Poderes de la imagen

La Toma del Desierto. Sobre la auto-referencialidad fotográfica

Verónica Tell

jueves, 23 de diciembre de 2004
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Y, sin embargo, lo que decide siempre sobre la fotografía es la relación del fotógrafo para con su técnica. Walter Benjamin1.

El Desierto como “vacío de civilización”2. El mismo sustento ideológico que dio lugar a esta expresión es el que sostuvo que la ‘barbarie’ debía ser desplazada por la ‘civilización’. El trasfondo utópico para la conquista del aquel desierto era el deseo de una incipiente modernidad, que implicaba, en lo económico, la anexión de nuevos territorios al sistema productivo agroexpotador y capitalista.

Este trabajo pretende dar cuenta de los modos en que han funcionado las imágenes fotográficas tomadas durante la “Conquista del Desierto”. Producto de una tecnología moderna y productora de representaciones, la fotografía debe ser analizada considerando su especificidad técnica. A partir de esta elemental premisa se estudiará cómo – tanto desde lo dado a ver como desde el sistema de construcción – ciertas imágenes han activado discursos modernizadores.

En 1879 el fotógrafo Antonio Pozzo y su ayudante Alfredo Bracco se agregaron a la incursión comandada por el Gral. Roca. Luego, los ingenieros Carlos Encina y Evaristo Moreno se sumaron como topógrafos y agrimensores3 a la Expedición a los Andes de 1882-1883. Ambos poseían además conocimientos y equipos fotográficos. Estos fotógrafos han dejado una serie de imágenes como registro de las campañas que se presentan no sólo como documentos – categoría ésta que tendremos que revisar – sino como discursos sobre el medio fotográfico mismo.

En una valiosa revisión de la categoría de lo ‘documental’ aplicada a la fotografía, Abigail Solomon Godeau hace notar que tal concepto no fue empleado hasta los años ’20, concluyendo que su uso tardío implica que la fotografía era antes entendida como inherentemente documental y que la misma noción de ‘fotografía documental’ hubiera parecido tautológica4. Sin dudas, el disparador de tal concepción acerca de lo documental es lo que Barthes ha definido como el noema de la fotografía, el esto ha sido – esto es la imprescindibilidad de la reunión en un mismo tiempo5 y espacio de la cámara y del objeto fotografiado – y la construcción por medio del proceso fotográfico de un analogon de lo real. Sin embargo, es evidente la distancia entre la idea de ‘documento’ y la de analogon. En palabras del propio Barthes:

“La paradoja fotográfica sería entonces la coexistencia de dos mensajes, uno sin código (sería el análogo fotográfico) y el otro codificado (sería el ‘arte’, o el tratamiento, o la ‘escritura’ o la retórica de la fotografía (…) el mensaje connotado (o codificado) se desarrolla aquí a partir de un mensaje sin código.”6

 Antes de entrar de lleno en las connotaciones – o discursos – vale hacer un último comentario acerca de lo ‘documental’. Aún asumiendo críticamente este término, creo válido interpretar que la posibilidad de pensar en la creación de un documento hace a la modernidad de la fotografía. La noción misma de ‘documental’ está ya cargada de sentidos al estar sustentada en usos y prácticas históricas e ideológicas. De aquí que la crónica de una vida común, de sucesos históricos relevantes para un grupo o nación, implica la concepción moderna de ciudadano y de historia. A partir de la factibilidad de un registro bidimensional analógico el medio fotográfico alcanza, en última instancia, la realización de su propia modernidad.

Asumimos que cualquier ‘registro’ – por evitar en adelante el ambiguo término de ‘documento’ – se constituye en base a un recorte. A la elección de lo representable se le suma como nuevo recorte el modo de representación. A estas formas de connotación internas de la imagen, se agregan dos modos externos de producción de sentido: el orden en que se presentan las fotografías y los epígrafes que acompañan las imágenes. Es bajo estos presupuestos que analizaremos algunas de las fotografías de Pozzo, Encina y Moreno, intentando delinear las maneras en que diferentes elementos guían una lectura determinada de las imágenes.

Encina y Moreno confeccionaron dos álbumes fotográficos de 100 páginas cada uno con el material recopilado, dedicados al “Exmo. Señor Presidente de la República Teniente General D. Julio A. Roca” con fecha de 18837.  Exceptuando la primera página del primer álbum –con un plano del Territorio Nacional del Neuquén y Limay– todas las demás consisten en una fotografía acompañada por un epígrafe explicativo.

