Novedades bibliográficas

Música y cultura urbana en la edad moderna

Andrea Bombi, Juan J Carreras y Miguel Á. Marín

lunes, 6 de febrero de 2006

Las contribuciones recogidas en este volumen -presentadas en el congreso “Música y cultura urbana en la Edad moderna” celebrado en mayo de 2000 en la Universitat de València- se insertan todas ellas en la encrucijada interdisciplinar que define el enfoque urbano de la musicología histórica. Enfoque éste que podría entenderse como un acercamiento interesado en la interpretación de la música en el espacio físico, simbólico, social y cultural de la ciudad. En buena medida, más que como una radical novedad, la perspectiva urbana debe entenderse como una cuestión de énfasis: a partir de los planteamientos de una historiografía que comenzó con el estudio de los repertorios y la reconstrucción biográfica de los compositores en su contexto institucional (además de la vieja tradición historiográfica de estudios de lo local), la llamada “musicología urbana” desarrolla y problematiza la reconstrucción del complejo entramado de relaciones que subyace en las diversas prácticas musicales ciudadanas.

El contenido de este libro1 se ha estructurado en cinco grandes secciones, dedicadas respectivamente a las metodologías y tradiciones historiográficas (I), la historia social del músico urbano (II), la ciudad americana (III), los rituales cívicos (IV), y los medios de transmisión y representación de la música en la ciudad (V). Los catorce textos seleccionados entre los materiales presentados en el congreso constituyen el grueso de las aportaciones y se complementan con otras cuatro contribuciones nuevas de Carreras, Olson, Knighton y Rose. Como no podía ser de otra forma en un ámbito como el cultural -transversal por definición-, las agrupaciones que articulan el volumen no deben entenderse como categorías estancas, sino simplemente como una ordenación que permite, por un lado, subrayar las acentuaciones metodológicas que en nuestra opinión definen tendencias generales relevantes en este campo, y, por otro lado, resultar útiles en el actual contexto hispano de nuestra disciplina.

Como introducción al conjunto de reflexiones y propuestas de todo el volumen, el artículo de Juan José Carreras ofrece un esbozo orientativo de los diversos discursos elaborados por la musicología histórica en torno a la relación entre música y ciudad. La selección de cuatro aspectos significativos en el recorrido de la musicología en relación con lo urbano combina una perspectiva diacrónica y arqueológica (de la Ilustración a la erudición historicista del siglo XIX) con aspectos temáticos y disciplinares (los estudios locales catedralicios en España y las investigaciones de la sociología y de la historia social de la música en relación con los ministriles urbanos). Todo ello -además de suponer una posible agenda para la musicología española- permite señalar la rica y compleja imbricación de los modelos interpretativos urbanos con muy diversas tradiciones y contextos historiográficos, a la vez que plantea la posibilidad de lecturas críticas que respondan a los desafíos de la postmodernidad.

Desde esa postmodernidad, el ensayo de Tim Carter proporciona un excelente punto de partida para comprender la tradición anglosajona de los estudios urbanos del Renacimiento y aproximarse así a una parte importante de las aportaciones de este volumen. En primer lugar, se parte de un balance crítico de la historiografía de los años ochenta en los que la musicología inglesa y estadounidense produjo un grupo de importantes monografías dedicadas a la música en ciudades concretas que cuestionaron la clásica indagación del binomio autor - obras. En el paso siguiente, se analizan las consecuencias de esta tradición en su fijación por centros clásicos de patronazgo como las cortes italianas, concluyendo que, en realidad, no acabaron de abordar una reconstrucción de la música en su dimensión propiamente urbana. Es precisamente en esta dimensión donde Carter individua los instrumentos para una posible hermenéutica del hecho musical, señalando un camino en buena medida aún por recorrer.

