España - Cataluña

La esencia de Shakti reaparece en Barcelona

Antonio Mª Iglesias

jueves, 2 de noviembre de 2000
Barcelona, jueves, 26 de octubre de 2000. Palau de la Música. Festival Internacional de Jazz de Barcelona. Shakti: Inteligencia creativa, belleza, energía ... John McLaughlin: guitarra. Zakir Hussain: tabla y percusión. Selvaganesh: kanjira, ghatam, maretangham y percusión. Srinivas: mandolina eléctrica
Lleno en el Palau de la Música. Un acorde de fondo, sonido de tampura -ese instrumento indio de sencilla manipulación que se utiliza en la tradición india- daba la bienvenida al espectador. ¿Ruido de fondo? En el escenario, una tarima y, reposando, la percusión. Escasos medios.Salieron los músicos, con McLaughlin a la cabeza, y se hizo el silencio... o casi: la música ya había empezado.En la música clásica india, desde tiempos inmemoriales, existen dos tradiciones fuertemente diferenciadas: de un lado la escuela Karnática del Sur y, de otro, la Hindustani del Norte. A pesar de sus orígenes comunes, sus métodos y filosofías son divergentes. El sistema Karnático es considerado como el más formal, en parte debido a su mayor énfasis en la aplicación de unas determinadas reglas, métodos y directrices concretas. En contraste, la música Hindustani se considera más orientada a la improvisación, a la vanguardia, a formas más liberadas de la pura aplicación de sistemas tradicionales.Con la aparición de Shakti, allá por el 1975, la irrupción del guitarrista John McLaughlin abrazando la cultura india ayudó a crear muchos puentes entre ambas tradiciones, abriendo nuevas fronteras y mentes -no sin sus relativos problemas de aceptación- y nuevas vías de colaboración Oriente-Occidente. La esencia inicial de Shakti, con McLaughlin, Zakir Hussain (maestro de la tabla, músico de tradición Hindustani), el violinista L. Shankar i el percusionista (básicamente con el ghatam) T.H. Vikku Vinayakram (ambos de tradición Karnática, del Sur), era la de la combinación de músicos con diferentes tradiciones y puntos de vista para crear algo nuevo, algo que cruzara los límites vigentes en ese momento. Ni jazz, ni música india tradicional del Norte, ni música del Sur ... algo nuevo, algo diferente. De aquellos viejos tiempos quedan tres fantásticos discos (la banda se deshizo en 1978) y, cosas de la vida, el resurgimiento del grupo tuvo lugar en Inglaterra en 1997.La nueva etapa de Shakti (ahora con el nostálgico nombre Remember Shakti) no tuvo nada que ver con aquellos tiempos de mediados los 70. ¿O sí? Claro está, que desde el punto de vista musical las cosas fueron muy distintas: con la inclusión del mítico Hariprasad Chaurasia (tocando el bansuri, la flauta india) en lugar de Shankar, el tono resulta más emocionado, profundo, místico, un poco alejado de aquellas piruetas i fuegos artificiales -energía en su estado más primitivo- de los primeros años. Ya lo dice McLaughlin, hay que saber adaptarse a las circunstancias y momentos musicales: con Chaurasia la música resulta diferente y, en consecuencia, el doble Remember Shakti, gravado en directo el 1997 y éxito de ventas en 1999, se aleja considerablemente de la sonoridad inicial. Además, McLaughlin electrifica su guitarra y abandona su aproximación al sitar para proveerse de un sonido más identificable con su musicalidad.No obstante, la esencia de Shakti queda intacta: pocas referencias a la música occidental, reverencias a la tradición india y a sus ragas: un sistema melódico muy concreto que combina determinados conjuntos de notas específicamente diseñados para evocar diferentes atmósferas y emociones. Cuando se está tocando una raga, el tono, la secuencia de notas y su compleja relación e interacción son capitales. Es una forma que exige de una aproximación muy concreta e intelectual a la improvisación, donde los músicos son llamados a equilibrar muy bien los factores intuitivo y creativo con el cerebral y matemático.Y Shakti es eso: parece que todo sea libre albedrío, mística pura, música improvisada sin patrón ... pero no: en el fondo hay una clara estructura sobre la que se va tejiendo una libertad absoluta a partir del conocimiento profundo que el músico debe poseer.En su segunda mutación, la que vimos en Barcelona, Shakti aparece con sus pilares fundamentales (McLaughlin y Hussain) y los jóvenes músicos indios del Sur Selvaganesh (kanjira y ghatam) y Srinivas (mandolina eléctrica). Nada que ver con Remember Shakti. ¿O sí?McLaughlin aparece como un grande de la escena. Sólo con su presencia llena el escenario. Su guitarra deslumbra: es un mito. A su derecha se sitúa, frente al público, Srinivas y su mandolina. Son los componentes melódicos. Hussain está situado en un extremo y no mira al escenario, está de lado, orientado al centro del grupo. Por contra, Selvaganesh y su kanjira está frente a él, al otro lado. No paran de mirarse, de seguirse, son la parte rítmica del complejo.La música se basa, en gran medida, con los aspectos rítmicos: brillaron a gran altura los dos percusionistas y, si cabe, la gran actuación de Selvaganesh (ya deslumbró en San Sebastián el año pasado) con la kanjira. Para que se hagan una idea, la kanjira es una especie de pandereta de piel de lagarto, con una sola tachuela. El vasto mundo de sonidos y ritmos que Selvaganesh es capaz de sacar con esta escasez de medios es impresionante. Uno de sus solos fue de lo mejor de la noche: energía pura. Y después estuvo Hussain, imaginativo como siempre, atento vigilante y guardián de las estructuras rítmicas, y virtuosístico a gran escala. Lo suyo fue un no parar en todo el concierto, haciendo "cantar" sus tablas tal instrumento melódico.Y ¿qué decir de McLaughlin? Lo suyo es un continuo fluir, un virtuosismo llevado al límite, una adaptación fenomenal al medio, una sabiduría, un ritmo, fuegos artificiales ... y con un fraseo rapidísimo, a veces demasiado inconcreto y apabullante, y un sonido propio que lo distingue de los demás. Actuó con un relajamiento absoluto -como sus colegas- incluso en los riffs más complejos, siempre concentrado y alegre, haciendo de lo imposible lo más fácil del mundo. Dio, en muchos momentos, la alternativa a Srinivas que, sin complejos, abrió muchas secciones de libre improvisación.El concierto se basó en temas propios, ya fueran de McLaughlin o Hussain, con especial énfasis en la elaboración del discurso de cada intérprete, mucha interacción rítmica y, en determinadas fases, melódica (con desarrollo colectivo -que no simultáneo- de frases cazadas al vuelo por alguno de ellos), dando un buen balance entre los temas rápidos y los lentos, entre los más estructurados y los menos. Había que ver, ya en la segunda parte del concierto, como todos ellos contaban -con los dedos, con las palmas, sí- los compases, como si de un ritual se tratase: no había pérdida.En conjunto, Shakti dejó en Barcelona un buen sabor de boca a los aficionados que, con cara atónita los más jóvenes -los había- tuvieron el placer de escuchar durante dos horas largas un grupo de virtuosos al servicio de la música.Un buen inicio de Festival, sí señor. Que la fiesta continúe: el viernes-3 tenemos a Joshua Redman y su cuarteto.

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