España - Asturias

Pelagio risuscitato!

Ignacio Deleyto Alcalá

jueves, 15 de septiembre de 2005
Gijón, viernes, 9 de septiembre de 2005. Teatro Jovellanos. Saverio Mercadante: Pelagio. Ópera en cuatro actos (versión concierto). Libreto de Marco D’Arienzo. Reparto: ‘Pelagio’, Carlos Álvarez. ‘Abdel-Aor’, Alejandro Roy. ‘Bianca’, Tatiana Anisimova. ‘Giralda’, Judith Borrás. ‘Asan’, Enrico Iori. ‘Aliatar’, Lemuel Cuento. Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias (O.S.P.A.). Coral Polifónica Gijonesa. Director musical: Mariano Rivas. Aforo: 1.200 localidades. Asistencia: 100%.

Sonó por fin el Pelagio de Mercadante en el Teatro Jovellanos de Gijón y lo hizo precedido de una enorme curiosidad por parte del público y rodeado de un ambiente de velada operística que no recordábamos en esta ciudad. No era para menos. El hecho de que la acción de la obra tuviera lugar en Gijón en la época de enfrentamiento entre moros y cristianos, el protagonista fuera Pelayo -mítico héroe asturiano y símbolo de la ciudad- y el nombre de Gijón y el de Asturias aparecieran repetidamente en el libreto fueron estimulantes suficientes para que las autoridades pertinentes se volcaran en la exhumación de esta partitura belcantista que tras su estreno en 1857 en el Teatro San Carlos de Nápoles y una corta vida en los escenarios desaparecería del panorama operístico para siempre.

El libreto de Marco D’Arienzo es un texto que no tiene desperdicio y que nadie debe dejar de leer: de un exaltado patriotismo, políticamente incorrecto en toda la extensión de la expresión, en ocasiones cercano a otra época (o, según se mire, a la de ahora) con lindezas tales como “Soy vuestro caudillo”, “Viva España” o “Muerte a los moros” provocó numerosas sonrisas y debió sonrojar a más de uno.

Saverio Mercadante (1795-1870) es hoy un compositor poco conocido pero en su tiempo gozó de celebridad y reconocimiento internacionales y llegó a codearse con compositores de la talla de Donizetti y Verdi. Por ello tener la oportunidad de escuchar una ópera suya que supone un reestreno mundial y en unas condiciones aceptables, es ya en sí todo un acontecimiento en la vida musical de nuestro país. No es que debamos ahora deshacernos en elogios sobre el Pelagio, que a pesar de tener un incontestable valor musical no deja de ser un producto de su época e inferior a una Traviata o a un Simon Boccanegra, estrenada el mismo año que el Pelagio. En cualquier caso, estamos ante una obra belcantista de entidad, con momentos ciertamente inspirados como el dúo entre padre e hija, algunos de los coros o la ‘Preghiera di Bianca’. Mercadante demuestra también su calidad sinfónica en algunos de los pasajes orquestales así como su habilidad en la escritura para instrumentos como el violonchelo, la flauta y el clarinete.

Obviamente no existen grabaciones completas, ni siquiera fragmentarias del Pelagio. Hay una grabación de la ‘Preghiera di Bianca’ a cargo de Magda Olivero y que sepamos, nada más. De ahí la dificultad de dar vida a la obra, sin referencias previas ni siquiera una edición que manejar con confianza. Mariano Rivas, director de la versión gijonesa y primer responsable de la exhumación en versión concierto del Pelagio, supo de la obra a través de Jaume Tribó durante su estancia en el Liceo como director asistente y decidió elaborar su propia edición incluyendo la orquestación de algunas de las partes debido al mal estado de la copia manuscrita alojada en los archivos del Teatro San Carlos de Lisboa, principal fuente de trabajo del director gijonés.

Para esta ocasión se contó con la mejor orquesta de la región, la Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias, un coro de larga tradición como la Coral Polifónica Gijonesa y un elenco de voces protagonizado por Carlos Álvarez, Tatiana Anisimova (que sustituyó a Montserrat Caballé) y el tenor Alejandro Roy. Sin duda, tras la repentina cancelación de la Caballé, el protagonismo principal recayó en el barítono malagueño que, sin embargo, no estuvo a la altura de las expectativas. Le notamos algo insípido como si la partitura no le motivara. La voz se le quedó atrás en demasiadas ocasiones, fue parco en recursos expresivos y mostró un volumen insuficiente. La verdad es que esperábamos bastante más de su actuación. Mejoró algo en la segunda parte de la obra pero sin llegar a entusiasmar en ningún momento. Todo lo contrario a Alejandro Roy, en el papel del moro ‘Abdel’, que sin ser una voz privilegiada puso calor y tesón por doquier. Roy mostró fraseo y estilo aunque quizás le faltó un toque de valentía en ciertos momentos. También supo buscar el contraste dramático en el personaje moro, primero enamorado y luego vengativo.

‘Bianca’, la hija de Pelagio, fue asignada a la soprano Tatiana Anisimova que tuvo que estudiar el papel en un tiempo record. Sin duda, el papel le hubiera venido a Caballé como anillo al dedo (a la de hace treinta años, se entiende), y en varias ocasiones “quisimos” imaginarnos cómo habría sonado aquello de haber estado Caballé sobre el escenario. En cualquier caso, Anisimova, de voz poco belcantista y cuyo vibrato podía resultar a veces excesivo, defendió la difícil parte con autoridad revelando una voz bien proyectada, delicada en los pasajes más íntimos y recia y potente en los demás. Su Preghiera -acompañada de arpa y un espléndido violonchelo- fue extraordinaria y habrá que volver a escucharla si es verdad, como algún medio afirmó recientemente, que el resultado de esta velada se publicará en disco compacto. Los comprimarios cumplieron dignamente. Tanto coro como orquesta mostraron una preparación exhaustiva de esta partitura inédita para todos y estuvieron a gran nivel a pesar de los apuros del coro en determinados momentos.

La intensa batuta de Mariano Rivas, que dirigió con brío y entusiasmo, no dejó de lado un solo detalle, construyó bien los concertantes, imprimió a la partitura un ritmo trepidante y se marcó un vibrante final (que de haberlo estirado un poco habría resultado espectacular). Una obra desconocida para el público pero que no aburrió en ningún momento es el mayor elogio que podemos brindar al director, responsable de los más de cien artistas en escena y, por supuesto, del rescate de esta interesante partitura. El público aplaudió larga y calurosamente al director y a todos los artistas e, indirectamente, a la música de Mercadante. Así lo reconoció un Mariano Rivas emocionado al alzar la partitura del Pelagio entre los aplausos del público gijonés.

Lo verdaderamente importante ahora es que otro teatro de mayor entidad se interese por la obra y la lleve a escena. Eso sí podría significar el verdadero despegue de Pelagio y, quizás, el regreso al repertorio ocasional de una ópera más de Mercadante junto a sus dos óperas scaligeras de 1839 Il Bravo o Il Giuramento, las de más frecuente representación. Y, claro está, que el éxito obtenido por el estreno moderno de Pelagio, impulse la recuperación de la otra obra de Mercadante protagonizada por Don Pelayo,  La solitaria delle Asturie, una grand opéra sobre libreto de Felice Romani, que fue estrenada en La Fenice el 12 de marzo de 1840.

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