España - Castilla y León

Amadís en Salamanca

Aaron Vincent

viernes, 8 de julio de 2005
Salamanca, viernes, 1 de julio de 2005. Palacio de Congresos de Castilla y León. 'Amadigi di Gaula' HWV11, ópera seria en tres actos con música de Georg Frederic Händel y libreto de Nicola Francesco Haym sobre una tragedia lírica de Antoine Houdar de la Motte, estrenada el 25 de mayo de 1715 en el King's Theatre, Haymarket, Londres. Versión de concierto. Al Ayre Español. 'Oriana', hija del rey de la Isla Afortunada: Elena de la Merced, soprano. 'Amadigi', héroe, enamorado de 'Oriana': Maria Riccarda Wesseling, mezzosoprano. 'Dardano', príncipe de Tracia: Jordi Domènech, contratenor. 'Melissa', hechicera, enamorada de 'Amadigi': Sharon Rostorf-Zamir, soprano. 'Orgando', tío de 'Oriana': Sharon Rostorf-Zamir, soprano. Felipe Nieto, tenor (coro final). Joan Martín Royo, barítono (coro final). Ada Pasch, violín concertino; Juan Carlos Gómez, violín; Sergi Alpiste, violín; Félix Ferrer, violín; Antonio Almela, violín; Nicolas Mazzoleni, violín concertino; Adriana Alcalde, violín; Carles Fibla, violín; Guadalupe del Moral, violín; Deirdre Dowling, viola; Natan Paruzel, viola; Nils Wieboldt, violonchelo; Rebecca Rosen, violonchelo; Xisco Aguiló, contrabajo; Michele Santi, trompeta; Jasu Moisio, oboe/flauta dulce; Pedro Castro, oboe/flauta dulce; Carlos Cristóbal, fagot; Juan Carlos de Mulder, archilaúd; Jesús Fernández, archilaúd; Carlos García-Bernalt, clave. Eduardo López Banzo, clave y director. 1er Festival Internacional de las Artes de Castilla y León, Salamanca 2005
---

Amadigi di Gaula fue la quinta de las óperas que Händel compuso para Londres. El compositor sajón había causado sensación con la primera de ellas, Rinaldo, estrenada en 1711, y es muy probable que con esta nueva ópera de temática mágica y amplias oportunidades para efectos escénicos quisiera reeditar el éxito conseguido entonces. Sin llegar a las cotas de popularidad de Rinaldo, la más representada de las óperas de Händel en vida de su compositor, la acogida fue muy satisfactoria. Estrenada el 25 de mayo de 1715 en el King's Theatre en Haymarket, Londres, siguieron cinco funciones más en aquella temporada, otras seis en la reposición de 1716, y otras cuatro en una nueva reposición en 1717. Reinhard Keiser realizó una adaptación de la ópera que se ofreció bajo el título Oriana en Hamburgo en septiembre de ese mismo año, con diez representaciones más durante 1719 y otras tres en 1720.

Tras este considerable éxito, Amadigi cayó, al igual que el resto de la producción operística haendeliana, en el olvido hasta comienzos del siglo XX. El lento proceso de su recuperación comenzó con la primera representación moderna en Osnabrück en 1929, con posteriores reposiciones en el Festival Haendel de Halle en 1963, 1964 y nuevamente en 1985, y el estreno estadounidense en Princeton en 1971. A partir de la publicación en 1991 de la sensacional grabación dirigida por Minkowski, única disponible hasta la fecha, se van haciendo cada vez más frecuentes las representaciones. Esta misma temporada acaba de presentarse en Halle, Bury St Edmunds y Hannover en una puesta en escena de la compañía alemana Lautten Compagney que será llevada al festival barroco de Bayreuth en septiembre.

El concierto que ofreció Eduardo López Banzo al frente de 'Al Ayre Español' constituía el estreno de Amadigi en España. La trayectoria del director aragonés y su agrupación, especialistas en música antigua y Premio Nacional de Música en 2004, auguraban lo mejor. Sorprendente y tristemente, apenas si se reunieron un centenar corto de personas en la Sala Mayor del Palacio de Congresos de Castilla y León de Salamanca, cuando su capacidad total es de más de mil espectadores, y ello a pesar del precio único más que asequible, de tan solo 15€ por entrada. Evidentemente algo falló cuando la organización, que llevada quizás por un exceso de ambición y optimismo había programado además una segunda función en la misma sala para la noche siguiente, se demostró luego incapaz de despertar el interés y atraer el público que sin duda hubiese merecido la ocasión.

La elección de un recinto de menor aforo nos hubiese ahorrado el aspecto desangelado de un auditorio vacío que en nada contribuyó a crear un ambiente propicio a la audición, como tampoco ayudó la acústica de la sala, un elegante ejercicio formalista del arquitecto Juan Navarro Baldeweg que sin duda cumplirá de manera eficaz como palacio de congresos pero que dista de ser un lugar ideal para conciertos de música barroca, creando una perjudicial sensación artificial de lejanía sonora.

