Bélgica

¿Me lo explican?

Beatriz López Suevos
lunes, 9 de mayo de 2005
Lieja, sábado, 26 de marzo de 2005. Théâtre Royal. Der Freischütz, Opera en tres actos (parcialmente basada en el cuento popular Der Freischütz) con libreto de Friedrich Kind y música de Carl Maria von Weber. Dirección de escena: Guy Joosten. Escenografía: Johannes Leiacker. Vestuario: Jorge Jara. Iluminación: Davy Cunningham. Nancy Weissbach (Agathe), Anja van Engeland (Ännchen), Patrick Raftery (Max), Jaco Hiujpen (Kaspar), Wojtek Smilek (El Ermitaño), Guy Gabelle (Killian), Léonard Graus (Kuno), Bernhard Spingler (Ottokar), Ines Agnes Krautwurst (Samiel). Orquesta y Coros de la Ópera Real de Valonia . Dirección musical: Friedrich Pleyer. Director de los Coros: Edouard Rasquin. Aforo: 70%.
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Pues no sé si tendré que acostumbrarme a las puestas en escena rompedoras, pero me cuesta ver transformado el bosque en que se celebra el concurso de tiro en un matadero (en el que hay tantos carniceros como cazadores), el barranco del lobo en un prostíbulo con Samiel transformado en una madame,  ver a Max que parece más enamorado de Samiel que de Agathe (de hecho, al final de la obra abandonan juntos el escenario) o cómo el eremita es ejecutado por los soldados de Ottokar. Entre reproducir sin más un bosque bávaro y esto creo que hay alternativas que podría haber explorado Guy Joosten.

Friedrich Pleyer tuvo un gran papel en el buen resultado final de la representación. La orquesta se convirtió en una excelente narradora de la historia, eliminando ese aire truculento de la representación escénica y dotándola de una cierta magia. Las trompas nos recordaban las escenas de caza, pero sonaban afinadas y su sonido era “velado”, y cuando la orquesta acompañaba los coros (especialmente Lass lustig die Hörner erschallen del 1º acto y Wir winden dir den Jungfernkranz del 3º) lo hacía con la suficiente elasticidad como para evocar una reunión en la que se entona una melodía popular y no un rígido ensayo. Pleyer distinguía perfectamente entre el mundo vital y desenfadado (como cuando acompañaba a Äanchen en sus primeras ariettas) y el ambiente oscuro y misterioso de la cueva del lobo.

 Destacó especialmente la orquesta en la escena en la cueva en la que las streeper le van entregando a Max las balas trucadas. Mostró oficio en la dirección musical y en cierto sentido, dotó de una coherencia a la obra que ya existe en la partitura, pero que esta dirección escénica parecía desbaratarla.

En cuanto a las voces, destaco la de la soprano belga Anja van Engeland en el papel de Äanchen. Además de su excelente caracterización escénica (transmitía la simpatía y sencillez del personaje) su voz sonó fresca y sin afectación, con el vibrato justo. Fue delicioso escuchar la Arietta acerca de la seducción del 2º acto, ayudada también por la excelente intervención del oboe, que se adaptó y siguió a la voz en sus recursos expresivos. En la Romanza del 3º acto demostró que su voz también tiene profundidad y resonancia en los graves, así que papeles como los de la Reina de la Noche o Mimí, que ha interpretado recientemente, parecen adaptarse bien a sus cualidades vocales.

La alemana Nancy Weissbach defendió muy bien el papel de Agathe, y esto es todavía más cierto si tenemos en cuenta que el director de escena parecía tenerle manía a su personaje. Agathe soportó la indiferencia de su supuesto enamorado Max, más ocupado en seguir a Samiel por el escenario (de hecho, al final de la obra abandona la escena con Samiel dejando plantada  a su prometida). Por si no fuese suficiente, el aria que debe cantar sumida en la angustia en el 2º acto (Wie nahte mir der Schummer) tuvo que hacerlo subida a una escalera. Pese a estos inconvenientes transmitió estos sentimientos fundamentalmente con una voz muy segura y afinada en todos los registros y un vibrato sin afectación. Formó unos dúos muy equilibrados con Äanchen tanto en el 2º acto como en la Cavatina del 3º (en este caso el violoncello también ayudó a su declaración de fe ante su prima). Se anunció al principio de la ópera que a pesar de no encontrarse en perfecto estado su voz, Nancy Weissbach cantaría, pero su voz no sonó forzada ni tuvo problemas defendiendo su papel.

El ermitaño (Wojtek Smilek) fue otro de los triunfadores de la noche, y, en este caso, el director de escena sí se esmeró más en su presencia escénica. Me pareció acertado que su aparición fuese desde el patio de butacas y también que cuando entona el Wer höb’ den resten Stein wohl auf? (¿Quién tirará la primera piedra?) las luces pasasen a enfocar al público. Su voz descendía muy bien en los graves manteniendo la afinación y, al mismo tiempo, los agudos no quedaban al descubierto. ¡Lástima que el director de escena lo matase al final!

Los demás personajes no estuvieron a la altura de los tres mencionados. Jaco Hiujpen como Kaspar tuvo muchos problemas con las notas graves en el Aria del 1º acto, y Max escénicamente hablando resultó poco creíble. Cuando hablaba de Agathe en el 1º acto y del miedo que tenía a fallar en el concurso de tiro, seguía en todo momento con la mirada a Samiel y su abrigo rojo. En cuanto a su voz la encontré con poca potencia (apenas se impuso a la orquesta en el 1º acto y en el 2º en la escena con Agathe y Äanchen quedó completamente eclipsado por las voces femeninas). En la confesión del 3º acto mejoró algo, también porque se encontraba más cómodo en la tesitura. En cuanto al escaso entusiasmo mostrado al descubrir que Agathe está viva y a abandonar el escenario con Samiel al final no encuentro una justificación válida. De Léonard Graus como Kuno se apreció su buena técnica tanto en la dicción como en los graves. De Ottokar y Kilian podría decirse que cumplieron.

Los coros, tanto el masculino como el femenino, si bien seguían a su manera los tempi marcados por el director y mostraron ciertas dificultades en los agudos del 3º acto, tuvieron una buena presencia en el escenario.

Resumiendo: algunas voces sobresalientes, buena dirección musical, un correcto nivel medio en las demás voces y coros y una incomprensible dirección escénica.

Lanzo ahora la pregunta a los lectores de Mundoclasico.com sobre esta puesta en escena de Guy Joosten: ¿Me lo explican?

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