Las fotografías del lugar de arribo, Carmen de Patagones, inauguran el primer álbum. Se suceden luego las imágenes según el itinerario de la expedición: paisajes, fortines, pueblos, colonos e indios van alternando su presencia. Entre estos temas, es clara la preeminencia de paisajes y es que ciertamente, como topógrafos y agrimensores, el registro fotográfico de la geografía primaba por sobre el relevamiento de la empresa militar. Estas fotografías son mayoritariamente vistas amplias, abarcadoras. Con cierta frecuencia, incluso, los límites impuestos por el ángulo de visión de la cámara son subvertidos en la edición de los álbumes al colocar en páginas sucesivas continuaciones de una misma vista. Mediante estas “panorámicas por adición” se construye un paisaje integral que la fotografía no puede relevar más que por acumulación de puntos de vista. Sin embargo, a este sistema se agrega otro que ofrece una aprehensión sinóptica y totalizante: el mapa. La primera lámina del primer álbum es, como dijimos, un plano de la región. Estos dos sistemas de representación tienen el común objetivo de racionalizar el territorio. Así como las referencias del mapa son exclusivamente geográficas – no aportan datos referidos a la campaña militar – los epígrafes de las vistas anclan las imágenes en el campo del discurso científico. La dirección en que está tomada la fotografía está siempre indicada. Frecuentemente está aclarada también la altura barométrica y en algunos casos datos como “formación basáltica” o apreciaciones como “campo de primera calidad” están igualmente consignados. Estas señalizaciones textuales develan pues las prácticas que sostienen la realización de las fotografías e, igualmente, los usos a que están destinadas.

Así, las elecciones de los fotógrafos – desde las tomas hasta la edición de los álbumes – están guiadas en buena medida por criterios extra-estéticos. Las fotografías mismas, por la amplia representación de los paisajes, están al servicio de un discurso descriptivo-cognitivo. En este sentido, resultaría impropio denominar a estas vistas como “paisajes” pues, implicaría, como señala Rosalind Krauss, aplicar un género del discurso estético a fotografías ancladas en el discurso científico8. Se debe tener en cuenta la base proyectual de estas imágenes fotográficas: atravesadas por las condiciones de una práctica científica, las connotaciones de estos registros fotográficos derivan, en última instancia, de una serie de presupuestos políticos e ideológicos: la política de ocupación y explotación territorial y la ideología del progreso que la sustenta.

Registro del paisaje como objeto de conocimiento y también como lugar de inflexión histórica entre un pasado bárbaro y un presente que arrima la civilización. Pero también, y lo veremos ahora, registros del sitio desde el cual los fotógrafos mismos se presentan como sujetos de la historia de la que a la vez se asumen como testigos.

Al regreso de su viaje de 1879, Pozzo confeccionó un álbum con 53 fotografías seleccionadas. En su mayor parte son imágenes de fortines, soldados e indios. Las diferencias temáticas con respecto al trabajo de Encina y Moreno responden en buena medida a una distinta práctica profesional. Pozzo contaba ya en el momento de este viaje con una importante trayectoria como fotógrafo. Era considerado uno de los grandes retratistas de Buenos Aires – los retratos de Urquiza, Sarmiento, Mitre, Alsina, entre otras importantes personalidades dan fe de esa fama – y hacia 1862 había abierto el “Estudio Alsina”9. Fue allí donde realizó unos retratos del cautivo cacique Pincén , un año antes de emprender el viaje al Río Negro10.

Aquí también las fotografías se abren a un discurso extra-estético, pero en este caso, el eje de las connotaciones es político más que científico. Sin embargo, nos abriremos momentáneamente de las consideraciones apologéticas de la Conquista del Desierto en las fotografías de Pozzo para detenernos en ciertas imágenes que remiten a la propia lógica fotográfica. Solomon Godeau afirma que: “Sumado a la significancia del asunto en el nivel de denotación y connotación y a la significancia producida por factores contextuales, están aquellos elementos proporcionados a través de los mecanismos internos del aparato que también sirven para estructurar sentido”11. Solomon Godeau asume que de estos mecanismos probablemente el más importante sea el ‘efecto de realidad’ del que habla Barthes, efecto originado en la coincidencia del punto de vista del fotógrafo, de la cámara y del espectador y en la sensación de auto-generación de la imagen debido a la ausencia de marcas sobre su realización. De este efecto de lo real derivaría la atribución del mítico valor de ‘transparencia’ de la imagen fotográfica.

