España - Madrid

Cyberflöte

Andoni Munduate

lunes, 15 de agosto de 2005
Madrid, miércoles, 13 de julio de 2005. Teatro Real. Die Zauberflöte. Singspiel en dos actos de Wolfgng Amadè Mozart sobre libreto de Emanuel Shikaneder con partes habladas de Rafael Argullól. Nueva producción del Teatro Real, en coproducción con La Ruhr Trienale y L'Opéra National de París. Dirección de escena: La Fura dels Baus: Carlos Padrissa y Alex Ollé. Proyecto escénico: La Fura dels Baus: Jaume Plensa. Escenografía y vestuario: Jaume Plensa. Iluminador: Albert Faura. Proyecciones: Franc Aleu. Recitadora: Lola Dueñas. Directora de reposición: Valentina Carrasco. REPARTO: 'Sarastro', Daniel Borowski; 'Tamino', Toby Spence; 'Orador', François Lis; 'La reina de la noche': Lubica Vargicová; 'Pamina', Julia Kleiter; '3 damas', Ana Ibarra, Cecilia Díaz y Francisca Beaumont; 'Papageno', Brett Polegato; 'Papagena' Emmanuelle Goizé; 'Monostatos', Markus Brutscher. Coro y orquesta titular del Teatro Real. Director del coro: Jordi Casas Bayer. Director musical: Jeremie Rhorer

La primera de la serie de decepciones y desagrados llegó antes siquiera de entrar en el teatro. En las puertas de acceso se podía leer en una nota que Marc Minkowski no iba a poder desempeñar la dirección musical por prescripción facultativa. El que, en un principio, y a juzgar por las opiniones que se hicieron oír sin ningún disimulo de rabia los días anteriores, iba a ser lo único que iba a merecer la pena se esfumó.

Un vecino de platea afirmaba antes siquiera de empezar la representación algo así como “fulanito es malo, menganito es peor, y la producción es intolerable”, con la autoridad que le daba el haber asistido días antes a una representación. Tres horas después formó parte de uno de los mayores abucheos generalizados que he presenciado en el Teatro Real desde que el Señor Cura, voce ferita, dejó de venir por estos lares.

Nada más iniciar la acción dramática, quedó claro que el resultado iba a ser cuanto menos polémico y estéril, ya que la producción corría a cargo del grupo La Fura dels Baus. La vestimenta de Tamino parecía el uniforme de un karateka con protecciones acolchadas amarillo-chillón, la serpiente era virtual, las tres damas parecían más una especie proyección de un antivirus en tres dimensiones (con pechos y pubis iluminado incluidos), y sobre todo, la sensación de incapacidad se apropiaba de cada una de las espectaculares hadas bausianas disfrazadas de las transparecias conceptuales de un Plensa  lejano a un estado de gracia.

Lo peor, no obstante, estaba por venir. Entiendo que se reproponga el Singspiel cancelando los insustituibles diálogos de Schikaneder, pero si se hace sustituyendo por unos poemas de Rafael Argullol  compuestos a base de lugares comunes y una densidad filosóficopoética  nula , tenemos el complemento perfecto para unir a los colchones multiuso, perfectos para el descanso antisimbólico.

Musicalmente escuchamos una Flauta correcta, de la que sin innovaciones inútiles nos hubiera permitido adentrarnos en la obra maestra mozartiana, siempre sugerente y con motivos  musicales que parecen renovarse a cada escucha. Hubo continuidad dramática, aunque se presupusiera un conocimiento perfecto de cada personaje, ya que los deficientes versos intermusicales , entonados por una actriz de voz inconsistente  y dicción obscena, me alejaban de la obra, tanto que cada vez que se intercalaban las partes musicales, los cantantes hacía el papel de un deus ex machina.

Aceptables Tamino y Pamina, sin finesse vocal pero con credibilidad  en la síntesis, el resto debían agradecer que los versos argullolianos hiciesen desear la música de una manera, que creo no se volverá a repetir. Volviendo a lo estrictamente musical (tal como lo hiciera Brügen hace unos años con la misma orquesta y la misma obra), la búsqueda de sonidos originales de la época da frutos extraordinarios y hace que la orquesta del Real suene extraordinariamente bien afinada. Rhorer, mantuvo los tempos acelerados establecidos por Minkowski en las anteriores representaciones, aunque en algunas ocasiones no guardaba la cohesión del elenco y las voces como lo hizo éste.

En cualquier caso, he visto muchas producciones musicalmente bastante más pobres en el Teatro Real, y la audiencia aclama menos justamente que en esta ocasión. Sumemos, pues, los abucheos a la orquesta y director a la lista de ítems que no acabé de entender para obtener como resultado un espectáculo completamente incomprensible y absurdo, pero no necesariamente falto de calidad en su ejecución.

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