España - Madrid

Tres horas de buena música, bien interpretada

Juan Krakenberger
martes, 1 de febrero de 2005
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Madrid, martes, 25 de enero de 2005. Fundación Carlos Amberes. Cátedra de Música de Cámara-Grupos con piano de la Escuela Superior de Música Reina Sofía. Profesora, Marta Gulyas. Tutor, Eldar Nebolsin. Obras de Beethoven, Brahms, Dvorak, Chopin, Haydn, Arensky, Smetana y Schumann. Asistencia: 95% del aforo
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Después de escuchar dos sesiones de cuartetos de cuerdas, y ahora una sesión maratoniana de música de cámara con piano, ya no me cabe ninguna duda de que tocar cuartetos de cuerda es muchísimo más difícil. Porque en la presente sesión se presentaron nada menos que nueve grupos, y todos hicieron buena música, tocaron en general muy bien, arropados por nueve pianistas estupendos. Algunas de las composiciones que oímos se escuchan con menos frecuencia, lo que tornó la larga sesión más interesante aún. La calidad de lo ejecutado nos brindó más que placer, hubo momentos de auténtica emoción. Llama la atención que todos los pianistas eran hombres, mientras que en las cuerdas las mujeres ganaron once a ocho a los varones.

Si, como apunté recientemente, los conservatorios nacionales concentran su actividad camerística sobre la música con piano, para acomodar a los alumnos pianistas, ¿cómo es que nunca oímos nada de algún grupo que destaque? Aquí se presentaron nueve de un total de veintidós formaciones: me imagino que las mejores, tal como debe ser. ¿No hay ‘mejores’ en los conservatorios?

Adapto la presentación de esta crónica a la forma maratoniana del concierto, para facilitar su lectura y comprensión. Los nombres de los intérpretes de los ocho tríos corresponderán a violín, violoncello y piano, respectivamente.

1) Ludwig van Beethoven, Trío en mi bemol mayor op 1 nº 1, movimientos 1 y 2, a cargo del Grupo Schumann: (Carolina Michalska, Helena Poggio y Vestrads Simkus). Esta obra, excepcional para un ‘opus 1’, tuvo una versión cuidada, muy bien fraseada por todos. La producción de sonido de la violinista podría mejorar, creo que es cuestión de los músculos del antebrazo y un codo demasiado bajo. Esto se notó sobre todo en los pasajes líricos del ‘Adagio cantabile’, que requieren un sonido más sostenido.

2) Johannes Brahms, Trío nº 2 en do mayor op 87, movimiento 1, a cargo del Grupo Arriaga (Rezan Kulibaev, Teresa Valente y Víctor del Valle). Esta obra, compuesta 30 años después del primer Trío, fue acogida desde su estreno como obra maestra, y este primer movimiento es, en efecto, de una fuerza poco común, muy exigente desde el punto de vista interpretativo. Considerando que el primer violín tiene apenas 16 años, su actuación sorprendió por la madurez con la cual encaró esta música. Sin duda la experimentada violoncellista Teresa Valente y el avezado pianista que es Víctor del Valle contribuyeron a este logro, por su buen quehacer. ¡Bravi!

3) Antonin Dvorák, Trío nº 3 en fa menor op 65, movimiento 1, a cargo del Grupo Brahms (Andrea Chiriac, Marco Fernández y Tsimur Shcharbakou). Se trata de una obra poco escuchada; sólo el Trío nº 4 (Dumka) se hizo famoso. Como siempre en la música de Dvorak, hay que ser muy dúctil con los tempi, que varían según el contenido de los pasajes, cosa que los jóvenes intérpretes supieron hacer con pericia. Este ‘Allegro ma non troppo’ tiene una coda bastante larga que termina en una stretta final. La interpretación fue excelente: el estilo bohemio fue bien captado y hubo perfecta coordinación en los cambios de clima.

4) Fryderyck Chopin, Trío en sol menor op 8, movimientos 3 y 4, a cargo del Grupo Schubert (Dobrochna Banaszkiewicz, Fernando Arias y Carlos Salmerón). Tampoco es muy conocida esta obra de juventud, compuesta a los 18 años de edad. A pesar de que, tal como era de esperar, el tratamiento del piano es más generoso, no obstante el joven Chopin hizo un esfuerzo notable de no subordinar demasiado a las cuerdas, lo que se nota ante todo en el movimiento lento. La coda de este movimiento es un tanto pobre. El ‘Finale’ tiene todas las características de un concierto de piano. Aquí evidentemente brilla más el pianista, pero la violinista y el cellista tocaron sus intervenciones con bello sonido y buen estilo.

