España - Madrid

Dos 'terceras' vienesas por la 'otra' orquesta de Berlín

Judith Ortega

martes, 14 de noviembre de 2000
Madrid, martes, 7 de noviembre de 2000. Auditorio Nacional de Madrid. W. A. Mozart: Obertura de "Las bodas de Fígaro"; F. Schubert: "Sinfonía nº 3 en Re mayor", D. 200; J. A. Bruckner: "Sinfonía nº 3 en Re menor". Berliner Symphoniker. Director: Lior Shambadal. Ciclo de Promúsica 2000. Asistencia: 95 %.
Con este primer concierto ofrecido por la Berliner Symphoniker dirigida por Lior Shambadal, se inauguró la sexta temporada de ProMúsica dedicada al mundo sinfónico, uno de los muchos ciclos de estas características que acoge el Auditorio Nacional de Madrid. Para comenzar esta sexta temporada se ofrecieron obras clásicas del género, interpretadas por una de las varias orquestas que existen en Berlín, ciudad que pasa por un momento muy convulso por la reorganización de sus tradicionales instituciones musicales.Comenzó el concierto con la excelente obertura de Las bodas de Fígaro, que sonó chispeante, dinámica y muy simpática, en contraste con la siguiente obra de la primera parte, la Tercera Sinfonía de Schubert. Esta obra resultó menos interesante, aunque la interpretación fue correcta resultó falta de hondura y algo sosa.La segunda parte, ya más avanzado el arte musical del siglo XIX, estuvo dedicada al sinfonismo de Bruckner, de la que nos ofrecieron también su Tercera Sinfonía, conocida como "Sinfonía Wagner", lo que sirve como identificador de lo escrito por el autor. En este momento la orquesta salió al completo con todos sus integrantes (en percusión y viento metal), y se entregó con una mayor intensidad a este autor, creando una atmósfera más profunda, tensa, contrastante en sus momentos líricos y dramáticos y destacados matices con los que enriquecían esta gran obra. Resultó especialmente sugerente el segundo tiempo con timbres diversos y una mayor recreación en los tempos. Al final, la orquesta, con su mayor potencia sonó de modo apoteósico, para alegría y celebración del público.Evidentemente el trabajo del director titular que ya cuenta tres años al frente de la orquesta, permite una fuerte identificación con los músicos que no es tan frecuente presenciar. Sin embargo, a pesar de su gran ejecución, muy correcta, pulcra y contenida, podemos decir que faltó esa chispa, ese algo especial, distinto y genial que diferencia una orquesta de otra, que la hace destacar, fundamentalmente en un repertorio muy conocido e interpretado y que debe presentar un interés adicional para volverse a escuchar.El sexto ciclo sinfónico Promúsica 2000 está compuesto de 10 conciertos , programa básicamente obras de repertorio, y aspira a distinguirse por ello a la hora de seducir al público, que ayer, en su inauguración casi llenaba el Auditorio Nacional.

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