España - Cataluña

Elias, González y la sala acristalada del Palau

Antonio Mª Iglesias

martes, 21 de noviembre de 2000
Barcelona, viernes, 10 de noviembre de 2000. Palau de la Música Catalana, Eliane Elias trio: Eliane Elias: piano, voz; Scott Colley: contrabajo; Satoshi Takeishi: batería. Jerry Gonzalez & The Fort Apache Band. Jerry Gonzalez: trompeta, fiscornio, congas; Andy Gonzalez: contrabajo; Bill O'Connell: piano; Joe Ford: saxos alto y soprano y Steve Berrios: batería, percusión. Festival Internacional de Jazz de Barcelona.
Se levantó finalmente ese telón de letras blancas sobre fondo violáceo que impregna el Festival de Jazz de Barcelona con el nombre de Calle 54, el film de Fernando Trueba hilo conductor de una serie de conciertos centrados en las figuras de sus intérpretes.Y llegó la noche centrada en la fusión de géneros, cruce de caminos de distintas culturas, en que tanto el trío liderado por la brasileña Eliane Elias como la Fort Apache Band de Jerry Gonzalez demostraron qué se puede hacer con la música partiendo de diferentes tradiciones y estilos.Eliane Elias se presenta casi siempre enfundada en un ajustado modelo de color negro, su cabellera rubia, brazos al descubierto y, siempre, esa mirada coqueta, esa seducción llevada un poco al límite, ese querer agradar al público y ese glamour de 'pianista de jazz'. Hace entrada en el escenario, saluda cortésmente, se sienta delante del piano, se quita sus zapatos con tacón altísimo, los deja a un lado y prepara su actuación: espera a que el público se calle (seguramente de una manera exagerada, un poco hostil) y se pone manos a la obra. Todo un ritual.El trío que presentó Elias fue de máximo nivel. Un gran Scott Colley al contrabajo -este hombre es de los más solicitados dentro del panorama de jazz neoyorquino- y un valor por descubrir en Satoshi Takeishi, batería excepcional y de recursos sutiles. ¿Eliane Elias? Reconocida a todos los niveles por sus interpretaciones de clásicos brasileños y también por su participación en algunas de las movidas de la Nueva York de los ochenta (formó parte del mítico grupo Steps Ahead), su carrera en solitario siempre se ha etiquetado como el de una pianista de fusión entre lo brasileño y el jazz. Salta a la vista: empezó el recital con una versión muy jazzy de Bye bye blackbird -un standard 'de toda la vida'- interpretado con muy buen gusto, fraseo bop, caminatas armónicas, y terminó con un Desafinado pasado por el tamiz de la improvisación, la interacción entre los miembros del trío, como si estuviera en una auténtica jam session.El grueso de su actuación se basó en repertorio brasileño (básicamente temas de Jobim) y composiciones propias. Sonaron también los temas que forman parte de la banda sonora de Calle 54 -como era obligado, pagando tributo y agradeciendo a Trueba la inclusión de su figura en el film- y se cantaron algunas versiones (Caminhos cruzados, por ejemplo).Elias es una pianista que sí, además de tocar bien, canta. En este caso cabe decir que la mujer no estaba en sus mejores condiciones físicas y se limitó a poner voz a dos temas. Fueron suficientes. Los mejores momentos del recital no fueron precisamente estos, sino algunos de los clímax a que se llegó después de exploraciones varias y a las que contribuyó de manera magistral el batería Takeishi, esta vez muy bien sonorizado en lo que respecta a sus platos y címbalos. A destacar, una vez más, la versión que el trío hizo de Desafinado, sin duda lo mejor.Dotada de una técnica bastante exquisita -no diremos que excepcional- y de un fraseo muy próximo a Parker y Bill Evans, lo que aporta Elias tampoco es de una innovación extremada. Hace lo que hace y lo sabe hacer muy bien: si bien no se deben buscar tres pies al gato, lo suyo es de sobra conocido: quien vaya a ver una cantante brasileña o intérprete de bosanovas fáciles y 'de las de siempre' quedará decepcionado; quien busque jazz al más puro estilo del jazz piano trio puede que también .... y quien vaya a disfrutar de un buen concierto con la mente un poco abierta, seguro que no sale de vacío.Jerry Gonzalez & The Fort Apache BandSin lugar a dudas, uno de los protagonistas