México

Pagliacci de Leoncavallo en Monterrey

Esteban Joel Valenzuela Corral

lunes, 26 de septiembre de 2005
Monterrey, domingo, 4 de septiembre de 2005. Gran sala del Teatro de la Ciudad. Pagliacci de Ruggiero Leoncavallo. Ópera de Nuevo León. Dirección escénica: Sergio García. Producción escénica: Rafael Blasquez. Producción ejecutiva: Oscar Martínez. Iluminación: César Guerra. Subtitulaje: Arnoldo Nerio. Diseño de vestuario y caracterización: Miguel Ángel Cortés. Maquillaje: Francisco Rangel. Producción general: Consejo para la Cultura y las Artes de Nuevo León y Consejo Pro-Ópera de Nuevo León. Elenco: Oziel Garza-Ornelas (Tonio), Carlos Galván (Canio), Verónica Murúa (Nedda), Juan Orozco (Silvio) y Javier Camarena (Beppe). Coro de la Ópera de Nuevo León a cargo del Maestro Juan David Flores. Orquesta Sinfónica de la Universidad Autónoma de Nuevo León. Dirección musical: Gerardo González. Asistencia: 100 % del aforo

Después de 12 años desde que se presentó por última vez la ópera Pagliacci en la ciudad de Monterrey, tuvimos la oportunidad de presenciar una nueva y rejuvenecida producción de la misma.
Como parte de la segunda producción presentada por Ópera de Nuevo León, en esta ocasión se contó con figuras de talla internacional, como fue el caso del barítono regiomontano, Oziel Garza-Ornelas, el cual en este año ha representado el papel de 'Tonio' en varios teatros de ópera de los Estados Unidos y en esta ocasión hace su debut en Monterrey, por lo que el papel lo tiene muy maduro, lo cual pudimos reafirmar en esta producción de Ópera de Nuevo León.

Garza-Ornelas, además de sentarle bien el personaje de 'Tonio', vocalmente está en su mejor época. Posee una amplia y potente voz con proyección y agradable timbre. Desde el inicio de la ópera, en el 'Prologo' ya había convencido al público, el cual le agradeció su presencia en el escenario con una gran ovación al final de la obra.

El resto del elenco tuvo un desempeño de muy buen nivel pero cabe mencionar que en su totalidad los cantantes son jóvenes valores mexicanos con un nivel que pudiéramos encontrar en casas de ópera de otra parte del mundo.

La incursión a la ópera del maestro Sergio García en la parte escénica ha sido un acierto en su carrera. A diferencia de la producción pasada (Don Pasquale) Pagliacci es una obra que por su naturaleza se ubica dentro del terreno del arte dramático el cual domina a la perfección el maestro García. Logró un trazo escénico adecuado y sutil, sin desmerecer el papel dramático de los protagonistas, quienes siempre estuvieron cooperativos con el trabajo del maestro. El resultado fue una versión 'natural' y convincente de la obra.

Haciendo uso de la tecnología y poniéndola al servicio del arte, la propuesta escenográfica nuevamente corrió por parte del productor Rafael Blásquez apoyado por Oscar Martínez en la producción ejecutiva. Se hizo uso de escenografía virtual y corpórea, iluminación robótica, supra-titulaje, efectos visuales y hasta una compañía de acróbatas se vió en el escenario. A este concepto innovador ahora se le conoce como "magia virtual", según palabras del mismo productor. Aunque en la primera parte de la ópera, observamos una propuesta más tradicional, en la segunda fue una fiesta escénica, tanto por los actores como por la escenografía.

Desgraciadamente la crítica local no ha alcanzado a entender la propuesta de la producción virtual, ya que en el pasado todas las producciones se han realizado con escenografía corpórea, la cual representa directamente la idea del compositor en la escena y es muy complejo y costoso poder cambiar esa escenografía varias veces en una escena. Con el apoyo virtual, como fue el caso de la propuesta de Blásquez, se logró complementar la parte 'virtual' de la idea global del creador y del maestro de escena al tener una parte corpórea, en donde se desarrolló la trama y un fondo virtual en donde las ideas y sentimientos de los protagonistas fluían. En general fue bien recibida por el público quien abarrotó la gran sala del teatro de la ciudad que incluso fue insuficiente en sus butacas para alojar al total del público que asistió.

Los dos factores adicionales que forman parte de una producción estuvieron a un nivel que merece ser reconocido: la orquesta y el coro. El maestro Félix Carrasco pulió hasta el último detalle en la interpretación de la partitura de Leoncavallo y se notó que la orquesta se identifica más con esta época que con el bel canto, al darle un toque adicional de 'romanticismo' a la obra además de manejar los tiempos adecuados para lograr una comunión entre el cantante y la orquesta. Se notó relajada y eso le dio seguridad a los cantantes, los cuales lograron hacer su mejor papel al sentirse apoyados por la batuta del maestro Carrasco.

El coro, ahora conocido como 'Coro de la Ópera de Nuevo León' ha ido in crescendo y al igual que la orquesta, al parecer su mejor época es el romanticismo o el verismo, para el caso de la ópera. Aunque sigue teniendo dificultades para llenar el hueco en la cuerda de tenor, sacó la casta y logró un ensamble casi perfecto con el elenco, de tal manera que aquello fue una verdadera realización. Hay que agradecerle al maestro Juan David Flores por su ardua labor con este coro.

Esperamos que estas nuevas propuestas de la Ópera de Nuevo León sigan dando fruto y continúen acercando al nuevo público joven que en esta temporada hemos visto en las butacas.

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