España - Madrid

Bienvenido Sokolov

Aimée Guerrero

miércoles, 2 de febrero de 2005
Madrid, lunes, 24 de enero de 2005. Auditorio Nacional de Música, Sala Sinfónica. Grigori Sokolov, piano. Obras. Franz Schubert: ‘Sonata nº.22 en la mayor’ D 959 (1828); Frederic Chopin: ‘Fantasía- Impromptu en do sostenido menor’ (versión manuscrita de 1835), ‘Impromptu nº 1 en la bemol mayor’ op.29 BI 110 (1837), ‘Impromptu nº 2 en fa sostenido mayor’ op. 36 BI 129 (1839), ‘Impromptu nº 3 en sol bemol mayor’ op.51 BI 149 (1842), ‘Nocturno nº 1 en si mayor’ op.62 (1845-46), ‘Nocturno nº 1 en mi mayor’ op. 62 (1845-46), ‘Polonesa- Fantasía en la bemol mayor’ op. 61 (1845-46). Localidades: 2290. Asistencia: 96 % del aforo
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La inauguración del décimo Ciclo de Grandes Intérpretes ha contado con la presencia de un gran artista. Grigori Sokolov visita nuevamente Madrid, ciudad que ha disfrutado de su amplio repertorio sin límites; exquisito en obras barrocas, sonatas clásicas o el romanticismo más versátil, hasta las obras nacionalistas y del XX. Los que por primera vez escuchan a este pianista de primera, puede llamarles la atención su distanciamiento físico, pero tras los primeros sonidos, la aparente frialdad escénica queda olvidada, se impone la humildad y talento que siempre acompañan a Sokolov. El público, respetuoso y conocedor del excepcional músico ruso, sólo desató su euforia al finalizar cada sección del recital. Fueron varios los minutos y varias las salidas, siempre acompañadas de regalos, piezas románticas y galantes.

Schubert dejó un legado de más de veinte sonatas para piano, una de las últimas, la nº 22, es una obra amplia en sus cuatro movimientos y con gran influencia de sus lieder. La Sonata en la mayor reafirma la estructura del género en los movimientos primero y cuarto, donde la técnica exquisita de Sokolov y su dominio del teclado transmitieron pasajes escalísticos vertiginosos en velocidad y claridad. El ‘Andantino’, melancólico e influenciado por la cancionística de Schubert, sonó sensible, evocador, a través de una línea melódica cantabile acompañada por pasajes que parecieron interpretados por un arpa y no por un teclado. La imaginación y el control del sonido son dos de las garantías que Sokolov imprime a su interpretación. No sólo sirve a la partitura, al compositor, sino que recrea, amplía y traduce la literatura en sensaciones liberadoras. El rigor empleado en los pianísimos, los cantabiles y la contrastante sección central de este movimiento, de carácter más desenfadado y lúdico, dieron paso al ‘Scherzo’. El fraseo muy refinado, con stacatti precisos conduciendo el canto superior de los acordes, trinos cristalinos y arpegios claros. El ‘Allegreto’ final, brillante. Sin duda, se escuchó una sonata clásica en su esencia, no exenta, por supuesto, de la influencia melódica y emotiva romántica, regalada a través de la transparencia del discurso, la precisión en los tempos, y la amplia gama de colores tímbricos. Más de cuarenta minutos de éxtasis, justificados por una rigurosísima técnica, brillantez y exquisito refinamiento.

La segunda parte del concierto, dedicada a Chopin y concebida de forma cronológica, resultó ser casi una hora de música ininterrumpida. Obras que nada tienen de miniaturas pianísticas, y presentadas por Sokolov se redescubren en su profundidad dramática y técnica. La Fantasía- Impromptu en do sostenido menor inició la sección de Impromptus. Piezas relativamente breves, tripartitas, realizadas musicalmente con gusto y excelente refinamiento. En el Impromptu nº 2, más movido y de carácter menos intimista, el pianista ruso dio muestras, una vez más, de su experiencia ante el teclado, gran limpieza y toque preciso en pasajes virtuosos técnica y tímbricamente. El lirismo, la introspección, los increíbles … -pero muy ciertos- pp de Sokolov contrastaron con breves pasajes que dramáticamente resultan pequeños momentos climáticos dentro de los Nocturnos op. 62.

La Polonesa-Fantasía en la bemol mayor se aleja de sus homólogas, en esencia brillantes y rítmicas. La estrecha relación de esta obra con la melodía cantada, vuelve a recordar la importancia de la voz en la época, trasladada por Chopin a las características del piano. Una vez más Sokolov explotó al máximo las mismas, resultado: un discurso dramático exquisito, una seriedad que se traduce en la claridad de cada idea temática, episodio, obra …, una muestra de la sólida formación de este artista y de su amplia y profunda carrera en los escenarios de todo el mundo. Sea pues, bienvenido una vez más Grigori Sokolov.

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