España - Madrid

Dos artistas, dos públicos

Aaron Vincent

viernes, 14 de octubre de 2005
Madrid, sábado, 1 de octubre de 2005. Teatro de la Zarzuela. Programa doble. La Voz Humana, monólogo en un acto sobre texto de Jean Cocteau (1889-1963). Versión de Luis Antonio de Villena. Estrenado en la Comédie-Française de París, el 17 de febrero de 1930. La Voix Humaine, tragédie lyrique en un acto con música de Francis Poulenc (1899-1963) y libreto de Jean Cocteau (1889-1963). Estrenada en la Opéra-Comique de París, el 6 de febrero de 1959. Dirección de escena: Gerardo Vera. Escenografía: Jon Berrondo. Figurines: Alejandro Andújar. Diseño de sonido: Mariano García. Diseño de audiovisuales: Álvaro Luna. Iluminador: Juan Gómez-Cornejo. Cecilia Roth, actriz. Dame Felicity Lott, soprano. Orquesta de la Comunidad de Madrid, titular del Teatro de la Zarzuela. Dirección musical: José Ramón Encinar. Temporada 2005-2006 Teatro de la Zarzuela
---

El Teatro de la Zarzuela ha inaugurado su temporada 2005-2006 con un interesante programa doble compuesto por la obra de teatro La voz humana de Jean Cocteau, estrenada en 1930, y la ópera homónima que Francis Poulenc escribió sobre el mismo texto casi treinta años después.

La obra de Cocteau, ofrecida aquí en una nueva adaptación de Luis Antonio de Villena, retrata el final de una relación a través de una larga y accidentada conversación telefónica entre una mujer y el amante que la ha abandonado, de la que sólo oímos las palabras de ella, en forma de monólogo. El libreto de la ópera reproduce el texto de la obra teatral, aunque introduce algunos cortes.

Ambas obras se presentaron con el mismo formato, precedidas de una breve filmación en blanco y negro a modo de prólogo que nos mostraba a la intérprete maquillándose ante un espejo, vídeo proyectado sobre una pantalla de tiras que se alzaba para revelar el decorado único -buen trabajo de Jon Berrondo- igual para las dos partes del espectáculo: un dormitorio vagamente años treinta, presidido por una gran cama y al fondo un amplio armario vestidor acristalado vacío, cuyo efecto se multiplicaba al reflejarse en dos enormes espejos de pared a cada lado. A pesar del punto de partida en común, las dos lecturas del texto se diferenciaban bastante, gracias a la cuidada dirección escénica de Gerardo Vera y a la labor de las intérpretes, así como pequeñas pero hábiles variaciones en el atrezzo, el vestuario y la iluminación.

Se ha dicho de La voz humana de Cocteau que es un texto que ha envejecido mal, que el drama de la protagonista ha perdido hoy en día su capacidad para conmover al espectador. Lo cierto es que la situación que describe, la de una ruptura sentimental, sigue siendo potencialmente traumática, puede que no en la misma manera que hace cincuenta u ochenta años, pero no por ello mucho más fácil de sobrellevar. Las frases que Cocteau pone en boca de su personaje femenino serán banales, pero ¿acaso no lo son las nuestras propias en la vida cotidiana? Ésta es una pequeña tragedia íntima que en las manos adecuadas puede volver a cobrar vida sobre un escenario y emocionar aún al espectador, por mucho que esta amante abandonada no tenga la talla de una Ariadne o una Dido, ... o quizás justamente por ello.

Desafortunadamente, la obra no halló en Cecilia Roth la mejor defensora de sus cualidades. Instalada desde el principio en un tono lastimero que no invitaba a la compasión, sino más bien todo lo contrario, no varió el registro en toda la función -su continuo lloriqueo resultaba tan irritante y sus gritos de desesperación sonaban tan histéricos y huecos que sorprendía el aguante de su interlocutor al otro lado de la línea. Hasta cierto punto podría aceptarse como una posible lectura del personaje, aunque demasiado plana y difícilmente creíble -sensación de inverosimilitud que aumentaba al recitar el texto, que seguía con bastante libertad, de forma tan corrida que no dejaba apenas lugar para que el otro respondiese, mucho menos para que ella crease el personaje de él al escucharle.

La ópera fue otro cantar. Evidentemente, la exquisita partitura de Poulenc ayuda considerablemente a crear el personaje, pero por otro lado exige una intérprete que sepa defenderla y estar a su altura y aquí desde luego la hubo. Dame Felicity Lott estuvo soberbia como actriz y como cantante. Cautivadora ya desde la breve escena filmada introductoria, a pesar de ser muda. Fascinante en su perfecto retrato del desmoronamiento gradual de la amante abandonada, llena de matices, cargada de historia, de pasado, hasta llegar a ese último momento desgarrador cuando, perdidas toda esperanza y dignidad, exclama repetidamente "je t'aime!" a alguien que ya no la escucha. Musicalmente impecable. Teatralmente impactante: ¡qué elocuente su entrada caminando entre el bosque de perchas de su vestidor vacío!

Desde el foso, los músicos de la Orquesta de la Comunidad de Madrid dirigidos por José Ramón Encinar ofrecieron una interpretación muy digna, aunque en alguna ocasión amenazasen con cubrir a la soprano y en los breves compases jazzísticos les faltase algo de chispa. Es lástima que teniéndoles en el teatro, no se recurriese a ellos para interpretar la música incidental de la obra de teatro, en lugar de la grabación que se utilizó. Una oportunidad perdida.

La velada se saldó con éxito grande, más ruidoso eso sí para la soprano: el carácter de la propuesta dio lugar a la presencia de dos públicos distintos, y en la sala se percibió claramente esta división. En ambas partes del espectáculo hubo quien miraba con impaciencia su reloj o directamente charlaba con su vecino y es que, quizás con vistas a evitar deserciones, las dos obras se ofrecieron de forma continuada, sin intermedio, algo que se hubiese agradecido bastante antes de ser lanzados de nuevo a la tragedia de esta desdichada dama.

Comentarios

Para escribir un comentario debes identificarte o registrarte.