Chile

Caciuleanu y su homenaje a Ernst Uthoff

ClasicayOpera.cl

jueves, 16 de diciembre de 2004
Santiago de Chile, jueves, 9 de diciembre de 2004. Centro Cultural Matucana: Ballet Nacional Chileno. Gigi Caciuleanu, director y coreógrafo. Saxographie
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Recuerdo haberle hecho una entrevista a Gigi Caciuleanu (director del Ballet Nacional Chileno) hace ya un par de años, cuando la noticia era el abortado intento de montar junto a su cuerpo de baile la Carmina Burana de Ernst Uthoff. Recuerdo muy nítidamente también el sentimiento de desolación de este maestro rumano nacionalizado francés, al constatar que tenía serios problemas para llevar a escena el sentido homenaje que él quería hacer al ya fallecido maestro, fundador del BANCH, montando su más emblemática coreografía. Lo más extraño del caso era que quienes más se oponían a aquello eran los familiares de Uthoff, que, en un acto inaudito, protestaron ácidamente y con tal llegada que Gigi decidió desistir de su proyecto cuando ya había sido anunciado oficialmente.

Finalmente, los caminos se despejaron y la coreografía de Carmina Burana vio la luz este mes de noviembre de 2004, gozando de todo el esplendor que se merecía, al contarse para su interpretación con los tres cuerpos estables de la Universidad de Chile (la Orquesta Sinfónica, el Coro Sinfónico y el Ballet Nacional), en las presentaciones más magníficas (creo yo) de las que el Teatro Universidad de Chile tenga memoria.

La interpretación fue simplemente maravillosa, pues se sumaron la grandiosidad y el atractivo del oratorio de Carl Orff, la propuesta estética de la coreografía y su puesta en escena y la perfección interpretativa que consiguieron todos y cada uno de los músicos y bailarines que en ella participaron. Pocas veces recuerdo en las que he alabado la perfección en la interpretación de una obra de este calibre; me alegro que pocas sean pues esta es una de ellas y realmente merece la mención.

Reconforta, realmente, encontrarse con una coreografía como esta, donde la acción y los requerimientos técnicos son sobrepasados por la propuesta estética. La danza se alimenta de esto último. La coreografía para Carmina Burana, de Ernst Uthoff, resulta, a pesar de los años, muy actual. El tratamiento de los personajes y la acción se ubica en un plano de exaltación de lo onírico, desechando la estética tradicional plana, y moviéndose a una mucho más simbológica. Los movimientos muy “cuadrados” de los personajes sobre el escenario, como si de muñecos articulados se tratara, refiere a una estética mucho más icónica (por definirla de alguna forma) y, como decía antes, mucho más moderna.

En el Ballet se lee impreso el sello de Gigi Caciuleanu, sobre todo en la perfección de la ejecución (que se agradece sobremanera en los cuadros grupales) y en el compromiso de los bailarines con cada uno de sus movimientos. Destacó especialmente la bailarina Paola Moret, una de las figuras de mayor crecimiento en el BANCH, que encarnó con delicadeza y ternura máximas el rol de La Doncella, que ejecutó brillantemente con un gran dominio, que al menos yo no le conocía, de la técnica de danza clásica. Moret se perfila con este rol, indudablemente, hacia un segundo Altazor y, seguramente, a un APES. También brillaron Alfredo Bravo, como el Doncel y especialmente Alex Gauna, que jugó a El Bufón con gran clase y dominio del rol.

En el aspecto musical destacó la magnífica versión propuesta por David del Pino, que ofició de director general en este aspecto. Brillaron entonces los colores orquestales que posee la obra, que genera verdaderos ambientes dentro de los que se desarrolla el argumento, y la cuidada dinámica, que contribuyó grandemente a extraer la expresividad dramática que posee la partitura. La actuación del Coro Sinfónico fue simplemente espléndida, destacando las cuerdas femeninas, por la perfecta colocación y afinación y uniformidad de sus voces, que las hicieron lucir como una única gran voz, finalidad última del trabajo coral pero que, lamentablemente, no suele concretarse. Las cuerdas masculinas tuvieron también momentos memorables, aún cuando se fueron algo de tempo en varias ocasiones.

Los solistas musicales tuvieron extraordinarias participaciones, cada uno en su especialidad. Destacó, por ejemplo, la destreza vocal y la gran expresividad del barítono Igor Concha, que se paseó sin problemas por fragmentos de muy variados estilos, llegando incluso a tener que utilizar el falsete hacia el final de la obra, prueba que superó sin mayores contratiempos. En el caso de Moisés Mendoza no puedo decir mucho acerca de su vocalidad, pues (seré sincero) no manejo la técnica que aplican los contratenores. Sí puedo decir que se lo escuchó muy bien y destacar el hecho que estemos escuchando un contratenor como solista en Santiago cuando se trata de un hecho muy poco habitual. Por último, Pilar Aguilera dio muestras claras de su impecable técnica y de su dominio de todo el registro (aún cuando llegó algo calante y asustada a los sobreagudos del final). Su voz, potente y bien colocada, tiene un muy bonito timbre que resulta muy atractivo.

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