España - Cataluña

¿Viaje estelar o paseo lunar?. Recital del Terence Blanchard Sextet.

Antonio Mª Iglesias

viernes, 17 de noviembre de 2000
Barcelona, miércoles, 8 de noviembre de 2000. Sala Luz de Gas. Terence Blanchard Sextet. Terence Blanchard: trompeta. Aaron Fletcher: saxo alto. Brice Winston: saxo tenor. Edward Simon: piano. Derek Nievergeit: contrabajo. Eric Harland: batería. Festival Internacional de Jazz de Barcelona.
El trompetista de New Orleans Terence Blanchard, entre música para films y televisión, tuvo tiempo de pasar por Barcelona a presentar su último disco, Wandering moon, lanzado este mismo Febrero, en el que se rodea de músicos como Branford Marsalis, Dave Holland y la gente que le acompañó en el concierto.Noche más bien desangelada la vivida ese día en la sala Luz de Gas, con una buena entrada y un cartel de lujo, pero con una floja actuación del grupo liderado por Blanchard. Sin ganas de generalizar y hacer patente que una opinión subjetiva lleve a pensar que a nadie le gustó lo que vio y escuchó, cabe comentar algunos aspectos que, seguramente, muchos no pasaron por alto.El Terence Blanchard Sextet ofreció un espectáculo decepcionante en virtud de lo que, presumiblemente, se podría esperar de un músico de la talla de su líder. No sólo estábamos delante de uno de los conciertos estrella del Festival (como mínimo sí era uno de los más caros), sino que, además, dio la impresión que a su líder ni le iba ni le venía la magnitud del evento. Y la magnitud del evento no sólo se mide, generalmente, por el aforo, la audiencia, la importancia de una ciudad, la grandeza de un Festival o la clase de gente para el que se realiza. El grupo se limitó a tocar durante el tiempo que -seguramente- tenía estipulado y, a pesar de la insistencia del público -que quiso más, claro-, se marchó con un saludo respetuoso dando por finalizada la velada. Esto no gustó.El currículum de Terence Blanchard es impresionante -seguramente su nivel trompetístico es de los que hacen afición, con un sonido muy vistoso, elegante, preciso- y vino con un grupo de gente muy competente, músicos de alto nivel, demostrando cada uno de ellos su gran técnica y, algunos, su propia personalidad. No se puede decir que nadie tocase mal, que sus ganas fueran menos de las normales para músicos profesionales: simplemente pareció que el espíritu de la música se hubiera olvidado de pasar por allí aquella noche.El formato del concierto fue muy simple: temas propios con melodías más bien cortas y con no demasiadas florituras arreglísticas (la utilización de los recursos que pueden dar los tres instrumentos de viento sonando a la vez fue más bien escasa -trompeta, saxo tenor, saxo alto-), y desarrollos muy largos, con muchos y muy largos solos. Un solo de saxo, por ejemplo, solo de piano -en casi todos los temas-, solo de trompeta, posiblemente algo de interacción con el batería, vuelta al tema i final. A mitad de concierto, la típica balada en que se luce el líder (en este caso I thought about you de Mercer y Van Heusen, también incluida en el álbum), un tema para finalizar y el correspondiente bis. Total: cinco o seis temas y una hora y cuarto siendo generosos.Lo que sucedió, en general, fue que el desarrollo de los temas, en los solos, sonó un poco plano, como si la capacidad de decir cosas fuera limitada, como si las demostraciones técnicas primaran por encima del material temático y desarrollo posteriores. Si hacer música ya es un milagro de por sí, hacer sonar los instrumentos se puede catalogar de virtud propia de gente dedicada, también es normal que, dados los mínimos exigibles, el público desease un poco más. A lo mejor, algo más de actitud, algo más de música.De los músicos presentados por Blanchard hay que destacar las ganas, la pasión y el saber hacer de un joven talento llamado Eric Harland a la batería. Muy sutil y a la vez explosivo (fue el protagonista de la noche, era su cumpleaños y así nos lo hicieron saber los componentes del grupo), supo estar siempre ahí, como referencia básica del conjunto. Este hombre dará que hablar.El virtuosismo del pianista Edward Simon -venezolano muy allegado a Blanchard, que le dedica el tema Simplemente Simon en el disco- queda fuera de toda duda. Con episodios de buen gusto, seguramente su factor técnico quedó un poco por encima de otros criterios estilísticos y, a ratos, sus solos fueron poco inspirados. Brice Winston, el saxo tenor, es un joven talento con un lenguaje super moderno, salió un poco alocado al principio, más afincado a medida que avanzó el concierto. Su sonido es bonito, hace sonar bien el saxo, teje líneas que suenan bastante personales pero a veces su pasión le traiciona. Es un valor a seguir. Aaron Fletcher (talento de sólo 20 años) tocó poco pero bien. Con un sonido muy cerca de Kenny Garrett pero mucho más be-bop (las comparaciones siempre son odiosas), se encargó del solo inicial del concierto y tuvo pocas oportunidades más de lucirse.A Terence Blanchard lo vimos un poco auto-indulgente, como si le costase aproximarse a la trompeta (siempre partiendo de la base de que es un gran músico), con dificultades para el fraseo demasiado prolongado y no muy lúcido, falto de ideas concretas, poco fresco. Sus solos estuvieron allí de una forma políticamente correcta, pero sin mucho más. Posiblemente, más preocupado de su carrera como compositor de música de películas que de hacer una gira como un grande del jazz.

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