5) Franz Joseph Haydn, Trío en mi mayor HobXV:28, a cargo del Grupo Granados (Álvaro Ambrosio, Dante Direnzo y Jorge Blasco). Se trata de uno de los cuarenta tríos para teclado y cuerdas, probablemente de los primeros a juzgar por el carácter de Divertimento. La versión fue muy correcta, dentro de lo que se puede hacer en el orden sonoro con un piano moderno. Esto fue pensado para clave o un fortepiano de la época, cuya sonoridad empasta de otra manera con el violín y el cello. Eso se nota, ante todo, en los unísonos del piano y cuerdas -por bien que afinaran, y lo hicieron- el empaste que tenía en mente Haydn no puede producirse. Con todo, el Trío salió airoso, transmitiendo el frescor de esta música sencilla pero bien hecha.

6) Antón Arensky, Trío en re menor op 32, movimientos 3 y 4, a cargo del Grupo Allegro (Federico Nathan, Blanca Coines y Ahmed Anzaldúa). Si no fuera por este Trío, Arensky sería un ilustre desconocido. Menos mal que la melodía tan genial del primer movimiento es recordada en el último, así tuvimos el placer de escucharla una vez más. La versión fue modélica. Es evidente que al violinista esta música le va como anillo al dedo, y la ya veterana cellista no se quedó atrás. Hubo una excelente compenetración con el pianista, que tocó su parte con gran sensibilidad. ¡Muy buena versión de esta música tan romántica y apasionada!

7) Johannes Brahms, Trío nº 1 en si mayor op 8, movimientos 3 y 4, a cargo del Grupo Fermata (Alberto Menchén, Blanca Coines y David Kadouch). Esta es la primera obra de cámara de Brahms, quien seguramente no quiso quedarse atrás de Beethoven, a cuyo primer trío nos referimos más arriba, e hizo un esfuerzo para salir airosamente. Lo logró, y prueba de ello es este primoroso ‘Adagio’, que se inicia con una especie de ‘coral’, tocado en pianissimo, y que suena a música angelical. El ‘Allegro’ final no se queda a la zaga: compuesto en 3/4, se presta a las síncopas sobre dos compases, tan caras a Brahms, y a la yuxtaposición de corcheas contra tresillos, que tornan tan interesante el discurso. La versión fue modélica, y no quedaría mal en competencia con tríos de reconocida trayectoria. Dos arcos -ya casi veteranos en estas lides- y un pianista lleno de exuberante expresividad: ¡Muy bueno!

8) Bedrich Smetana, Trío en sol menor op 15, movimientos 1 y 2, a cargo del Grupo Mozart (Santa Mónica Mihalache, Carmen Mª Elena y Luis del Valle). Es el único trío con piano del compositor checo. Después de un primer movimiento muy dramático, bastante patético, viene un ‘Allegro’ absolutamente genial, que da enorme placer escuchar, y sobre todo en tan buena versión. Luis del Valle arropó a las dos cuerdas con impulsos de gran musicalidad, y el temperamento de la violinista, en perfecta complicidad con la cellista, nos dieron una gran versión. ¡Felicitaciones a todos!

9) Robert Schumann, Quinteto en mi bemol mayor op 44, movimientos 1, 2 y 3, a cargo del Grupo Haydn (Ana María Valderrama y Alejandra Navarra, violines, Laure Gaudron, viola, Máxime Ganz, cello y Enrique Bernaldo de Quirós, piano). Como obra final, tres movimientos del célebre Quinteto para piano de Schumann, obra obligada dentro del repertorio romántico. A pesar de lo avanzado de la hora, el público no quiso perderse esta música, e hizo bien en aguantar: una preciosa versión, técnicamente de altísimo nivel y musicalmente muy acertada. El reparto de las líneas melódicas entre piano y arcos: modélico. La viola sonó con todo su esplendor en sus intervenciones solistas del 2º movimiento, esa ‘marcia-un poco largamente’. Todos los integrantes del cuarteto de cuerda se lucieron, bien arropados por un pianista que oímos recientemente en el Museo del Prado, y que cada vez que lo escuchamos nos da muchas satisfacciones. ¡Un fin de fiesta a la altura de esta magnífica demostración de destrezas!

Hay que felicitar efusivamente al profesorado de la escuela, capaz de lograr semejante proeza. Nueve grupos, todos tocando con cultura y musicalidad: ¡Qué envidia debe de dar! El mundo moderno es competitivo, y el de la música, más aún. Ojalá que esto se entienda como un reto hacia la superación, que debe ser la meta de todos los que nos ocupamos de hacer de la música el arte que mejor se presta para hacer la vida más llevadera.

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