Mayor es la pena si tenemos en cuenta lo ofrecido: una interpretación notable de una obra simplemente maravillosa que cautiva desde la obertura hasta su coro y danza final. La sencilla trama relata a lo largo de tres actos el empeño del príncipe 'Dardano' y la maga 'Melissa' en conquistar los respectivos corazones de la princesa 'Oriana' y el héroe 'Amadigi', pareja de enamorados que acabará venciendo todos los obstáculos que se les interponen. Tomando prestadas unas cuantas páginas de su anterior ópera, Silla HWV10, compuesta en 1713 y de la que aún se desconoce si llegó a estrenarse siquiera, Haendel hilvanó sobre este argumento una sucesión de números musicales a cada cual más impactante, pasando desde lo sublime hasta lo pirotécnico en perfecta respuesta a las emociones expresadas en cada momento.

Los tan solo cuatro papeles principales fueron escritos para tesituras altas, originalmente dos sopranos y dos contraltos, uno de ellos el célebre castrato Nicolino Grimaldi, 'il Nicolini'. En esta ocasión, la combinación fue de dos sopranos, un contratenor y una mezzosoprano, la clara diferenca entre los timbres de los cuatro asegurando la variedad.

La mezzosoprano suiza Maria Riccarda Wesseling fue un 'Amadigi' excelente, de voz oscura, ambigua y heroica, con buenos graves y una flexibilidad que le permitió resolver sin mayor problema las agilidades y sortear además los escollos creados por cierta descoordinación de la orquesta. Frente a ella, la sólida 'Melissa' de la soprano israelí Sharon Rostorf-Zamir, conmovedora y apasionada. Ambas cantantes participan en la ya referida producción de la Lautten Compagney y tienen los papeles más que aprendidos, interiorizados. Actúan con su voz y su cuerpo, su habilidad técnica sirviendo como medio para dotar de riqueza expresiva a sus personajes y hacerles vivir.

A su lado era inevitable que palideciese la 'Oriana' de Elena de la Merced, técnicamente correcta pero encorsetada, aferrada a la partitura. Lástima, porque la voz no es desagradable. Entre los dos extremos, el 'Dardano' del contratenor Jordi Domènech, de timbre cada vez más afrutado. Tuvo dificultades con los graves, que al principio quedaron sepultados por la orquesta, pero fue mejorando a lo largo del concierto y dio una hermosa interpretación de 'Pena tirana', una de las arias más famosas de esta ópera.

Las arias se ofrecieron con sus secciones da capo, con variaciones que en la primera parte del concierto resultaron demasiado artificiosas, sin aportar nada a la construcción del personaje, pero tampoco ofrecer oportunidad para el verdadero lucimiento de las dotes interpretativas individuales de cada cantante más allá del virtuosismo algo mecánico. Sin embargo, los da capo de la segunda mitad parecieron más felices y acordes con los puntos fuertes de cada uno, así por ejemplo Domènech en su zona aguda en 'Pena tirana' y la extraña 'Tu mia speranza'.

Quizás inspirado por el curioso bajo continuo de reminiscencias gaiteras de esta última aria de 'Dardano', Banzo incluyó, donde el libretto de 1715 pide una 'Danza di Cavalieri e Dame incantate', una pieza anónima compuesta alrededor de 1700 llamada Diferencias sobre la gayta, y que ya grabó con Al Ayre Español en 1994 para el segundo volumen de su recopilación Barroco Español. Decisión contestable puesto que no acababa de encajar en la ópera. También resultó ser de lo más flojo interpretativamente hablando, con la orquesta fuera de control. En general, se le podría pedir más sutileza a Banzo, pero ofreció una versión enérgica y disfrutable de la obra, con atención a la creación de efectos sonoros en momentos puntuales de la misma. Han de señalarse la espléndida interpretación de Jasu Moisio al oboe y el valiente esfuerzo de Michele Santi a la trompeta, luchando contra unas condiciones adversas de calor y humedad, en sus pasajes virtuosísticos de acompañamiento obbligato, no siempre con los resultados deseables. Habrá sin duda ocasión de pulir la obra más para las representaciones ya previstas para la primavera de 2006, que culminarán con una grabación en CD.

Sharon Rostorf-Zamir interpretó además los recitados del breve papel de 'Orgando', quien interviene sólo en la última escena, en la que también participaron el tenor Felipe Nieto y el barítono Joan Martín Royo para el brioso coro final, tras el cual el escaso público asistente ovacionó ruidosamente y puesto en pie a los músicos, compensando con este entusiasmo su reducido número.

Comentarios

Para escribir un comentario debes identificarte o registrarte.