus facciones y sobre todo de su cuello, que se ve estático y forzado. Stanislav Shvets, por último, convence en lo vocal (aunque no tiene un bonito timbre de voz), aunque no en lo escénico, ya que no entra bien en el personaje, que se ve desdibujado en cuanto 'padre' de la protagonista y termina pareciendo mucho menor que ella. Falla aquí el physique du rôle.

Luis Olivares y Claudia Godoy, ambos chilenos, en los papeles del timonel y Mary, tuvieron excelentes participaciones. Sobre todo en el caso de Olivares, destacó lo vocal (el timonel posee uno de los fragmentos más íntimos de la partitura, durante el primer acto), por su limpieza técnica, colocación y timbre.

La versión de “Encuentro con la ópera” fue bastante más pareja en cuanto a los papeles protagónicos y pareció funcionar más unificada. En este caso, todos los protagonistas observaron buenas actuaciones en lo escénico y lo vocal, destacando Thomas Jesatko, que encaró de muy buena forma el rol del 'Holandés'. Katia Beer mostró una voz más natural y mejor colocada, así como un timbre mucho más agradable que la Baird, aún cuando es claro que no tiene su potencia vocal y seguridad en la emisión. Quisiera, nuevamente, destacar la participación de los dos únicos chilenos del elenco, Jaime Caicompai y Evelyn Ramírez, de muy buen desempeño.

Por cierto que montar El Holandés Errante no es un juego de niños, como no lo es ejecutar ninguna de las partituras de Wagner. Así, el Municipal logró conducir este barco por entre turbulentos pasajes para lograr, al final de la jornada, versiones que, aun cuando no resultan destacables, salen a flote.

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