Es interesante observar en ciertas ocasiones la contravención de ese ‘efecto de realidad’. En varias fotografías de grupos, por ejemplo, los rostros frecuentemente girados a la cámara denuncian su presencia. Esta observación, en apariencia pueril, revela sin embargo cierto interés. No se trata sólo de saber que la cámara estuvo allí – saber elemental para cualquier observador de cualquier fotografía– sino de su confirmación a partir de los rostros de quienes observamos en la fotografía. Estos rostros y poses son el no ocultamiento del modo de construcción de la imagen fotográfica y por tal mostración se evidencia su existencia como imagen. En otras palabras: la idea de representación como reflejo o ventana se extravía al mostrarse la imagen como un objeto construido, como un nuevo objeto12.

Retomemos sobre este punto a Louis Marin quien distingue entre dos dimensiones para todo enunciado: una dimensión transitiva, en que la representación aparece como sustitución de lo ausente –el ‘efecto de lo real’ barthiano implica esta dimensión– y una dimensión reflexiva donde toda representación se presenta representando algo13. Al manifestar su modo de realización, estas imágenes se alejan de aquel mito de ‘transparencia’ evidenciando, a cambio, el componente autorreferencial.

Siguiendo esta dirección, otra serie de imágenes es especialmente reveladora: dos de Encina y Moreno y tres de Pozzo donde aparece la sombra de la cámara. Las de los ingenieros son dos tomas de una misma escena: en primer plano –obviamente– las sombras de la cámara, parte del torso y cabeza del fotógrafo aparecen en el centro de la imagen, donde, en ordenada hilera delante de unas construcciones, se alinean los hombres uniformados. Son tomas que utilizan el mismo recurso que había empleado Antonio Pozzo cuatro años antes, donde las sombras de cámara y fotógrafo aparecen en el centro de la imagen. Sobre ellas convergen las diagonales y detrás los soldados alineados frente a los fortines forman una hilera casi perfectamente perpendicular a la cámara, en confluencia con la línea de horizonte. En las tres fotografías de Pozzo esta aparición en el campo visual de lo que está fuera de él (el dispositivo fotográfico y Pozzo como parte de éste y como sujeto firmante a la vez, según veremos) son preeminentes en la composición, mientras que en aquellas de los ingenieros la sombra aparece de manera más parcial y menos destacada.

Nos resulta poco viable atribuir estas sombras a un descuido –o exclusivamente a un descuido–. Sí, en cambio, podemos distinguir entre dos tipos de tomas en que aparecen las sombras: aquellas donde no es posible su eliminación (es el caso de las del cuartel, con la formación del regimiento en un horario específico –el epígrafe mismo de las imágenes de Encina y Moreno indica que los soldados están a la espera de la puesta del sol–) y aquellas (solamente en la producción de Pozzo) en que un corrimiento de la toma o del horario hubiera sido posible sin perder el objeto a fotografiar. Por otra parte, se debe considerar en este punto –y más allá de la intencionalidad al momento de la toma– que no se trata de imágenes sueltas, sino de imágenes que fueron seleccionadas para hacer parte de álbumes y que por lo tanto los mismos realizadores han optado por la inclusión de sus sombras en la edición14.

En estas representaciones tanto la dimensión transitiva como la reflexiva remiten a la fotografía misma. Se trata, en definitiva, de una autorrepresentación desde una doble vertiente: incluyen mediante esta sombra de la cámara y fotógrafo la visualización de los medios que hacen posible a la Fotografía y develan, por otra parte, su propia situación de producción. ¿Qué implica pues esta autorreferencia del medio fotográfico en el contexto de un álbum dedicado a una conquista militar?