Dos de los planteamientos más relevantes de la musicología urbana -la visualización en mapas de los territorios de actuación de músicos e instituciones y la precisa descripción de acontecimientos específicos- aparecen en diversas contribuciones. Así, el denso ensayo de Burgess y Wathey que abre la segunda parte muestra cómo el resultado de los estudios sobre un siglo fundamental en la historia de la música eclesiástica inglesa cristaliza en una masa de documentación y reflexiones que exige una revisión en profundidad de las reconstrucciones aceptadas. Una revisión crítica que, en este caso, afecta a dos de las categorías fundamentales de las narrativas musicológicas tradicionales como son las capillas musicales y la propia naturaleza del repertorio. Desde la referencia inicial a la historiografía revisionista sobre la reforma anglicana, queda claro el empeño de los autores por cuestionar una interpretación constitucionalista de las grandes instituciones religiosas tan rígida en el fondo como los muros de los venerables edificios que las hospedaban. Estas instituciones aparecen aquí problematizadas y flexibilizadas, enriqueciéndose su perfil mediante la reconstrucción minuciosa de las redes de compromisos, relaciones e influencias que vinculaban a sus miembros a diferentes obediencias y dinámicas organizativas, reflejadas precisamente en el mapa del paisaje musical, que se convierte en tropo privilegiado de este discurso. Este sofisticado modelo -elaborado en un contexto tan particular como el de la historia de la música inglesa del siglo XV- puede ser contrastado con provecho con los otros tres estudios incluidos en esta sección, cuyo indudable interés radica tanto en términos de historia local (la información acerca de los diferentes centros y épocas estudiados) como en los propios acercamientos metodológicos (más cercanos a la historia social tradicional en el caso de Ruiz, más a la antropología histórica en los de Peters y Marín).

Rompiendo con la óptica eurocentrista, la perspectiva americana aporta una visión distinta de las relaciones entre ciudad y música. Los artículos de Baker y Waisman descubren usos y formas de agregación social que sólo en una primera aproximación parecen reflejar pasivamente sus modelos europeos. De hecho, al resaltar la relevancia de las asociaciones laicas en la vida profesional de los músicos eclesiásticos, Baker desvela también la pervivencia de formas de organización social anteriores a la colonización de una importancia fundamental en la vida musical del Cuzco, hasta el punto de constituir una alternativa al discurso colonial en la posterior decadencia urbana de ese centro. Análogamente, en el momento mismo en que describe ceremonias en apariencia calcadas de las de la metrópoli, Waisman observa cómo la música resulta ser un componente más de un proceso de “civilización” de las poblaciones indias, civilización que, etimológicamente, coincidiría con una urbanización que por fuerza implicó desarraigo y opresión. De vuelta de las Américas, la musicología urbana trae así consigo el problema del reconocimiento del otro.

La recurrencia a lo largo del volumen de términos como “imagen”, “espacio”, “teatro”, “escenario” o “representación” señala cómo en el marco urbano el énfasis tiende a desplazarse de los individuos a las comunidades que ocupan y moldean -física y acústicamente- el espacio en prácticas cívicas que son al mismo tiempo afirmaciones de identidad en el marco de la ciudad. Desde este punto de vista, las secciones segunda (dedicada a los músicos) y cuarta (centrada en el ritual y la fiesta) prestan una atención diferenciada a la práctica musical: si aquélla se centra en la producción de la música, esta última lo hace en su interpretación y recepción. Esta relación entre ritual urbano y prácticas musicales constituye el interés inicial de la contribución de Iain Fenlon, que propone literalmente un recorrido por la Venecia renacentista. Se reconstruyen así, desde la óptica del antropólogo cultural, aquellos espacios públicos en los que se desplegaba una parte sustancial de la producción musical. A su vez, este itinerario urbano implica una elaboración conceptual de los significados que se construyen en esos espacios, en los que la música está presente. Los distintos ensayos de este aparatado despliegan un abanico en el que el peso relativo de las estructuras sociales, la hermenéutica antropológica y la integración interdisciplinar dependen en cada caso de la propia naturaleza del objeto estudiado, del mayor o menor desarrollo de la investigación y de los intereses del propio investigador o investigadora. Se presentan así trabajos que parten de un amplio enfoque (la Palermo barroca de Tedesco; las calles y plazas salmantinas de García; las valencianas de Olson; las fiestas particulares del Madrid de Felipe IV de del Río), junto a otros que limitan el asunto de su investigación a celebraciones y aspectos concretos (el Corpus en el artículo de Ramos; las exequias reales en el Alto Aragón de Flores).

