Estados Unidos

Con pasión desesperada

Roberto San Juan
miércoles, 21 de diciembre de 2005
Chicago, sábado, 3 de diciembre de 2005. Lyric Opera. G. Puccini: Manon Lescaut. Drama lírico en cuatro actos. Libreto de Ruggero Leoncavallo, Domenico Oliva, Marco Praga, Giuseppe Giacosa, Luigi Illica y Giulio Ricordi. Basado en la novela titulada ‘La Historia del Caballero Des Grieux y de Manon Lescaut’, del abad Antoine-François Prévost. Estrenada el 1 de febrero de 1893 en el Teatro Regio de Turín. Olivier Tambosi, dirección escénica. Frank Philipp Schlössmann, escenografía y vestuario. Duane Schuler, iluminación. Sara Stewart, coreografía. Donald Palumbo, maestro de coro. Elenco: Karita Mattila (Manon Lescaut), Vladimir Galouzine (Des Grieux), Christopher Feigum (Lescaut), Dale Travis (Geronte de Ravoir), David Cangelosi (Maestro de danza/Sereno), Bryan Griffin (Edmundo), Lauren McNeese (Cantante), Levi Hernández (Posadero), Quinn Kelsey (Capitán), Brando Mayberry (Sargento). Orquesta y Coro titular de la Lyric Opera de Chicago. Dirección musical: Bruno Bartoletti
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Manon Lescaut fue la tercera ópera escrita por Puccini, pero constituye su primer gran triunfo y aquél que le permitió abrirse paso en el panorama operístico de la época, tanto italiano como internacional. Nada menos que hasta seis libretistas colaboraron con el compositor, entre ellos el editor Ricordi, lo que da una idea de las dificultades y tensiones encontradas para extraer, a partir de la popular novela de Prévost publicada en 1731, un texto adecuado para ser musicalizado y al que Puccini diese su aprobación.

Por otra parte, la nueva ópera inevitablemente iba a ser comparada con la Manon de J. Massenet, estrenada en 1884. Puccini, sabedor de esto, enseguida comentó: “Massenet lo siente en francés, con polvos y menuets; yo lo sentiré en italiano, con una pasión desesperada”.

Finalmente un nuevo problema, esta vez resuelto por el citado Ricordi, se interpondría en el camino, ya que el lugar de estreno, que iba a ser Milán, se trasladó a Turín por miedo a que la ópera pasara desapercibida, dado que el ya consagrado Verdi iba a estrenar su Falstaff ocho días después en La Scala de Milán.

Karita Mattila y Vladimir Galouzine
Fotografía © 2005 by Dan Rest/Lyric Opera of Chicago

Para asegurar el éxito de la Manon de Puccini es necesario, pero no suficiente, contar con dos excelentes cantantes y actores en los papeles protagonistas, que sepan conducir la acción a través de los cuatro actos de la ópera y a pesar de los saltos en la trama. El libreto no contempla episodios argumentales que debieran ser conocidos para entender mejor lo que sucede en la escena y por eso es especialmente importante no sólo que los personajes canten bien, sino que actúen bien. Ambas características las cumplen la pareja formada por la soprano finlandesa Karita Mattila y el tenor ruso Vladimir Galouzine.

Considero sumamente complicado dar credibilidad a un personaje que se muestra como una ingenua y cándida joven lista para ingresar en un convento en el primer acto, una superficial cortesana encerrada en su torre de marfil en el segundo, pasa a estar presa en la cárcel a la espera de ser deportada en el acto tercero y, finalmente, es un alma errante y sedienta que camina y muere en un vasto desierto cerca de Nueva Orleáns.

Mattila lo consiguió notablemente. Su voz es versátil, de amplio registro y capaz de transmitir, según los casos, tanto frescura y frivolidad como profundidad y melancolía. Así ocurrió, por ejemplo, en ‘In quelle trine morbide’, acto segundo. Comparado con los requerimientos exigidos a otras heroínas de Puccini -‘Mimí’ en La Bohème o ‘Cio-Cio-San’ en Madama Butterfly- este acto es uno de los más complicados, ya que exige una soprano lírica de voz íntima para el aria citada y los dúos con ‘Lescaut’, pero que se adapte al registro lírico-ligero con momentos de coloratura para el arietta ‘L´ora, o Tirsi’ y capacidad próxima al spinto en el clímax de los dúos de amor con ‘Des Grieux’. Algo semejante ocurre en el último acto, donde Mattila combinó en su voz delicadeza y desesperación. Estremecedora al aria ‘Sola, perduta, abbandonata’.

