España - Cataluña

Joshua Redman emprende el vuelo

Antonio Mª Iglesias

lunes, 13 de noviembre de 2000
Barcelona, viernes, 3 de noviembre de 2000. Palau de la Música Catalana. Joshua Redman Quartet. Joshua Redman: saxos tenor, alto y soprano. Aaron Goldberg: piano. Omer Avital: contrabajo. Gregory Hutchinson: batería
Silencio en el Palau. Aparece Joshua Redman y su cuarteto. Aplausos tímidos. El saxofonista se sitúa en medio del escenario, rodeado de sus compañeros. Un juego de luces deja la iluminación sólo para él. Su gesto es de concentración. Mira fijamente su saxo tenor, se ajusta la correa y emboca la boquilla con los ojos cerrados. El silencio es enorme. Entonces empieza a soplar, levemente. Es una nota que casi no se percibe, medio nota-medio aire.Se puede empezar un concierto de muchas maneras, pero él lo hizo así, a lo difícil: una nota muy larga, en el registro medio-bajo y, sobretodo, muy bien atacada, empujando el aire justo, dando el tono adecuado. La cadenza fue larga, entretenida, curiosa y sobretodo, destacando esta nueva sonoridad y fraseo de que Redman hace gala: algo ha cambiado profundamente en su camino.En el mundillo del jazz, Redman (Berkeley CA, 1969) siempre ha destacado por ser uno de sus alumnos aventajados, a medio camino de lo que es puramente un músico de entornos marginales o intelectuales y la más fulgurante estrella del pop. Gran talento precoz, a la corta edad de veintipocos años ya estaba gravando con gigantes como Joe Lovano (Tenor Legacy, Julio de 1993) o Paul Motian (The Electric BeBop Band, Abril 1992) y elaborando sus propios trabajos con gente de la talla de Pat Metheny, Charlie Haden y Billy Higgins (Wish, 1993).Decidido a dedicarse plenamente al saxofón después de su paso por Harvard, en Boston -donde aprovechaba los descansos estivales para participar en las numerosísimas jam sessions de esa ciudad- desde entonces su paso por la escena fue la de un meteoro, llevándoselo todo por delante: premios, entrevistas, fotografías, reportajes, portadas ...Muy preocupado por la estética jazzística, desde su primer disco (Joshua Redman, 1992) se hace patente, aparte de su gran talento, su facilidad de palabra: los libretos que acompañan sus grabaciones son siempre relatos pedagógico-filosóficos justificando un estilo, unos medios. En definitiva, su música. Su aproximación al jazz, no obstante, es el del absoluto respeto por la tradición y el legado de los grandes, pero sin olvidarse de los aspectos puramente musicales. Joshua intenta, ya des de un inicio, que sus influencias provinientes del pop se dejen notar (James Brown, por ejemplo) y, sobretodo, ser fiel a su creatividad. Emoción, expresividad, feeling, sensibilidad, son palabras a las que recurre en sus discursos, más que a inteligencia, cálculo, matemáticas ... elementos otrora asociados a la música de jazz.Y claro, el joven negro, con talento, de buenos modales, intelectual y virtuoso, se convirtió de la noche al día en un filón para su compañía de discos (Warner Bros, a la que sigue fiel), que lo promovió con gran eficacia y éxito de ventas.Con Freedom in the groove (1996), el proyecto de unificación de diferentes corrientes musicales (díganse soul, rhythm & blues, jazz, ...) parece que lleva a Redman a experimentar por caminos que le alejarán de su aproximación más auténtica al jazz tradicional. Nuevos sonidos (la inclusión del saxo alto, el quinteto con guitarra), ritmos pegadizos, tonadillas pseudo-comerciales, abundan en un disco desigual, donde la presencia contínua del saxofonista se deja notar, seguramente, demasiado. Y la pregunta estaba clara ¿hacia dónde se dirigen sus pasos?Alguna cosa cambió ya con Timeless Tales (1998), un disco dedicado a la revisitación de standards de toda la vida (¿vuelta atrás?) pero con mucho arreglo y cuidado en los aspectos formales. Su sonido ya empieza a notarse distinto: ha sustituido su boquilla de toda la vida (de metal) por una de pasta, de vibraciones mucho menos