Chile

De Orellana y Orlandini en el Oriente

ClasicayOpera.cl
lunes, 7 de febrero de 2005
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Santiago de Chile, jueves, 27 de enero de 2005. Teatro Oriente. Luis Orlandini y Romilio Orellana, guitarra. Obras y transcripciones de Rossini, Vivaldi, Albéniz y Bogdanovic
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Suerte y castigo a la vez, los guitarristas clásicos lidian toda su carrera con el hecho de ser ejecutantes del más popular de los instrumentos populares (y valga aquí la rebusnancia). Por un lado, cuentan con una propuesta que, de partida, es mucho más cercana al público no versado en los asuntos de la llamada música clásica, convirtiéndose en una excelente puerta de entrada hacia este área para los oyentes amantes de la música pero habitualmente renuentes a este tipo de composiciones. Por el otro lado, resultan un poco excluidos de la vida 'cultural' musical, por cuanto muy esporádicamente los grandes teatros presentan guitarristas, cuyas participaciones suelen reducirse a conciertos solistas (rara vez realizados en grandes salas) o presentaciones de obras instrumentales de sólo un puñado de compositores (Vivaldi, Boccherini, Albéniz, de Falla y unos pocos más) cuyas creaciones aún se conservan en el repertorio habitual.

Sin embargo, y rescato esto a título personal, a pesar de los pro y los contra, los guitarristas tienen la enorme suerte de ser intérpretes de uno de los instrumentos más cercanos y atractivos que existen, del sonido más entrañable y que goza de más posibilidades (musical y armónicamente hablando). Y resulta una gran experiencia poder presenciar en vivo a un virtuoso de este instrumento.

En una ocasión tan inédita como refrescante compartieron el escenario del Teatro Oriente Romilio Orellana y Luis Orlandini, ambos intérpretes de la mayor calidad, muy afianzados en el ámbito local e internacional. Una buena cantidad de público (que no llenó el Teatro pero lo vistió), dio un marco excelente para un concierto planteado desde el programa 'para todo espectador'. Y no fue coincidencia que el tipo de oyente que asistió al Oriente el día jueves 27 fuera tan distinto al que asiste, por ejemplo, a las temporadas de la Fundación Beethoven, que se realizan en el mismo escenario. Su escasa familiaridad con las salas de concierto se notó, por ejemplo, en aplausos impulsivos en momentos cuando el Manual de Carreño de la música clásica los condena de la manera más enérgica.

Obras para guitarra y transcripciones de otras para otros instrumentos, e incluso para orquesta, se mezclaron en este programa que resultó en un concierto tremendamente cercano e íntimo (quizás asociado al gesto de los solistas al tomar su instrumento), que todos los oyentes, tanto los conocedores como no conocedores, disfrutamos por la calidad de las interpretaciones y la calidad humana de Orellana y Orlandini.

Un momento muy especial marcó el comienzo de la jornada, cuando se interpretó la Obertura de El barbero de Sevilla, transcrita para dos guitarras. En cuanto a la calidad interpretativa, el gran momento de la velada selló la primera parte del concierto con la Fantasía op. 54 de Fernando Sor, donde ambos músicos demostraron el porqué de la alta consideración que se tiene de sus nombres, haciendo gala de gran habilidad técnica, impecable musicalidad y de la expresividad propia de dos excelentes músicos con muchos años de experiencia en los más disímiles escenarios.

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