En su forma más evidente e inmediata asumimos que se trata de una atribución de autoría. Pero sobre este punto hay algunas nuevas diferencias entre los dos grupos de álbumes y realizadores. Los ingenieros se instituyen como autores de las imágenes y paralelamente como sujetos de la expedición. Según indican los epígrafes, hay en los álbumes tres fotografías de sus campamentos, en una de las cuales aparece una cámara fotográfica montada sobre un trípode. A partir de estas tres imágenes en las que ellos son el ‘tema’, se afirman como autores de todas las fotografías de los álbumes. Por otra parte, un epígrafe correspondiente a una fotografía de un río, dos botes y unos pocos personajes dice: “Vista del fuerte ‘4ta División’. Botes en que se descendió el río Neuquén en Mayo del 1883 con motivo de la enfermedad del jefe de la expedición, Ingeniero Carlos Encina. Cerro de Tromen.” Los ingenieros son aquí sujeto, haciendo funcionar de este modo los álbumes también como una suerte de diario de viaje. Utilizan pues otro modo de representación de sí mismos que se sostiene en ambos casos (en la imbricación autor-sujeto) desde lo dado a ver en las representaciones. Al instalarse como sujetos de la expedición se convierten asimismo en objeto de su propio discurso. Como a los grupos que posan con sus lanzas o sus fusiles y que miran a la cámara, ellos mismos se fotografían –a ellos o a sus asistentes, o a sus pertenencias– instalándose como objeto de su propia mirada y del dispositivo fotográfico que detentan.

Así, los ingenieros recurren a diferentes sistemas de autorrepresentación (incluyendo el textual en el epígrafe mencionado). Pozzo, en cambio, se instaura solamente como sujeto de la enunciación, posición ésta que afirma –conciente o inconcientemente– sólo a partir de la especificidad del medio fotográfico. Se trata de un sustento autoral del discurso desde su propio campo de operación, de una firma en y desde el medio fotográfico. Podemos asumir este hecho como una afirmación de su savoir faire en una actividad en la que estaba ciertamente afianzado, pero donde una fuerte demanda y una abultada competencia requería por otra parte la consolidación cada vez mayor de su profesionalidad. Por otro lado, esa concurrencia pudo demandar de Pozzo una nueva firma: presente sólo en las copias de uno de los ejemplares del álbum aparece un sello aplicado durante el copiado desde el negativo15. En la fotografía del cuartel éste se ubica, significativamente, sobre la sombra de su cámara.

En estas imágenes se arma un complejo discurso sobre el medio fotográfico. Si nos preguntamos sobre el tema central de la representación en la fotografía del cuartel, la preeminencia de la silueta de la cámara nos lleva a considerar a la imagen toda como señalización de la sombra de la práctica. Es desde ese lugar que se sustenta la autoría y es igualmente el sitio desde donde se legitima el discurso. Dice Barthes: “la esencia de la fotografía consiste en ratificar lo que ella misma representa”16, pero agreguemos que en la medida en que expone certidumbre de que aquello ha sido, la fotografía se adjudica su propia autentificación. Así, este discurso fotográfico apela, en última instancia, a la legitimación paralela de lo representado y del sistema de representación.

Esta autorrepresentación nos devuelve sobre el dispositivo y sobre el autor y nos ubica como espectadores en el mismo lugar del fotógrafo, situación por otra parte propiciada por la coincidencia de los tres puntos de vista (fotógrafo, cámara y observador). Este hecho está enfatizado por las miradas de quienes aparecen en la fotografía: imagen mediante, se construye la situación de observadores observados. ¿Y qué ve el espectador a través del sistema de representación, sino su posición como detentor, si no real, sí al menos virtual e ideológico de tal sistema? En otras palabras, es conocedor de un código que no lo deja al margen del juego de fuerzas que se está diseñando a partir de las representaciones.

Se da aquí una particular forma de mise en abîme que pone en escena no una nueva representación sino lo que está fuera del campo y, de manera sintomática, lo que hace posible la representación. Estas sombras funcionan como sinécdoque de la Fotografía, figura retórica especialmente reveladora, pues toma cuerpo mediante aquel factor que la hace posible: la luz. Y por otra parte, la sombra une en una única figura al hombre y su cámara. Puro contorno, ella pone en evidencia que ambas partes son el dispositivo fotográfico17.

Como ha señalado Marta Penhos con respecto a “la fotografía [que] dispara sobre el indio”: “se destaca como instrumento de civilización, que contribuye a comprender y dominar al otro que se le opone.”18 Podemos asumir, entonces, que este dominio sobre el indio y sobre el territorio, según hemos consignado, se apoya no sólo en la representación sino en la imagen fotográfica evidenciada como objeto construido. La explicitación del dispositivo deja al desnudo la dimensión significante del mismo. Un sistema significante histórico e ideológico, occidental y civilizado. Un aparato de construcción de representaciones que se legitima a sí mismo y que desde su puesta en marcha implica la resignificación de lo representado. Sobre este sistema de apropiación a partir de la autorreferencialidad fotográfica vienen a confluir, además, otras operaciones de connotación: desde lo visual –en el caso de las vistas amplias– y desde lo textual en los epígrafes.

