España - Aragón

Dos pianos y un destino: la 'esencia española'

Isaac Lahoza

viernes, 17 de noviembre de 2000
Zaragoza, lunes, 13 de noviembre de 2000. Auditorio de Zaragoza. Sala Mozart. Obras de Antonio Soler: ‘Concierto para dos teclados en do mayor’, ‘Concierto para dos teclados en la menor’, ‘Sonata en re menor’, S. R. 117, ‘Sonata en do menor’, S. R. 100, ‘Sonata en re bemol mayor’, S. R. 88, ‘Concierto para dos teclados en sol mayor’; Domenico Scarlatti: ‘Sonata en mi mayor’, K.162, ‘Sonata en fa menor’, K. 183, ‘Sonata en fa menor’, K. 386; Ravel: ‘Bolero’ (versión para dos pianos), ‘Rapsodia española’(versión para dos pianos). Christian Zacharias y Marie-Luise Hinrichs, pianos. Ciclo de la Sociedad Filarmónica de Zaragoza. Aforo: 1992 localidades. Asistencia: 55%
Un lujo. Así se debe considerar esta propuesta de Zacharias y Hinrichs. El porqué se basa en dos grandes aspectos: un repertorio precioso y atrevido y una magnífica interpretación. Siempre son muy bien recibidas las nuevas revisiones de compositores archiprogramados ya que llenan de frescura el panorama musical -acharias, por ejemplo, especialmente inclinado por los clásicos como Mozart o Beethoven, se encuentra entre aquellos músicos que transgreden lo considerado tradición y tanto en su faceta de intérprete como de director se acerca a procesos experimentales y novedosos- pero, sin duda, causa una gratísima satisfacción la programación de repertorios como el que nos ocupa, en el que se proponen nuevos nombres y nuevos lenguajes musicales.Domenico Scarlatti y el padre Soler son dos compositores del clasicismo español, ambos vinculados con la Corte. El primero, hijo del famoso Alessandro Scarlatti, estuvo constantemente apoyado por Maria Bárbara de Braganza, esposa de Fernando VI y el segundo estuvo especialmente vinculado al infante Gabriel, hijo de Carlos III, cuyo mayor mérito fue el impulsar el cultivo de la música de cámara y, como consecuencia, propiciar composiciones del padre Soler para esta causa. Mucho se ha hablado de la influencia de Scarlatti sobre Soler, si éste es discípulo del napolitano o no, o si hay composiciones de Soler atribuidas a Scarlatti. Lo que sí es verdad que ambos coincidieron en el espacio, tiempo y circunstancias y, que, desde luego, estuvieron en contacto. La grandeza de este repertorio reside en la personalidad del lenguaje compositivo de Scarlatti, una vía musical que no transcendió en Europa y la conexión idiomática que se ha querido observar en la obra de Soler, único repertorio que de alguna manera se vincula a esta originalidad 'scarlatiana' nque inmerso ya en una estética más universal. El hecho de programar a ambos juntos y con este protagonismo no sólo es un acierto sino un regalo poco habitual.Y la dificultad de observar este regalo musical con asiduidad se acentúa después de escuchar la interpretación de la Hinrichs y Zacharias. Tanto en las obras a dos pianos como en sus propuestas individuales mostraron solvencia, profesionalidad, trabajo, inmejorable técnica e increíble transmisión expresiva. Un piano se prolongó sonoramente con el otro y ambos se hicieron uno en articulación, velocidad, carácter virtuosista y equilibrio dinámico. Aunque son composiciones creadas bajo teclados muy diferentes tecnológicamente no dudaron, estos músicos, en utilizar todas las posibilidades del piano actual pero sin caer nunca en una interpretación romántica sino que siempre se conservó el talante de la esencia del clasicismo conservando un difícil equilibrio dinámico en cada graduación del volumen sonoro y combinando esto con una articulación ligera y precisa que supo conservar la esencia compositiva de cada obra. El resultado, un sorprendente sonido clásico lleno de fuerza, vitalidad, expresión y equilibrio.Ravel, que a priori, y obviando la conexión hispana con los otros dos compositores, parecía desubicado por su lejanía temporal y estilística, resultó ser el perfecto contrapunto al programa. Zacharias y Hinrichs mostraron todas sus virtudes interpretativas en las obras del compositor vasco. Arregladas para dos pianos, lograron propuestas bellísimas consiguiendo una riqueza sonora que hizo olvidar las versiones orquestales, imbuyendo al público en el deleite de estas composiciones. Desde una perspectiva estética y musical diferente, la música de Ravel inserta entre la de los compositores españoles del clasicismo sirvió para identificar a los tres en su relación hispana y en su empaque creativo.En definitiva, y como dice Zacharias, "este repertorio es un homenaje a la música española". En él toman el protagonismo dos compositores, quizás, demasiado olvidados, que demuestran al lado de una figura consagrada como Ravel y de mano de unos magníficos intérpretes, como son estos alemanes, que tienen mucho que decir y aportar al entorno musical actual y así, también, lo reconoció el público asistente a la sala que aplaudió calurosamente el concierto. Al final quedó la sensación que dejan los buenos perfumes: un olor agradable, este caso de esencia española, que perduró a lo largo de toda la noche y que fue creando un atractivo ambiente que nunca llegó a saturar.

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