chillonas, de armónicos más suaves, de tono más redondo y no tan afilado.Beyond, su último disco (con Aaron Goldberg, Reuben Rogers y Gregory Hutchinson) marca claramente la nueva vía elegida por Redman. Sus vuelos ahora van encaminados a seguir la línea abierta por saxofonistas de las características de Mark Turner (que aparece en un tema), Chris Cheek o Seamus Blake, la nueva era del saxo tenor americano. Sí, claro está, pero sin olvidarse de todo el trabajo acumulado, de sus tres saxos (a los que no renuncia) y del punto de madurez a que se llega después de años en la cima. Ahora su sonido es mucho más sutil, su fraseo es mucho más creativo, más estructural, de largas elocubraciones con sentido, de legato y vibrato mucho más frescos. En definitiva, un Redman no tan apabullante, con un discurso que no busca el clímax gratuito, que mide mucho más lo que dice y cómo lo dice.El concierto de Barcelona se basó en gran medida en Beyond y la inclusión de dos standards -The shadow of your smile de J. Mandel y Yesterdays de J. Kern- arreglados por Goldberg y Redman respectivamente. Unos arreglos sencillos, sorprendentes, bonitos, y el bis centrado en Relaxin’ at Camarillo, un blues de Charlie Parker.Empezó la noche con Courage (un sinfín de colores y matices, ritmos distintos, clímax y dinámicas) con el solo especialmente inspirado de Goldberg y el intercambio de ideas entre éste mismo y Redman y siguieron otros temas del disco como Balance, Twilight and ... beyond (una especie de balada donde la redondez sonorística quedó patente), Stoic revolutions (con el saxo alto) y Suspended emanations, todos ellos compuestos por el saxofonista.Sus compañeros estuvieron correctos –a pesar de no estar tan bien sonorizados como el líder- destacando el trabajo de Goldberg y Hutchinson. Se lo pasaron en grande. Goldberg es un pianista a descubrir que, en los próximos años, dará que hablar. No obstante, en el cuarteto aparece un poco tímido (es un personaje realmente humilde) y sobrepasado por el líder. A destacar sus líneas paralelas y su discurso cromático, con especial interés en la articulación. De Omer Avital (otro fuera de serie) esta vez hay que decir que no estaba en sus mejores momentos, pero estuvo atento a todo lo que se cocía. Hay que ver qué par de orejas tiene, siempre dispuesto a seguir los juegos rítmicos de los otros miembros del trio y muy atento al discurso de Goldberg (con el que tienen formado el trío OAM).Y Redman estuvo impecable en todos los terrenos. Imaginativo, perfecto en el sonido -perdonen si soy pesado, fue así-, sin concesiones, llegando a todas partes, dando juego a sus colegas -aunque no pudo evitar eclipsarlos y ocupar la atención la mayor parte del tiempo-, sin aturdir al personal, dejando la sensación de maestría aplicada al servicio de la música. Como decíamos, utilizó los tres saxos -con preferencia por el tenor-, sacando un gran provecho de los tres (hay que ver cómo ha madurado su sonido con el alto y cómo ha dejado de lado el sonido nasal de su soprano, ambos sonaron muy bonitos) y, ayudado por una gran sonorización (micrófonos inalámbricos para cada uno de sus instrumentos), se hizo suyo el Palau de la Música. En los standards, salió el Redman más tradicional, con una aproximación más clásica al desarrollo de sus solos (a pesar de salirse de toda ortodoxia en el blues final) y, en los demás temas cabe subrayar, otra vez, su paciencia a la hora de alcanzar los clímax –cosa que demuestra su grado de maduración-, su poco abuso de las notas sobreagudas (de las que tiene un gran dominio).En conclusión, una velada que se hizo corta, un público entregado (no cabía un alfiler en el Palau) y, sobretodo, un personaje ocupando el escenario a lo grande. Si alguna vez hubo escepticismo sobre dónde podía llegar este hombre, váyanse preparando porque el viaje ha comenzado, Joshua Redman ha emprendido su particular vuelo.

Comentarios

Para escribir un comentario debes identificarte o registrarte.