China

Alla turca

Berta del Olivo

lunes, 28 de febrero de 2005
Hong Kong, sábado, 19 de febrero de 2005. Auditorium, Sha Tin Town Hall. Fazil Say, piano. Obras: Domenico Scarlatti: Sonata en fa mayor, K 378; Sonata en re menor, K 1; Sonata en do mayor, k 159; Wolfgang Amadè Mozart: Sonata para piano nº 11 en la mayor, K 331, Variaciones sobre 'Ah, vous dirais-je, Maman', K 265; Ludwig van Beethoven: Appassionata, Sonata en fa menor, op.57; Fazil Say, Composiciones e improvisaciones; George Gershwin: Rapsody in Blue, Three Piano Preludes. Hong Kong Festival. Aforo: 1372 localidades. Asistencia: 90%.

Fazil Say, convertido en todo un verdadero embajador musical de su país natal, Turquía, llegó a Hong Kong y sedujo. Dos fueron los pilares del primero de sus conciertos programados en el Festival, su pasión por su tierra y por el jazz, tanto en su faceta interpretativa como en la compositiva.

Turquía apareció ya en el último movimiento de la Sonata para piano nº 11 en La Mayor, el célebre “alla turca”, sobre el cual Fazil Say basó su fantasía jazz, titulada, claro está, Alla Turca (1993), una de sus cuatro composiciones que interpretó en la velada. Y que fue el único bis de toda la noche, pesé a terminar el concierto con varios bravos y con nuestro Fazil Say saliendo dos veces a recibir los aplausos del entregado público. Dicho esto, sin lugar a dudas el momento cumbre del concierto se alcanzó con otra de sus composiciones Black Earth (1997), ya que en ella convergieron sus dos pasiones: el folclore turco con ciertos giros jazzísticos.

Say adopta una postura arqueada sobre el teclado, como si estuviera a punto de saltar sobre las cuerdas del piano. Sus gestos rayaron lo dramático; en repetidas ocasiones marcó con los tacones de sus zapatos el pulso, e incluso se llegó a escuchar su respiración y murmuraciones “a lo Glenn Gould”, lo que más de una vez suscitó las sonrisas cómplices de una parte de un público mayoritariamente joven. Y no sólo esto: su mano izquierda dirigía los fraseos ejecutados por la derecha, lo cual, sin duda, le ayudaba en su ejecución, pero que sumado a todo lo demás era, quizás excesivo, dejando entrever un punto de arrogancia, si acaso compensado con la manera de recibir los aplausos entre obra y obra, uniendo sus manos, en señal de humildad, quizás, no sabemos, por encontrarse en Asia.

En lo estrictamente musical se mostró, en todo momento, efervescente y chispeante. Soberbio.

La primera parte del concierto fue un viaje a través de la forma sonata, desde la forma binaria barroca de las Sonatas de un movimiento de Domenico Scarlatti hasta la estructura clásica, en forma ternaria y de tres o cuatro movimientos, en el caso de las obras que nos ocupan de tres movimientos, utilizada por Mozart y por Beethoven. Junto con este viaje por los principales monumentos del arte musical, las simpáticas Variaciones de Mozart sobre Ah, vous dirai-je, Maman, una canción popular francesa del siglo XVII, conocida en España como la melodía de Estrellita del lugar, una sabia elección: ¿quizás ya se esperaban este público tan tan joven? Fue todo un acierto. Sin duda, Say brilló más con Mozart. O Mozart brilló más que Scarlatti y Beethoven en sus manos.

En las Sonatas de Domenico Scarlatti, ya pudimos disfrutar de la elegancia y sutilidad de su fraseo, poniendo de relieve las profusas progresiones musicales con sus bellas modulaciones. La ejecución fue precisa y muy viva, gracias a su precisión rítmica. Pero con Mozart, todas estas buenas cualidades alcanzaron su plenitud, moldeando a su antojo las frases, y manteniendo nuestro oído en vilo gracias a su control de la dinámica y la agónica en la resolución de las disonancias. Genial. Su Beethoven no estuvo nada mal, de hecho arrancó el primer bravo del público de la noche, pero sin alcanzar el grado de entendimiento alcanzado con Mozart.

La segunda parte comenzó con Black Earth, la primera de sus cuatro composiciones. En ella, Say imita, apagando las cuerdas del piano con su mano izquierda, el sonido del instrumento de cuerda turco más popular, el saz y, sobre todo, su principal característica, su gran resonancia, dada la redondeada forma de su caja acústica, mediante unos maravillosos efectos de eco. Las piezas segunda y tercera, aparte de introducir elementos interesantes, sonidos imitando al gong, muestran su debilidad por el jazz, aunque si tuviéramos que clasificarlas en un estilo, sin duda, las etiquetaría como románticas, aunque claro está, siempre son mucho más de lo que una etiqueta puede decir. La cuarta y última de sus composiciones fue Alla Turca en clave de jazz. Muy graciosa y divertida. La velada terminó con Gershwin. ¡Qué mejor esperar a que sea de noche noche para tocar Rhapsody in Blue y Three Preludes!.

Nuestro príncipe turco sólo nos regaló un bis, su fantasía jazz Alla Turca. Sin lugar a dudas El turco en Hong Kong, gustó, y mucho.

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