Karita Mattila
Fotografía © 2005 by Dan Rest/Lyric Opera of Chicago

El tenor ruso Galouzine fue un ‘Des Grieux’ excepcional. A diferencia de ‘Manon’, quien se debate entre el amor verdadero del hombre joven y las riquezas del viejo ‘Geronte de Ravoir’, ‘Des Grieux’ es el amante fiel que quedó prendado de ‘Manon’, desde el mismo instante que la vio descender del carruaje en Amiens. Ese amor conduce al antiguo hombre honrado a cometer delitos. Con su voz potente, intensa, gruesa y rica en armónicos, Galouzine transmite esa pasión sin descanso que el personaje exige. El público supo reconocerlo desde el primer acto, aplaudiendo su primera intervención ‘L´amor? L´amor?’. El tenor supuso el contrapunto adecuado a una ‘Manon’ que en algunos momentos del primer acto se mostró distante. En el segundo acto, sin embargo, ambos personajes se fundieron en un intenso dúo de amor rayando el erotismo.

El parisino Olivier Tambosi realizó un gran papel en la dirección escénica tratando de dar unidad y coherencia a un libreto en el que, como he comentado, se omiten partes de la historia que se cuenta. Su dirección, además, siguió fielmente las indicaciones elaboradas por Puccini. Su trabajo no fue fácil, ya que hay momentos donde son muchos y diversos los hechos que están sucediendo a la vez en el escenario, con distintos personajes implicados. Así, en el acto I, por ejemplo, tenemos a la vez un juego de cartas a la izquierda, en el que participa ‘Lescaut’, la puerta de entrada a la posada en la zona central y, a la derecha, el posadero conversando con ‘Geronte’ mientras ‘Edmundo’ escucha escondido.

Sin embargo, desde mi punto de vista algunas escenas resultaron estáticas en exceso. Me habría gustado un mayor dinamismo en la segunda mitad del tercer acto, donde las mujeres que van a ser deportadas son marcadas una a una al hierro y avanzan después en grupo tratando de subir por una escalera que les conduciría hacia un barco con destino a América. Igualmente estática, quizá deliberadamente, resultó la danza de ‘Manon’ en la primera mitad del segundo acto. En su nueva vida parisina y tras tratar de escoger entre varios vestidos y colores, ‘Manon’ recibe su lección de baile danzando un menuet con aire distraído, supervisada por ‘Geronte’ y su grupo de amigos aduladores embutidos en capas negras y dispuestos en semicírculo. Afortunadamente, cuando ‘Des Grieux’ llega por sorpresa la acción recupera su pulso.

El decorado y vestuarios diseñados por el alemán Schlössmann cumplieron muy bien su papel. El dormitorio en la mansión parisina de ‘Geronte’, con las paredes forradas de oscuro lapislázuli y una lujosa cama frente al público, resultó espectacular en el segundo acto. En el tercero, los ladrillos oscuros, las rejas y la luz pálida que se escapa a través de las ventanas de la prisión anuncian la condenación inminente de ‘Manon’.

Karita Mattila
Fotografía © 2005 by Dan Rest/Lyric Opera of Chicago

Entre el resto del elenco, dominado por americanos, el barítono Christopher Feigum fue un destacado ‘Lescaut’, mientras que su compatriota bajo-barítono Dale Travis fue un alto y orgulloso ‘Geronte’. El tenor Bryan Griffin realizó un buen papel como ‘Edmundo’ en su debut en la Lyric Opera, aunque su voz necesita ganar en peso y riqueza tímbrica. La mezzo Lauren McNeese estuvo al frente del madrigal del segundo acto.

El coro, preparado por Donald Palumbo, se mostró algo desigual en el primer acto, pero mejoró notablemente en los siguientes y realizó un gran papel.

En el foso, el veterano Bruno Bartoletti, director artístico de la Lyric Opera entre 1964 y 1999 y actual director emérito, supo conseguir los mejores colores expresivos de la orquesta. Muy destacable el intermezzo a telón bajado que sirve de transición para ‘Manon’ entre el lujo de París y la estancia en la prisión de Le Havre. Constituye un excelente ejemplo de melodía pucciniana cargada de pasión italiana.

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