España - Andalucía

Non fuggite, o lieti istanti…

Paco Bocanegra
viernes, 18 de marzo de 2005
Juan Diego Flórez © TR Juan Diego Flórez © TR
Sevilla, jueves, 10 de marzo de 2005. Teatro de la Maestranza. Juan Diego Flórez (tenor). Vincenzo Scalera (piano). Primera parte. Canciones de M. García: ‘Floris’, ‘Las nadadoras’, ‘Caramba’, ‘Parad avecillas’, ‘Serenì’, ‘La rosa’, ‘El riqui riqui’; G. Rossini: ‘La speranza più soave’ de Semiramide. Segunda parte. W. A. Mozart: ‘Un’aura amorosa’ de Così fan tutte; C. W. Glück: ‘L’espoir renait’ y ‘Je perdu mon Euridice’ de Orfeo y Euridice; V. Bellini: ‘E’serbato questo acciaro’ de I Capuleti e i Montecchi; G. Donizetti: ‘Ah mes amis’ de La fille du régiment. Aforo: localidades. Ocupación: 95%
0,0001944

Histórico. Este es el adjetivo adecuado para calificar el triunfo que Juan Diego Flórez ha obtenido en Sevilla. El tenor peruano, literalmente, enloqueció al público: no sólo consiguió un lleno casi absoluto del amplio aforo del Maestranza –hecho insólito en este coliseo para un recital, exceptuando los antecedentes de Teresa Berganza o Alfredo Kraus-, sino que ha marcado hito con un éxito delirante desconocido en la capital andaluza.

El programa, más bien amplio, con siete canciones de Manuel García y el aria de ‘Idreno’ de Semiramide en la primera parte y especialmente arduo en la segunda (‘Ferrando' de Così fan tutte, las dos arias del Orfeo ed Euridice de Glück, ‘Tebaldo’ de I Capuleti e i Montecchi, ‘Tonio’ y la terrorífica “Ah mes amis” de La fille du régiment) sumó en realidad la tercera y más enjundiosa con las propinas. Toda una plusmarca: hasta un total de seis, auditorio en pie y aplaudiendo “por sevillanas”: “Una furtiva lagrima” de L’elisir d’amore, “La donna è mobile” de Rigoletto, La flor de la canela de Chabuca Granda, “Cessa di più resistere” de Il barbiere di Siviglia, “Te quiero morena” de El trust de los tenorios de J. Serrano y una preciosa canción peruana, Mal haya el amor de Rosa Ayarza de Morales. Algo inaudito, indescriptible, dos horas y media absolutamente inolvidables.

Flórez es indiscutiblemente el rey del Belcanto, el tenor de nuestra generación, la voz esperada por todos aquellos que de la ópera sienten y entienden algo. No comprender ante un genio de esta envergadura su auténtica dimensión histórica es mostrarse ciego ante una realidad evidente. Al margen de la perfección absoluta de una voz con esa belleza, esa técnica, esa elegancia suprema del estilo, esa intrepidez insuperables hoy en día y con muy escasas figuras comparables, Flórez encarna la trascendencia misma del canto, de ahí la seducción irresistible que ejerce. Su arte comienza donde termina el de la inmensa mayoría. La completa seguridad esta voz constituye la base que para los demás supone el reto, y a partir de ahí destila, desde la esencia misma de la melodía, todos los valores que apelan a los recovecos más íntimos de la sensibilidad del oyente. En resumidas cuentas, la emoción en estado puro, el objetivo final y exclusivo de ese reducido olimpo de los genios que en la historia del género han sido.

Qué dimensión conferida a la palabra, qué profundidad replegada tras esa espontaneidad milagrosa, qué inteligencia la del fraseo en las canciones del sevillano Manuel García: un gratísimo descubrimiento. Un ejemplo entre todos, la sublime delicadeza de Parad avecillas con letra de Meléndez Valdés, entonada con una línea aérea, intangible, sublime en el piano conclusivo. Y la gracia, la pícara ironía de El riqui riqui. Un inestimable regalo para la ciudad. Flórez se mostró pues como un auténtico superdotado para la canción y deleitó igualmente con su admirable saber decir y el encanto lírico de La flor de la canela o Mal haya el amor ofrecidas ya fuera de programa.

Y, en fin, con Rossini comenzó a desencadenarse la catarsis colectiva en el Maestranza. Quien esto suscribe ha escuchado a Flórez a menudo y puede afirmar que esta fue una ocasión especial ¿Quién ha cantado o canta “La speranza più soave” de ‘Idreno’ como él? Las notas más escabrosas hicieron vibrar los tímpanos de la primera a la última fila en una exhibición canora que en otro cantante habría suscitado dudas sobre sus posibilidades de acabar dignamente el recital. A los más curtidos nos dejó estupefactos. Y acababa de comenzar. La efusión lírica de “Un’aura amorosa” del Così, así como la fluidez de la ornamentación de “L’espoir renait” y la excelencia del estilo clasicista de “Je perdu mon Euridice” del Orfeo y Euridice bastaron para demostrar que sus facultades para la pirotecnia vocal no son sino complementarias de sus extraordinarias cualidades expresivas.

Las aclamaciones tras “E’serbato questo acciaro” y “Ah mes amis” -en una sucesión prodigiosa y radiante de sus nueve “dos”- difícilmente pueden describirse ¡Qué gran servicio al frecuentemente malinterpretado Bellini y al gran Donizetti! Tras todo esto, las seis propinas mencionadas incluidos ‘Nemorino’ o ‘Almaviva’, dos arias entre lo más granado de su repertorio, sin olvidar “La donna è mobile” ¿Qué más se puede ofrecer?

En este su regreso desde el lejano 1998, cuando cantara en Alahor in Granata de Donizetti, Flórez ha dejado clara constancia también en Andalucía de su calidad como un fenómeno único que tenemos la suerte de disfrutar en esta época tan escasa de verdaderos talentos. Es sin duda el representante más destacado en su campo -por no afirmar de su cuerda- en la actualidad y una referencia histórica; el recibimiento estuvo a la altura de las circunstancias. Gracias mil, y regrese usted pronto.

Comentarios
Para escribir un comentario debes identificarte o registrarte.