Crónicas Porteñas

Una locura menor

Susana Desimone
lunes, 8 de noviembre de 1999
0,0001884 Estamos en plena campaña electoral con vistas a los comicios que se realizarán en el mes de octubre. Esto quiere decir que ya comenzamos a ver por televisión a los candidatos recorriendo toda clase de programas: políticos, de entretenimientos, humorísticos, etc, etc. Los relojes instalados en algunas calles y en la pantalla de algunos noticieros nos informan de la cuenta regresiva que comenzó a principios de este año, para que sepamos minuto a minuto cuánto falta para que comience el año 2000. Pero acá, en esta Macondo austral, a nadie parece preocuparle demasiado ni lo que ocurrirá en octubre ni cómo nos sentiremos el 1 de enero del año próximo. Quizá porque todos tenemos una cierta idea, no demasiado optimista, de ambos sucesos.En efecto, se ha insistido con tal perseverancia a través de los medios de comunicación y de los "expertos" en la materia, en que no debe haber y no habrá cambios fundamentales en la política, especialmente la económica, que finalmente hemos logrado un estado de indiferencia, o más bien, de apatía generalizada por lo que vendrá. En ese marco, las nuevas imágenes de señoras y señores sonrientes desde los afiches en las calles o desde los diarios, revistas y televisores, alzando en sus brazos a los niños, besándolos, saludando a la gente y asegurándonos que el futuro no será fácil, pero que igual vamos hacia él (o él se abalanza contra nosotros, eso todavía no está claro) nos parecen algo reiterativas y nos dejan con la sensación de que esta película ya la vimos.Claro que los que conocimos varias dictaduras a lo largo de nuestra historia, seguimos pensando que una democracia aunque formal es siempre preferible a lo otro, esto es, a que nos digan: "No se moleste en votar, no hace falta. Nosotros vamos a elegir por Vd. por que sabemos qué es lo que más le conviene".Entre tanto han pasado ya las vacaciones de invierno que arrojaron a miles de niños y adolescentes a las calles en busca de entretenimiento y diversión (fue imposible circular por algunos lugares clave sin chocar contra estos grupos entusiastas acompañados en muchos casos por sufridos y resignados padres) y la feria judicial de invierno que permitió el descanso de jueces, abogados y litigantes en general, con excepción de los funcionarios que debieron cubrir los turnos de guardia permanentes.Como saldo de estos días, queda el registro del enorme suceso de las canciones infantiles de Maria Elena Walsh, que fueron la base de una película para niños y de una obra de teatro. El caso de Walsh es un fenómeno de perdurabilidad a lo largo del tiempo, porque sus temas, que acompañaron la infancia de muchos padres, son ahora cantadas y disfrutadas por los hijos -y a veces los nietos- de aquellos.Buenos Aires sigue disfrutando -a teatro lleno- de Les Luthiers. La gente se ríe a carcajadas durante el espectáculo (por esto solamente deberíamos consagrarlos benefactores sociales) y los aplaude sin reservas. Además este año han presentado nuevos instrumentos informales que utilizan en uno de sus números en el que, con formas de minué o gavota, se rinde homenaje con exquisita ironía al cuarto de baño. En el comentario previo el insuperable Marcos Mundstock recuerda que ese ambiente de la casa "es un lugar utilizado por filosófos, poetas y políticos muy frecuentemente". Y a continuación se pueden escuchar los increíbles sonidos y la deliciosa música que han compuesto para instrumentos tales como el "nomeolbidet" (de cuerdas, frotado por una rueda con cerdas que se hace girar con una manivela), el "calephon" cuya serpentina es el resultado de serruchar y unir un trombón y una tuba y que funciona a botonera, el "lirodoro" (una artística tapa de inodoro transformada en una especie de lira) y la "desafinaducha" (que utiliza el agua de una ducha como la fuerza motora y sonora que permite tocar una especie de metalofón).En otro plano, de mayor seriedad, pudimos gozar de la última Mimí cantada por Mirella Freni en