La relación entre la ciudad y los medios de transmisión y representación de la música a través de la escritura cierra el índice de este volumen ofreciendo una perspectiva de gran actualidad. Como es sabido, el giro cultural de las disciplinas históricas desde los años ochenta ha tenido en el ámbito de la historia material del libro y de las prácticas lectoras uno de sus campos de referencia. Los diversos medios de reproducción manual o mecánica de textos e imágenes -desarrollados en el ámbito urbano desde época medieval- se han revelado en estas aproximaciones como una realidad mucho más compleja y significativa que lo que la antigua concepción de la escritura como mera transmisora de contenidos permitía sospechar. Ello se aplica también a la música, a su representación y a la variedad histórica de sus prácticas culturales específicas (escriturarias, performativas, auditivas). En la contribución de Rose -la única dedicada a la cultura musical protestante (dejando a un lado el particular caso anglicano)-, se parte del modelo organizativo de la ciudad luterana, caracterizado por una fuerte integración de la música en el gobierno de la ciudad, para mostrar cómo la economía cultural de la ciudad halla en la imprenta un factor decisivo en su configuración y representación. Entroncando con la tradición humanista, la música se manifiesta como código privilegiado de comunicación y representación entre los miembros de las élites urbanas y como factor crucial en las estrategias comerciales de los impresores. Ello puede observarse en los diversos testimonios que remiten a las funciones festivas y conmemorativas y que incluyen tanto los libretos que recogen los textos cantados como los impresos que fijan tipográficamente la composición musical.

La consideración del impreso como parte de los sistemas sociales implica una reconsideración de nuestra visión tanto de la topografía social como de los efectos de la circulación de estos objetos en el tejido cultural. En el caso estudiado por Knighton, la distribución y posesión de libros de polifonía en la Zaragoza del siglo XVI y su relación con la copia manuscrita permite una relectura de la cultura musical de uno de los principales centros hispanos de la época. Se plantea aquí de forma implícita la pregunta acerca de las complejas y variadas relaciones entre la transformación del impreso de música en mercancía, la práctica del coleccionismo bibliófilo y las propias prácticas musicales. En el ensayo de Vera, la cuestión inicial planteada es la de la presencia de un repertorio manuscrito profano en una institución monástica madrileña: a través de su estudio paleográfico se reconstruyen una serie de prácticas manuscritas e interpretativas que permiten componer una malla significativa de relaciones en torno a la música estudiada. Una red que implica a copistas, músicos y literatos inmersos en diversos ámbitos institucionales y marcos de sociabilidad (convento, teatro, cámara) del Madrid de la primera mitad del siglo XVII y que permiten avanzar en la consideración del tono humano como género ligado a determinadas prácticas culturales urbanas.

Un libro es siempre el resultado de un esfuerzo colectivo. En este volumen, las prolongadas tareas de traducción y edición han puesto a prueba la paciencia de los autores, a quienes agradecemos su comprensión y apoyo. Las traducciones de Lisa Jane Roberts (Clive Burgess y Andrew Wathey, Tim Carter y Tess Knighton), Laura Volpe (Anna Tedesco) y “Orange Tree” (Geoff Baker, Iain Fenlon, Greta Olson, Gretchen Peters y Stephen Rose) han sido todas ellas revisadas por los editores, que asumen la responsabilidad de su redacción final. Como se recordaba al principio de estas líneas, la parte fundamental de este libro surgió en relación con un congreso internacional que tuvo lugar en Valencia del 26 al 28 de mayo de 2000, en el marco de las celebraciones por el quinto centenario de la fundación de la Universitat de València, y en cuya organización colaboraron generosamente la Universidad de Londres (Royal Holloway), el Institut Valencià de la Música y el Banco Santander Central Hispano. Además de las intervenciones correspondientes a los artículos publicados aquí, sus cuatro sesiones acogieron otra quincena de contribuciones entre ponencias y comunicaciones, todas ellas útiles y enriquecedoras. Queremos expresar nuestra gratitud a los diversos participantes, entre otros, James Amelang, Manuel Carlos de Brito, Dinko Fabris, María Gembero, Giovanni Muto, Emilio Ros-Fàbregas, Álvaro Torrente, Cristina Urchueguía, y a Pedro Ruiz Torres, a la sazón Rector de la Universitat de València, quienes con sus discusiones y trabajos contribuyeron no sólo al éxito del congreso, sino a perfilar el propio concepto de este volumen, que espera ayudar a impulsar una musicología crítica y abierta al diálogo interdisciplinar.

Notas

Andrea Bombi, Juan José Carreras y Miguel Ángel Marín (eds.): "Música y cultura urbana en la edad moderna", Valencia: Universitat de Valéncia, 2005. 1 volumen de 390 páginas. ISBN 84-370-6175-X

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