España - Navarra

¡Cuántos quisieran una mercancía como esta!

Salvador Aulló
viernes, 7 de enero de 2005
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Pamplona, viernes, 17 de diciembre de 2004. Baluarte. Elizabeth Cragg (s), Lorna Anderson (s) Matthew Beale (t) y Stephen Varcoe (bj). Orfeón Pamplonés, director: Alfonso Huarte. Orquesta “Pablo Sarasate”. Director: Marco Guidarini. Joseph Haydn: Sinfonía Nº 26 en re menor, “Lamentación”, de Joseph Haydn. Wolfgang Amadè Mozart: Misa en do menor, “La grande”. Quinto concierto de abono de la Orquesta “Pablo Sarasate”.
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Esta vez hubo más público que de costumbre, hasta casi conseguir el lleno, no se sabe si porque, además de concierto normal de temporada, era benéfico o si la culpa la tuvo el Orfeón Pamplonés. Seguramente por ambas cosas.

No cabe duda de que el Orfeón Pamplonés, con sus ciento y pico años de historia tiene muchas personas que han cantado en él y se sienten integradas. Muchos de ellos siguen viviendo en Pamplona y acuden a cuantos actos pueden, queriendo apoyarlo con su presencia y soñando con “sacarlo a hombros” cada vez que actúa.

Tengo que confesar mi debilidad por esta masa coral, mi ojito derecho le llamo, porque se lo merece y me explico: El teatro de la Zarzuela tiene un buen coro, estupendamente dirigido por Antonio Fauró, el teatro Real también tiene un buen coro, y el Coro Nacional, forma con la Orquesta Nacional esa fuente de problemas que todos conocemos. Todos ellos son profesionales, todos cobran y me parece muy bien, pero los componentes del Orfeón Pamplonés, y aprovecho para rendir homenaje a todas las masas corales en similares circunstancias, no cobran. Son personas que después de su trabajo, ensayan, luchan y lo dan todo por su Orfeón. Y encima, como he dicho en alguna ocasión, me lo juego con el mejor de ellos y no pierdo. Este es el Orfeón Pamplonés, el que junto a su director, Alfonso Huarte, está a la altura de su historia sin perderse en aventuras de protagonismo personal.

La Orquesta “Pablo Sarasate” es una orquesta de profesionales que cumplen con su obligación de estar bien, algunas veces a pesar de su director. Otra institución centenaria que ha pasado por momentos de todo tipo.

Pero vayamos con el concierto, en el que se nos advertía que en la segunda parte no se iba a interpretar el ‘Agnus Dei’, a pesar de estar en el programa de mano, porque se había optado por ofrecer lo que realmente se atribuyó a Mozart en su momento.

Visto esto, toca contar que si corta se nos hizo la vigésimo sexta sinfonía de Franz Joseph Haydn con sus aproximados 17 minutos de duración, tan cortos se nos hicieron los 55 minutos de la Misa de Mozart. Juntar en un concierto a Haydn y Mozart, admiradores el uno del otro, es un valor tan seguro como reunir a Händel y Bach (y Bach solo hay uno, a los demás hay que ponerle el nombre delante).

Haydn, el compositor de 109 sinfonías, además de otra gran cantidad de obras de todo tipo, nos dejó en su “Lamentación” una obra que utiliza melodías gregorianas en sus dos primeros movimientos. La compuso entre 1768 y 1769 y no se conserva su original.

Mozart compuso esta Misa en Do mayor, llamada “La grande”, no por encargo sino como una especie de acción de gracias por su matrimonio con Constance, la que quiso para cuñada primero y que, por maniobras de su suegra, tuvo que querer para mujer cuando Aloysia, la que pretendió como esposa, lo dejó plantado y se casó con otro. Quizá porque debió darse cuenta de que no había muchas gracias que dar, la dejo inconclusa.

Orquesta y director: Como hemos dicho la Pablo Sarasate es una buena orquesta que cuando hay un buen director con ella se crece y llega a ser de primera. En esta ocasión no llegó, pero se le acercó. El director tiene una forma de dirigir a la que hay que acoplarse. ¿Ustedes se imaginan a la muñeca de Los cuentos de Hoffmann dirigiendo? Pues de esa forma dirige Marco Guidarini, con movimientos mecánicos y a saltos. Pero la capacidad de la orquesta supo acoplarse a esa forma de dirigir, como se ha adaptado a los bailes de discoteca barata de su titular, y nos dió una versión muy aceptable de la sinfonía de Haydn y de la Misa incompleta de Mozart.

Los solistas: Menos conocidos las sopranos Elizabeth Cragg y Lorna Anderson así como el tenor Matthew Beale y más veterano el barítono Stephen Varcoe.

Stephen Varcoe tuvo el mérito de cantar con la voz forzosamente fría debido a su tardía entrada en la obra, el ‘Benedictus’, y tuvo el mérito de que no se le notara. Lo poco que cantó lo hizo de forma clara y contundente, con una buena línea de canto.

El tenor, Matthew Beale, interviene un poco antes, en el ‘Quoniam tu solus Sanctus’, pero no tiene ninguna intervención solo, como el barítono. Por costumbre les llamamos solistas para diferenciarlos del coro. De su voz se puede decir que promete aunque hay que guardar la ropa hasta oírlo en un aria o en un solo donde se le pueda juzgar mejor.

Entre las sopranos Elizabeth Cragg y Lorna Anderson hay que quedarse con la segunda por homogeneidad, claridad y limpieza de su emisión, aunque a veces se quedó corta en los graves. La primera tuvo ratos que parecía una y momentos en los que parecía otra, con algún que otro agudo chillón

El coro: En este concierto el Orfeón estuvo como acostumbra. Cantando compacto y unido, con el ritmo de las circunstancias del texto. Es sabido de sobra que la mayor parte del peso de la obra es de su responsabilidad, y no le vino grande; es más, la aceptó como un reto para mayores empresas a las que sus directivos deben llevarlo, si pueden y saben, claro. No voy a destacar este o aquel momento porque en todos supo plegarse a las circunstancias emocionales de cada uno de ellos. Fue un coro cuando lo tuvo que ser y fueron dos coros cuando así lo pedía la partitura, sabiendo, además, que el compromiso en una obra de este tipo es muy grande. La afición y la entrega de estos orfeonistas voluntariosos y voluntarios, es como para quitarse la boina, aún con el peligro de que se nos enfríen las ideas. Con una gran afición, como tantos otros, con una entrega ejemplar, como tantos otros, y con unos resultados que diría sin querer ofender a nadie, que para sí quisieran muchos otros. Es una pena que un Orfeón de esta categoría se quede toreando en plazas casi de segunda. ¡Cuántos quisieran una mercancía como esta!, para venderla como se merece.

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