el Colón, ya que según sus propias declaraciones, ésta iba a ser la última vez que interpretaría ese rol. Su Rodolfo fue en esta ocasión nuestro Luis Lima, quien a pesar de sus problemas bronquiales crónicos, hizo un verdadero esfuerzo y consiguió que el público lo aplaudiera con entusiasmo.Pero fue Erwin Schrott la revelación de la noche, interpretando un Colline inolvidable. Este bajo uruguayo obtuvo el primer premio en el concurso Operalia, realizado en Hamburgo en 1998 y en su agenda figuran presentaciones futuras en Chicago, Nueva York, Washington, Florencia, Génova, Viena y Bruselas. Habría que recordar su nombre, porque sin duda le aguarda una brillante carrera.En el Teatro Avenida, que se ha convertido en una excelente posibilidad para los cantantes líricos jóvenes que aspiran a actuar, ya con más experiencia, en el Colón, se aplaudió una versión castellana de "El Murciélago" de J. Strauss (h) con vestuario cedido por el Teatro Colón, el auspicio de la embajada de Austria, la dirección orquestal de Carlos Calleja y buenas interpretaciones de Eleonora Sancho, como Adela, Virginia Wagner como Rosalinda, Adriana Mastrángelo como Orlovsky y Carlos Pizzini como Alfredo.También fue excelente la repercusión del espectáculo coreográfico "Ryoanji. El centro del mareo" con música de John Cage y Conlon Nancarrow y coreografía de Susana Szperling, que se ofreció en el Centro de Experimentación del Teatro Colón.Otra buena muestra de ballet argentino comenzó en el Centro Cultural Rojas, con la dirección general de Rubén Szuchmacher y el área de danza coordinada por Miguel Robles. Se trata de Un Festival cuyo objetivo es mostrar la nueva producción de autores, directores, coreógrafos, compositores e intérpretes. Pero no se trata solamente de ballet como disciplina escénica, sino también de la incorporación en algunos casos de videos, fotos y hasta actuaciones teatrales con intervención de artistas de la Capital y del interior del país. Las funciones, que se iniciaron el 7 de julio, continuarán todos los sábados a las 21 hasta el 23 de noviembre.Finalmente sería justo destacar el espíritu de sacrificio y el empeño que pone tanta gente para llevar adelante todos estos proyectos, a pesar de la total indiferencia y a veces la franca oposición de las esferas oficiales para que los mismos puedan concretarse. Resulta conmovedor observar cuántos disfrutan de nobilísimos espectáculos gratuitos, o cómo se destinan pequeñas sumas a las localidades de menos precio para no perder lo que se intuye es de buena calidad. Hay excelentes músicos tocando en algunas estaciones de subterráneo y ellos también tienen su público que los aplaude. Quizá toda esta gente tenga por ahora vedado el acceso a formas más dignas de escuchar y ser escuchados, pero allí están, como muestra de la resistencia frente a todas las restricciones que sigue sufriendo el "gasto" cultural.Hoy los diarios nos informan que, según una encuesta del INDEC (Instituto Nacional de Estadísticas y Censos), todos los hogares de la Capital y Gran Buenos Aires, es decir, la región más poblada y la que dispone de los mayores ingresos por persona del país, reciben hoy, en promedio un 5,1 % menos de dinero que hace un año atrás.Esta situación provoca no sólo mal humor e irritación. Va inexorablemente acompañada por el aumento de la delincuencia, del consumo de droga y alcohol y de todas las formas más o menos sutiles de violencia.Por todo esto la gente que no baja los brazos y todavía tiene fuerzas para enviar mensajes furiosos a las radios o televisoras que entrevistan a los políticos sonrientes besadores de niños, a los rezagos de la dictadura que claman por un gobierno fuerte y, si es posible, más impiadoso, la gente que todavía compra algún libro, o es capaz de ver de pie una ópera o un concierto, es la gran esperanza de esta tierra.Cuando llegue el 2000 quizá muchas computadoras enloquezcan y retrocedan a 1900. Por aquí seguimos pensando que esa será siempre una locura menor.
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