Estos trabajos ponen en juego la ‘documentación’, la firma autoral y el dispositivo fotográfico como sitios de la modernidad. De este modo, y actuando dentro de un amplio espectro de sistemas de dominación por vía de la representación, el medio fotográfico aparece imbricado como anticipación y símbolo del arribo de la técnica como fase inaugural de la civilización.

Notas

Benjamin, Walter, “Pequeña historia de la fotografía” en Discursos Interrumpidos I, Buenos Aires, Taurus, 1989.

Bandieri, Susana, “Ampliando las fronteras: la ocupación de la Patagonia.”. En: Lobato, Mirta Zaida, Nueva Historia Argentina. Tomo 5. El progreso, la modernización y sus límites (1880-1916). Buenos Aires, Sudamericana, 2000. p. 129.

Cutolo, Vicente O., Nuevo diccionario biográfico argentino. Buenos Aires, Elche, 1985.

Solomon-Godeau, Abigail, “Who is speaking thus?” en: Photography at the Dock. Essays on Photography History, Institutions and Practices. Minneapolis, University of Minnesota Press, 1997, pp. 169-170.

El concepto de tiempo en relación con las innovaciones tecnológicas de fin de siglo XIX es estudiado por Stephen Kern (The Culture of Time and Space. 1880-1918. Harvard University Press, Cambridge, Massachussets, 1983). Podemos extender algunas de sus observaciones a la técnica fotográfica y asumir que la noción de “fotografía documental como tautología” de la que habla Solomon Godeau deriva, en buena medida, de la drástica reducción de los tiempos de producción de una representación a partir de la cual una imagen llamada “instantánea” se asocia con un exacto reflejo de lo real.

Barthes, Roland, “Le message photographique.” En: L’obvie et l’obtus. Essais critiques III, Paris, Editions du Seuil, 1992, p. 13.

Un ejemplar de cada uno se encuentra en el Museo Roca – Instituto de Investigaciones Históricas.

Krauss, Rosalind, “Les espaces discursifs de la photographie”. En: Le photographique. Pour une théorie des écarts. Paris, Macula, 1990.

Gómez, Juan, La fotografía en la Argentina. Su historia y evolución en el siglo XIX. 1840-1899, Buenos Aires, Abadía Editora, 1986, p. 169.

Estos retratos de Pincén y otras fotografías de indios tomadas por Pozzo durante la expedición de 1879 son analizados por Marta Penhos en: “La fotografía del siglo XIX en la construcción de una imagen pública de los indios”. En: El arte entre lo público y lo privado. VI Jornadas de Teoría e Historia de las Artes. Buenos Aires, CAIA, 1995, pp. 79-89.

Solomon-Godeau, Abigail, “Who is speaking thus?”. Op. cit., p. 180.

Si bien la mirada a cámara es lo más frecuente en la fotografía de la época y los tiempos de exposición estaban lejos de posibilitar una fotografía que tomara “por sorpresa” a los retratados, también es cierto que existen fotografías contemporáneas que han buscado disimular el mecanismo fotográfico. Damos como ejemplo cercano las fotografías tomadas por Julius Popper en 1886 en Tierra del Fuego, donde se escenifican batallas contra los indios.

Marin, Louis, Le portrait du roi, Paris, Editions de Minuit, 1981, pp. 9 y 10.

Más allá de evaluar estas fotografías como buenas o malas realizaciones o de medir el grado de intención en la aparición de las sombras (hecha la distinción entre los casos forzados y los no forzados –deliberados o no–), asumimos que la evidenciación del proceso fotográfico toma la forma de discurso subyacente y aún lo que pudiera atribuirse a un descuido es parte –y no la menos interesante y significativa– del mismo.

Ejemplar de la colección del Museo de la Casa Rosada.

Barthes, Roland, La cámara lúcida. Op. cit., p. 149.

Es interesante asociar esta idea del hombre en fusión con la tecnología con la imagen del hombre en bicicleta “There is not two different things like man and horse. There is not a man and a machine. There is a faster man.” (Leblanc, Maurice, Voici des ailes! Cit. en Kern, Stephen, op. cit.).

Penhos, Marta, “La fotografía del siglo XIX en la construcción de una imagen pública de los indios”. Op. cit. p. 118

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