España - Madrid

Dos piezas, dos sonatas y una gran generosidad

Aimée Guerrero

miércoles, 16 de marzo de 2005
Madrid, martes, 8 de marzo de 2005. Auditorio Nacional de Música, Sala Sinfónica. Hélène Grimaud, piano. F. Chopin: ‘Barcarola en fa sostenido mayor’, op. 60; ‘Berceuse en re bemol mayor’, op. 57; ‘Sonata nº 2 en si bemol menor’ op. 35; S. Rachmaninov: ‘Sonata nº 2 en si bemol menor’, op. 36. Ciclo de Grandes Intérpretes. Aforo: 2290. Asistencia: 90%

Nuevamente la pianista francesa Hélène Grimaud ha tocado para el Ciclo de Grandes Intérpretes. Este segundo encuentro ha tenido como hilo conductor a dos pianistas y compositores muy importantes para la literatura del instrumento, vinculados a una de las últimas grabaciones de la intérprete. El género sonata trabajado de forma peculiar por Chopin y Rachmaninov fueron el eje de la jornada.

El concierto fue bastante breve, la primera parte de escasos cuarenta y cinco minutos, y la segunda de veinte y dos aproximadamente. Sin embargo, los regalos se sucedieron de forma espontánea y prolongada, cinco en total, todos de Rachmaninov. Grimaud mostró nuevamente su impetuoso temperamento y su generosidad sin límites. El público cada vez más conocedor y respetuoso.

Hélène Grimaud es una de las pianistas jóvenes y de actualidad dentro del panorama internacional, que se ha ganado el respeto y la aceptación del público. Es exigente en su preparación, no sólo física también intelectual. Las dos primeras obras son poco interpretadas en programas de conciertos. En la Barcarola op. 60 la pianistas mostró su potencial, a través de extensos períodos fortísimos donde el sonido redondo y profundo alternó con pasajes de amplias melodías transparentes. La Berceuse op. 57, es otra obra breve, pero muy diferente a la primera en su carácter y forma, expresados con gran sencillez y colorido tímbrico. Grimaud interpretó clara y musicalmente la gran diferenciación en los planos sonoros: el patrón fijo en la mano izquierda, constante y pp; y la superposición de variaciones en la mano derecha, con pasajes lentos, expresivos y otros virtuosos y de carácter improvisatorio.

El concierto se caracterizó por la gran resistencia física requerida, la pianista tiene sin dudas, una muy buena técnica y más aún infinidad de recursos expresivos. Las dos sonatas fueron prueba de ello. La Segunda sonata de Chopin es una obra atípica en su estructura, y compleja en su densidad, profundidad expresiva y potencial sonoro. El primer tiempo dentro del carácter agitado, extrajo del piano su sonoridad orquestal. Muy diferente el piu lento del Scherzo, íntimo, reflexivo. La Marcha fúnebre fue profunda, aplastante, como lo impuso Chopin en la partitura. La constante rítmica, fielmente marcada por la pianista mostró el desgarro, y la evocación a través de los diferentes temas y su tratamiento dinámico. El Finale, un suspiro, necesario luego de la carga emotiva del movimiento anterior. Una interpretación muy acertada.

La Sonata nº 2 de Rachmaninov es una obra que Hélène Grimaud domina desde hace bastante tiempo. Compleja técnica y dramatúrgicamente ha sido bastante respetada por los pianistas, sólo algunos se han acercado a ella. El propio compositor realizó una segunda versión, que ha suscitado otras posteriores. En esta ocasión se escuchó una opción de la intérprete donde se retoma el virtuosismo, las dificultades técnicas, así como la lírica.

Grimaud es una figura romántica por excelencia, de ello dan cuenta sus programas de conciertos, grabaciones y su actitud escénica. Una tarde de altura, con una artista que se caracteriza por ser afable, modesta, desenfadada en ocasiones y sin lugar a dudas una gran intérprete.

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