España - Andalucía

Bastián y Bastiana en la Boga Boga

Paco Bocanegra
viernes, 24 de junio de 2005
Wolfgang Amadeus Mozart Wolfgang Amadeus Mozart
Málaga, jueves, 16 de junio de 2005. Sala Boga Boga, centro comercial Plaza Mayor, Málaga. W. A. Mozart: Bastián y Bastiana. Singspiel en un acto (hacia 1768). Libreto de F.W. Weiskern y J. H. Müller basado en el vodevil El adivino de la aldea de Jean-Jacques Rousseau, en la versión al castellano de José Antonio Sánchez Gómez. Eric Meling, Dirección Escénica. Paco Aguilar, Escenografía y figurines. Emilio Mula, Animación Digital. José Francisco Martínez (Bastián), María Berna (Bastiana), Juan Manuel Corado (Colás). Componentes de la orquesta de la Universidad de Málaga. Coro de la Sinfónica de Galicia. Dirección musical: Francisco de Gálvez. Producción de Teatro del Gato. Dirección general de Rafael Torán. Aforo: 2700 localidades. Ocupación: 100 %
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El singspiel, comedia musical en lengua alemana con diálogos hablados, tal vez no sea por sus características un género muy popular dentro de los que englobamos bajo el término popular de “la lírica”, a pesar de su papel vital en el desarrollo de la ópera nacional romántica alemana. Sus máximos ejemplos los debemos a la mano de Mozart con El rapto en el serrallo y La flauta mágica, cuyo primer singspiel, Bastián y Bastiana, lo compuso a la edad de doce años y es poco frecuente en los teatros.

Estrenado probablemente en 1768 Viena en casa del visionario médico Franz Anton Mesmer, personaje próximo a Mozart, padre de la hipnosis y el magnetismo en sus aplicaciones terapéuticas –algunos han querido ver en él un trasunto del mago ‘Colás’-, esta obra de gusto musical algo anticuado e ingenuo es una muestra encantadora del genio incipiente de Mozart.

La presente producción ha tenido entre sus muchos atractivos el interés suscitado por la gran calidad y solvencia tanto en la de la concepción como en la dirección de los aspectos musicales y teatrales, puestas al servicio de una apuesta en cierto sentido valiente, pero realizada con absoluta coherencia y seriedad, por lo que desarrollo de la representación, plenamente digno y convincente desde el inicio, termina por seducir al público, especialmente al infantil.

El punto a priori más polémico, el de realizar una versión al castellano, que no una mera traducción, se ha revelado como uno de los puntos de fuerza del espectáculo. Su autor, José Antonio Sánchez, un dramaturgo malagueño de talento, ha realizado un esfuerzo ímprobo y verdaderamente encomiable, por cuanto interpreta inteligentemente el tono pastoral de los diálogos originales en clave contemporánea con una frescura y sencillez que no desmiente el sentido de la pieza, y ha adaptado muy bien a la melodía la letra de las partes cantadas, que siguen básicamente una estructura de lied. La capacidad de comunicación y de difusión de esta obra se amplía de este modo considerablemente, pues está pensada para moverse en circuitos no necesariamente especializados.

Una sincronía entre música y texto idónea que casa por lo demás con las cultivadas maneras musicales de este Bastian y Bastiana dirigido musicalmente por Francisco de Gálvez, quien ha sabido extraer de las cinco instrumentistas un sonido terso y delicado que emana con naturalidad y resulta ajeno a toda traza de manierismo o noñez, como atestiguara el arranque la obertura, en una luminosa tonalidad de sol mayor.

Los cantantes, a pesar de su juventud y estar por tanto todavía en fase de maduración de la voz, se percibe fueron escogidos con suma atención y poseían el physique du rol. La pareja protagonista, encarnada por María Berna, una soprano de bello timbre cuyo leve deje andaluz venía a caracterizar también su personaje, y José Francisco Martínez, tenor de airosa desenvoltura escénica y vocal, resultó entrañable. Entre ambos, como verdadero catalizador de la acción, Juan Manuel Corado puso determinación como el mago ‘Colás’ en su tarea de reconciliar a los novios en la simpática aria “de la magia”.

Teatralmente el espectáculo se mostró especialmente llamativo y vino avalado por nombres de la cultura malagueña como son Rafael Torán en la dirección general, quien presentaba el montaje al frente de Teatro el Gato, y Eric Meling en la dirección escénica, que se mostró muy ágil y llena de ocurrencias y gags sin excesos. Paco Aguilar, artista conocido por sus grabados, diseñó un ingenioso artefacto escénico consistente en un versátil y funcional entramado metálico con escaleras y plataformas que a su manera enlaza con la tradición de sus antecedentes barrocos que sin duda estuvieron presentes en muchos estrenos de Mozart, complementado con unas oníricas y bellas esculturas que bien podían representar árboles o candelabros o tener una simbología muy distinta, y añadían un toque de misterio que, intencionado o no, conectaba muy bien con el espíritu de la música.

Una propuesta sugestiva y recomendable, repuesta en el teatro Alameda el día 20. Sólo puede achacarse a esta clase de iniciativas su escaso número, dado que, olvidando estrecheces puristas, bien vale la pena asistir a ellas aunque suponga pisar una por una vez un espacio que, en sus ratos libres, es una discoteca de un populoso centro comercial.

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