Estados Unidos

Otra cita del Met con 'Fausto'

Luis Gutiérrez Ruvalcaba
viernes, 29 de abril de 2005
Nueva York, jueves, 21 de abril de 2005. Metropolitan Opera House. Fausto, ópera en cinco actos de Charles Gounod sobre un libreto de Jules Barbier y Michel Carré. Andrei Serban, director de escena. Santo Loquasto, diseño de decorados y trajes. Duane Schuler, luminotecnia. Nikolaus Wolcz, coreografía. Elenco: Soile Isokoski (Marguerite), Kristine Jepson (Siébel), Roberto Alagna (Faust), Dmitri Hvorostovsky (Valentin), René Pape (Méphistophélès). Coro y Orquesta de la Metropolitan Opera House. James Levine, director musical
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Dada la larga relación entre esta obra de Gounod y el Met, era ya bien sabido, antes incluso de que se levantara el telón, que la producción iba a ser conservadora. En realidad, hubo una época en la que el Met era apodado el 'Faustspielhaus' (de hecho, con esta ópera se inauguró el Met).

Andrei Serban fue el director de escena y Santo Loquasto el responsable del diseño de decorados y trajes. En mi humilde opinión, Serban se quedó corto en sus ambiciones, mientras Loquasto se superó con sus diseños. El diseño de la luminotecnia de Duane Schuler fue muy bueno, y por momentos brillante, como cuando 'pintó' a Mephistopheles de rojo, o en el acto III cuando los cambios en las sombras fueron espectaculares.

El primer acto se desarrolló en el estudio de Fausto, mostrándonos a un filósofo decrépito rodeado de los objetos de su profesión: libros, un telescopio, un feto en un bote redondo, y otros chismes, además de un relo de arena que fue reapareciendo en cada acto y otra vez, obviamente, al final de la ópera, cuando el tiempo ya se ha acabado. Fausto llama a Satán y este aparece puntualmente vestido de gala con un grupo de criados que desafortunadamente reaparecen constantemente.

En el segundo acto, la kermesse, Andrei Serban llenó el escenario con una multitud de 120 personas, incluyendo varias prostitutas, en vez de bailarinas de can-can. Esta es una buen idea, porque está claro que en estas ferias de pueblo era donde las prostitutas de la Alemania del siglo XVI estaban en su mejor momento, económicamente hablando.

El vals, sobre una melodía de Weber, fue dirigido con mucha inteligencia por Mephisto, vestido con el traje típico de Fausto. Había un teatro de marionetas en escena, jugando con el viejo tópico del teatro dentro del teatro, y el Diablo se divertía haciendo exorcismos cruzando las espadas que llevaba la gente del pueblo. Está claro que la escena de Valentín era una idea secundaria para Gounod, dada su falta de interés dramático. En todo caso Hvorostovsky llevó adelante su aria de una forma muy bella.

En el acto III aparece un árbol que parece un auténtico árbol rodeado por un montón de flores mientras la casa de Margarita ocupa el lado derecho del escenario. No puedo pensar en otra manera mejor de decirle al público "no importa lo que estés viendo, o vayas a ver después, esta es una producción conservadora". Mephistopheles, ahora vestido como un militar de alto rango (¿era esto una crítica velada al creciente militarismo de este país?), ayuda a Fausto a conquistar a la virginal Margarita.

En el acto de la iglesia, Loquasto presentó un escenario totalmente gótico, donde el Diablo está vestido con un traje que imita el desnudo, incluyendo un largo rabo, sí, recordemos que los diablos tienen rabo. Los ayudantes sangrientos estuvieron otra vez presentes.

El escenario para la muerte de Valentín fue el mismo de la kermesse, la plaza cuadrada con el pabellón, aunque ahora oscurecida porque es invierno. Los soldados vienen de la batalla y, obviamente llevan ataúdes, que producen un marcado contraste con el coro que van cantando, probablemente una de las piezas más vulgares que se haya compuesto nunca.

El ultimo acto transcurre en la cárcel, en realidad el mismo escenario del primer acto, ahora sin los objetos, y con las celdas presentadas de una forma similar a las de la película Chicago. En realidad, pensé que vería a alguien cantando desde las otras celdas. Cuando Margarita se salvó, el escenario se abrió por la parte de atrás enseñando a una pareja de ángeles con alas muy similares a las de los extraños seres del desierto del año pasado en Salomé.

Levine dirigió un Fausto muy lento, e incluso note una falsa entrada en algunos violines ya cerca del final de la ópera. Puede ser que estuvieran algo aburridos.

Como ya dije, Hvorostovsky estuvo espectacular y Rene Pape, en su debut en el papel de Mephistopheles fue maravilloso, no de primera clase, pero si inteligentemente amenazador. Su 'Veau d'or' fue una auténtica perla. Alagna cantó un gran Fausto, aunque alguna gente se hizo un lío con sus 'r', y Soile Isokoski fue una Margarita muy bien cantada, aunque no llamara la atención escénicamente. Un papel que yo creo que debe ser cantado por una soprano, el de la joven Dugazon, fue interpretado con propiedad por la mezzo Kristin Jepson.

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