España - Madrid

Un trío de maestros

Aimée Guerrero

miércoles, 16 de noviembre de 2005
Madrid, martes, 8 de noviembre de 2005. Auditorio Nacional de Música, Sala Sinfónica. Franz Peter Zimmermann, violín; Heinrich Schiff, violonchelo; Christian Zacharias, piano. Obras. Franz Peter Schubert: ‘Trío nº. 1 en si bemol mayor’, op. 99, D 898; ‘Trío nº. 2 en mi bemol mayor’, op. 100, D 929. Localidades: 2290. Aforo: 90%
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Grandes maestros de la interpretación son los tres músicos que llenaron con su arte, la sala del auditorio el pasado martes. La elección y ejecución de los dos tríos de Schubert fue de excelente gusto. Las dos partes del concierto duraron aproximadamente cincuenta minutos, en ellas se impuso una perfecta afinación, técnica y realización artística de primera.

Los tres instrumentistas tienen un talento extraordinario y una formación que desde sus primeros años ha sido severa y tenaz. Sus currículos son amplios en la trayectoria como solistas y músicos de cámara. También han desarrollado otras aristas como la dirección musical y orquestal, la enseñanza, creación y la colaboración con los más reconocidos directores y orquestas actuales. Han sido además, merecedores de premios importantes, y tienen un amplio catálogo de grabaciones, diversas en estilos y formatos.
 
El comienzo de Trío nº. 1 preparó al público para una sonoridad llena de contrastes expresivos marcados por la exposición de los dos temas del allegro de sonata. Entre los músicos la comunicación musical es tan cercana que se transmite constantemente en el equilibrio de los planos sonoros y el discurso musical. El Andante fue de gran lirismo, una atmósfera enriquecida por los diferentes timbres, el entretejido melódico y la expresividad de los largos fraseos. El comienzo presenta el tema a dúo, conducido por la cuerda más grave, con una afinación y profundidad, que pasa instintivamente al teclado. El Scherzo sonó con un gracioso y refinado tempo y carácter, roto, por la culminación del Rondó, apasiondo y contrastado.

Sonó Schubert, el compositor cercano a la música de  los grandes clásicos y en especial, al manejo inteligente de la estructura camerística. Sus tríos reflejaron la libertad de creación y ambición formal, técnica y estética.

Luego del intermedio, cada día más largo, continuó el Trío nº. 2, para la mayoría de los historiadores el primero. El inicio rotundo en los contrastes temáticos propios de la forma, en esta ocasión realzados por los puntuales cambios de intensidad interpretados con extremo cuidado. Los pp se disfrutaron abiertamente, impuestos en una sala concentrada y expectante. En los dos movimientos finales los músicos corroboraron su maestría interpretativa y estilística, a través de su técnica virtuosa, reflejada en la limpieza extrema de largos pasajes de escalas y arpegios a gran velocidad y transparencia. Se impuso una vez más, el diálogo musical a través de las preguntas y respuestas tímbricas y expresivas, con un fraseo, afinación y expresividad propia de grandes artistas.

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