principales de Calle 54, Jerry Gonzalez (sin acento en USA, con acento para todos nosotros), artista criado en el Bronx, vino con su Fort Apache Band para ofrecer un concierto muy divertido, variado, entretenido y con feeling. Se nota que los componentes del grupo se lo pasan en grande haciendo lo que hacen.Lo suyo es una mezcla rupturista entre los ritmos supuestamente asociados con la región del caribe, lo latino, y el jazz de los 50. Si el repertorio lo conforma un gran despliege de composiciones propias, tampoco se hacen ascos a temas de gente como Thelonious Monk y Miles Davis (sonaron Evidence y Eighty-one). Y es que González está tan apegado al legado de Davis que sólo utiliza la trompeta con su correspondiente sordina, la que hizo famosa Miles en su última época. Con el fiscornio ya es otra cosa: un sonido muy cálido, con un buen dominio de las dinámicas y un fraseo alegre.La Fort Apache Band -que se formó a principios de los 80', ahí es nada- está integrada actualmente por un quinteto liderado por los hermanos González (sus pilares básicos y fundadores), Steve Berrios y Joe Ford. Para el concierto de Barcelona estaba anunciada la presencia de Larry Willis -pianista negro- que nos cambiaron a última hora por la del pianista blanco Bill O'Connell. Algunos, ni se enteraron.Jerry Gonzalez es un tipo que tiene magnetismo. Con gafas oscuras y sombrero de paja, camisa negra y rodeado de 5 congas -ni más ni menos-, asoma el cuerpo de entre tanto instrumento y, acercándose al micro de manera exagerada, toca su trompeta con suma devoción. Ocupa el centro del escenario y de la atención del espectador. Es extraño ver hoy en día un músico que alterne con tanta flexibilidad ambos mundos: la percusión y la melodía. Su hermano Andy se encarga del contrabajo, con sonido amplio, llenando el espacio con temple. Berrios (con acento en la 'i') es el 'loco' del grupo, el que se dedica a cambiar los tempos, a mezclar los ritmos, a introducir variaciones métricas. Hay que seguirle a él si uno no quiere tener líos a la hora de improvisar. Por su parte, Joe Ford parece que está en otra galaxia. Si ya lo conocíamos por su sonoridad rica en matices (su soprano suena como los ángeles), tuvo la mala suerte de estar mal sonorizado (a veces ni se le oía) y parecer que aquello no iba demasiado con él (tampoco le conocemos personalmente!). Su manera de afrontar la improvisación es de las clásicas, un tanto previsible. Si esperábamos mucho de su actuación, los que quisieron ver alguna cosa más en él, quizás, quedaron un poco decepcionados. No obstante, es un músico impecable. Y Bill O'Connell puso la nota técnica desmesurada a todo ese jolgorio musical que son la Apache Band. Es un pianista a quien gustan los acordes llenos (para los entendidos, con sonoridad a 'cuartas' y voicings pentatónicos), y las velocidades de vértigo. Su fraseo es impecable: había que ver cómo hacía sonar el piano que minutos antes había estado en manos de Eliane Elias. Nada que ver.Y es que, para los no iniciados, hay que saber que un piano -el mismo piano- puede sonar de muy distinta manera dependiendo de quien lo toque. Bill O'Connell -aunque sin hacer mucho ruido, pero tocando un montón de notas- fue uno de los triunfadores de la noche.Los temas del grupo se estructuraron básicamente sobre las melodías de saxo y trompeta/fiscornio, cambiando constantemente entre lo latin y el swing. Después, los solos, la improvisación, generalmente empezando Ford ... y una simple mirada entre Berrios y Gonzalez a las congas servía como pretexto para dejar los patrones establecidos y emprender un nuevo rumbo rítmico. Ni una sola presentación de temas, ni de músicos ni de nada ... música en su estado fundamental (al líder le cuesta comunicarse verbalmente con el público), sin parar, pero siempre con un estilo marcadamente personal: es difícil encontrar un cruce de caminos donde los intérpretes dominen tan bien lenguajes tan dispares como el bebop y la música latina.Un concierto divertido, insisto, al que la solemnidad del Palau no le vino grande y del que nos quedaron ganas de ver bastante más. Enhorabuena!

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