Costa Rica

Pronóstico promisorio

Andrés Sáenz
lunes, 21 de noviembre de 2005
San José, viernes, 11 de noviembre de 2005. Teatro Nacional. Concierto especial Concurso Jóvenes Solistas 2005. Laureados: Nelly Guevara, violín; Catalina Calderón, violonchelo; Dalia Chin, flauta; piano; Josué González, piano. Orquesta Sinfónica Nacional (OSN). Álvaro González, director invitado
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Un público numeroso se reunió el viernes, en el Teatro Nacional, para oír el concierto dedicado a los ocho ganadores del bienal Concurso Jóvenes Solistas, quienes se presentaron acompañados por la Orquesta Sinfónica Nacional (OSN), bajo la batuta de Álvaro González, director invitado.

Dado el programa extenso y las limitaciones de espacio, en este comentario solo me ocuparé de los cuatro laureados que escuché en la primera mitad de la función, sin menoscabo de los restantes que se mostraron en la segunda mitad que no atendí.

Pero antes, tengo dos observaciones: acaso los organizadores podrían considerar la alternativa de abrir el certamen anualmente a determinadas categorías instrumentales, en vez de meter a todos los concursantes en un mismo saco cada dos años. La demasía, ¿no desluce el mérito individual? Asimismo, no parece equitativo adjudicar dos premios al piano, en detrimento de otros instrumentistas que concursan por un premio único.

Nelly Guevara, ganadora en violín, es alumna, en el Instituto Nacional de Música, de José Aurelio Castillo, concertino de la OSN. Ha recibido clases maestras con distinguidos violinistas, ha sido escogida para participar en campamentos musicales internacionales y en orquestas juveniles iberoamericanas, y es integrante de la OSN y otros conjuntos orquestales. La solista brindó una interpretación resuelta y afinada del primer movimiento del Concierto en re menor para violín y orquesta opus 47, de Jean Sibelius (1865-1957), y produjo volumen amplio del instrumento, bien que en los bajos el sonido delataba cierta aspereza, probablemente consecuencia de la calidad ordinaria del violín. Ojalá la joven pueda adquirir uno a la medida de su talento.

Dalia Chin, galardonada en flauta, estudia en la Escuela de Artes Musicales (EAM) de la Universidad de Costa Rica, donde es alumna de María Luisa Meneses, principal del instrumento en la OSN. Ha recibido clases maestras con flautistas de renombre y es integrante de la Orquesta Sinfónica de la UCR. Su interpretación de la Fantasía para flauta y orquesta, de Georges Hüe (1858-1948), se oyó fluida y sensitiva, el sonido pleno y despejado.

Josué González, uno de los premiados en piano, inició los estudios musicales a los tres años de edad en el programa Suzuki del Instituto Nacional de Música y, ahora, a los10 años, está bajo la tutoría de Tamara Sklioutovskaia y Alexandr Sklioutovski en el Instituto Superior de Artes. Además, cursa el programa de preparación intensiva de la Universidad Nacional con distintos maestros de piano. Al igual que otros alumnos de la pareja Sklioutovski que he escuchado, el niño exhibió sobrada habilidad mecánica en la ejecución del primer movimiento del Concierto n° 1 en do mayor para piano y orquesta opus 15, de Ludwig van Beethoven (1770-1827). Conforme madure y crezca artística e intelectualmente, quizá el niño González podrá decidir por él mismo si está dentro de las normas del buen gusto musical que acompañe la ejecución con excesivos meneos corporales. Esto no ocurría cuando tocaba sino en los momentos de silencio del piano.

En el intermedio, algunos oyentes me insistieron que González y sus condiscípulos reciben clases de ‘expresión escénica’. No lo he confirmado, pero, si así fuera, y la tal ‘expresión’ consiste en innecesarios y molestos bamboleos rítmicos de cabeza y cuerpo, se trataría de una seria y alarmante deformación pedagógica. El histrionismo y las afectaciones están fuera de lugar ante el piano, como lo atestigua la conducta sobria en el escenario de los grandes intérpretes. Aunque últimamente el chino Lang Lang ha sido la excepción, no es ejemplo a seguir: ya adquirió la fama de que sus interpretaciones son más monerías que música.

Catalina Calderón, laureada en el violonchelo, es alumna de Álvaro González, violonchelo principal de la OSN, estudió en la EAM, ha recibido clases maestras con chelistas reconocidos, ha participado en orquestas juveniles nacionales e internacionales y es integrante de varias orquestas sinfónicas del país. Su emotiva y vigorosa versión de Schlomo. Rapsodia hebrea para violonchelo y orquesta, de Ernest Bloch (1880-1959), me pareció la más acabada y madura de la noche: sonoridad tersa y colorida; volumen suficiente, si bien no muy amplio; entonación justa; ataque decidido y fraseo conexo.

Todas las jóvenes solistas recibieron ovaciones de los asistentes, y también el niño Josué González, para quien fue más prolongada.

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