España - Cantabria

Festival de Santander

Latham-Koenig: disciplina inglesa

Roberto Blanco
jueves, 1 de septiembre de 2005
Jan Latham-Koenig © Moriya7, CC BY-SA 3.0 Wikipedia Jan Latham-Koenig © Moriya7, CC BY-SA 3.0 Wikipedia
Santander, jueves, 11 de agosto de 2005. Sala Argenta del Palacio de Festivales de Cantabria. Ernesto Halffter: Dos bocetos sinfónicos (Paisaje mort, La chanson du Lanternier). Manuel de Falla: Suite nº 2 de El sombrero de tres picos. César Franck: Sinfonía en re menor. Orquesta Filarmónica 900 del Teatro Regio de Turín. Director: Jan Latham-Koenig. LIV Festival Internacional de Santander. Aforo: 1800 localidades. Ocupación: 50%
8,42E-05

Mucho más acertada que el día anterior estuvo la Orquesta turinesa que este verano ha recalado en el palacio de Festivales santanderino, conducida esta vez por la experimentada batuta inglesa de Jan Latham-Koenig. Sin errores, y mucho más conjuntada y atenta, la diferencia entre ambos días puede radicar en el repertorio interpretado y en la distancia que media entre el trabajo y ensayo serio, y el ‘bolo’ veraniego más o menos improvisado.

Con una primera parte española, los Bocetos sinfónicos de Halffter, una obra de juventud donde ya se muestra la personalidad y dominio de la orquestación del compositor madrileño, los turineses dejaron a la sala inmersa en la peculiar atmósfera impresionista, pintando hermosas texturas. Algo más peculiar fue el enfoque que Latham-Koenig aplicó a la Suite nº 2 de El sombrero de tres picos de Falla, con tempi algo dilatados, pero con entusiasmo y concentración, siempre muy atento a todas las secciones.

La segunda parte del concierto lo ocupó la Sinfonía en re menor de César Franck, caballo de batalla de toda agrupación sinfónica que se precie, con la que el director supo extraer la mejor sonoridad de la noche. Latham-Koenig mantuvo una postura estática y contundente, con movimientos eléctricos, pero que se reveló muy eficaz en cuanto a los objetivos a conseguir. Así, los músicos manifestaron un sonido más claro y limpio, con un metal a años-luz del día anterior. Ganó también en seguridad la cuerda en general y la madera en particular, el clarinete en el ‘Allegretto’ y el corno inglés en el ‘Allegro ma non troppo’ del final.

Un buen concierto que se prolongó con una bella lectura de la ‘Méditation’ de Thaïs de Massenet para lucimiento del primer violín y la arpista, a modo de propina.

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