Italia

Mitos que caen

Raúl González Arévalo
viernes, 17 de febrero de 2006
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Parma, viernes, 10 de febrero de 2006. Teatro Due, A. Vivaldi: Bajazet (1735). Libretto de Agostino Piovene (revisión de Fabio Biondi). Jordi Domènech (Tamerlano, emperador de los Tártaros), Christian Senn (Bajazet, emperador de los Turcos), Marina De Liso (Asteria, hija de Bajazet), Manuela Custer (Andronico, píncipe griego), Vivica Genaux (Irene, princesa de Trebisonda), Sunhae Im (Idaspe). L’Europa Galante. Fabio Biondi, director y violín solista
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¿Hay una combinación más atractiva que una diva venida de tierras remotas -Alaska en este caso- cantando nada menos que a Farinelli? Vivica Genaux se convirtió en una estrella de la noche a la mañana con un recital dedicado al famoso castrado que hizo furor, y de nuevo ha causado sensación precisamente con la grabación del presente Bajazet, con el mismo conjunto y director presentes en el concierto ofrecido en el Teatro Due de Parma, plataforma antes de partir a Japón para la representación escenificada.

Ya se sabe que hay cantantes de disco y cantantes de verdad, no digo nada nuevo. El problema de convertirse en una estrella imprescindible en acontecimientos de este tipo es que el público, justamente, espera las mismas maravillas presentes en el registro oficial. Las desilusiones comienzan cuando esas expectativas no se ven cumplidas: la Genaux (‘Irene’) posee una voz que calificaría de hueca, de timbre ingrato. Pero no debería ser un inconveniente: ha habido grandes cantantes dotados de voces pobres. El problema es la interpretación: 'Qual guerrier in campo armato' era el caballo de batalla de Farinelli, hirsuta de acrobacias vocales que los allí presentes conocíamos de cabeza en una proporción demasiado importante. Naturalmente el directo no engaña y sólo puedo decir que la decepción fue mayúscula ante las cadencias y los agudos cortos cuando no omitidos, las trampas en una coloratura incluso simplificada, el corto fiato, por no hablar de las extrañas contorsiones faciales para atacar -literalmente- unas agilidades que, en consecuencia, parecían cacareadas, e inventarse unos trinos que de trinos no tienen nada.

Desde el punto de vista exclusivamente canoro 'Sposa son disprezzata” (una de las perlas de la producción vivaldiana) funcionó bastante mejor, pero la escasa articulación de la palabra y la magra penetración en el pathos del personaje la hicieron mecánica, derivando hacia una prestación genérica a la postre.

En una situación actual donde la potente industria discográfica crea gigantes con los pies de barro -y se empeña en ignorar nombres en ocasiones más honestos, cuando no más válidos-, si no se alcanza medianamente el nivel prometido, inevitablemente, los mitos caen.

El contraste fue especialmente fuerte con las demás mezzosopranos del reparto. Comenzando por Manuela Custer que, dicho sea de paso, fue la creadora en tiempos modernos del papel de ‘Irene’ en el Festival de Estambul, invitada por Leyla Gencer. Aunque sólo podemos imaginar lo que habría hecho como princesa de Trebisonda (¡ay! sólo imaginar), regaló un ‘Andrónico’ de voz plena, lleno de sentimiento y sutilezas canoras -bella la coloratura en forte o en piano- en la interpretación más actuada de toda la velada, que alcanzó su punto más alto en la última de las arias ('Spesso tra vaghe rose'), la mejor de su personaje. La intérprete italiana, ya se sabe, es siempre una garantía en este repertorio.

Estupenda también la ‘Asteria’ de Mariana De Liso, voz con cuerpo al servicio de interpretación llena de fuerza -'Stringi le mie catene'-, graves rotundos -un poco entubados-, buena agilidad y dicción perfecta; se lució especialmente en 'La cervetta timidetta'.

Estupendo también el sentido ‘Bajazet’ de Christian Senn, de escritura ambigua -¿barítono-bajo o bajo-barítono?-, gracias a un canto natural y una interpretación sentida -dramático en el arioso 'Verrò crudel, spietato”, despechado en 'Dov’è la figlia?'- que muestran una indudable afinidad con el repertorio barroco, no siempre generoso con las voces graves.

Jordi Domènech (‘Tamerlano’) lo tenía difícil: la presencia de tres mezzos inevitablemente muestra las limitaciones evidentes de la voz de contratenor en materia de espesor vocal y capacidad de coloración; dicho lo cual, y obviando el gusto individual, no cabe duda de que dentro de los de su cuerda es uno de los mejores del panorama actual, canta con sentimiento y obtuvo buenos resultados.

Por último, Sunhae Im (‘Idaspe’) posee una voz muy pequeña, pero dúctil. Técnicamente parecía encontrarse cómoda -su experiencia en el campo de la música barroca es notable- en la dificilísima -y conocidísima en virtud de otro no menos famoso recital vivaldiano- 'Anche il mar par che sommerga'.

Fotografía © 2006 by Marco Caselli Nirmal

L’Europa Galante goza de una de las mejores reputaciones entre las orquestas de instrumentos antiguos. Después de un comienzo incierto con sonidos ácidos y secos, poco empastada e incluso algún sonido desafinado, levantó el vuelo conforme avanzaba el primer acto y terminó regalando momentos auténticamente bellos por los fuertes contrastes y las sutilezas sonoras -el acompañamiento de 'Sposa son disprezzata'- en combinación con otros de abierto virtuosismo que tuvieron en su director y violín solista, Fabio Biondi, el mejor exponente, evidente en 'La cervetta timidetta'. Con un innato sentido del espectáculo, es indudable que pocos como él para hacer llegar esta música genial al público más dispar. No porque jugaran en casa estaba menos justificado el triunfo que obtuvieron, con un público evidentemente satisfecho de la función.

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