España - Aragón

Cálida frialdad

Carlos García de la Vega

lunes, 13 de junio de 2005
Zaragoza, viernes, 13 de mayo de 2005. Auditorio Sala Mozart. Kiri Te Kanawa, soprano. Julian Reiynolds, piano. G.F.Häedel: Piangero la sorte mia (Giulio Cesare), Bel Piacere (Agrippina), Care selve (Atalanta). Wolfgang Amadé Mozart: Cantanta Die Ihr des unrmesslichen Weltalls, Kv.619. Franz Listz: Kling Lesie, mein Lied; Comment, disaient-ils; Oh! Quand je dors. Richard Strauss: All’mein’ Gedanken, op.21 n°1; Morgen, op.27 n°4; Muttertänderlei, op.43 n°2. Sergei Rachmaninov: Vocalise, op.3 n°14. Carlos Guastavino: Flores Argentinas: Cortadera, plumerito... El clavel del aire blanco; El vinagrillo morado; ¡Qué linda madreselva! Ay, aljaba, flor de chilco... Aforo: 1992. Ocupación: 98%
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Desde el punto de vista estrictamente musical un recital como este es la oportunidad de oro para escuchar en directo a una de las grandes voces de los últimos tiempos, de ver cómo se desenvuelve en el terreno del recital y de ir a escuchar sin duda una lección de canto. Desde esa perspectiva abordo esta crónica.

La propuesta de la soprano fue absolutamente coherente y seria. El programa evolucionaba en el tiempo histórico, de Händel a Guastavino, vocalmente, pues daba la oportunidad de ir creciendo y adaptando la voz al punto culminante, con Strauss y Rachmaninov, para luego decrecer... e incluso en ese pequeño declive de intensidad musical tuvo la cortesía de cantar en castellano las canciones de Guastavino: una estructura impecable. El resultado fue un recital aparentemente frío: está claro que la soprano no es una persona especialmente cálida, pero eso no es necesario ni importante. Lo importante es que es una profesional admirable que disfruta con su trabajo, y con eso se puede conmover a tres auditorios.

Kiri te Kanawa sigue estando en perfecta forma vocal, y sus enormes virtudes son administradas con una técnica pasmosa. El primer detalle fue que en el recitativo que abría el aria de Händel “Pingeró la sorte mia”, emitió de tal manera que llenó en un instante toda la sala con su voz. Tuvo que rectificar, claro, pero fue un detalle de la capacidad enorme de su voz, en un momento de tan poca intensidad como un recitativo. El resto del recital Te Kanawa jugó a la sutileza, y me dejó asombrado con los pianissimi, claros y cristalinos, el fiato larguísimo, la sutileza en la dicción... En fin su interpretación era una criatura maravillosa, a la que había que escuchar cada mínimo detalle, e incluso así uno se olvidaba de querer analizarlo todo para dejarse llevar por la música que estaba recreando. El punto central del recital, con las canciones de Listz y de Strauss, fueron en mi opinión lo mejor de la noche. Combinó perfección técnica con una sutil emoción, e hizo maravillas. Sólo hizo un par de alardes vocales, emitiendo en forte con un torrente de voz con el vibrato perfecto, y el matiz tan voluptuoso como nos tiene acostumbrado en las grabaciones que hay de ella. El último lieder de Strauss fue un ejemplo de su enorme capacidad escénica e irónica, desde el gesto mínimo y elegante.

Hay que decir, para hacer honor a la verdad, que su castellano en Guastavino distaba de ser perfecto en dicción y fraseo, pero repito me parece un gesto muy digno por su parte querer tener un detalle con el público español.

Una noche memorable que hubiese sido perfecta si la soprano hubiese sido capaz de conmover al público al principio para que se entregase el resto del concierto.

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